viernes, 30 de septiembre de 2011

Por Si Las Dudas

El pasado lunes, en un ataque de nostalgia, mencioné al pasar el modelo agropecuario exportador de hace un siglo, como exposición de los aspectos positivos y negativos de los diversos sistemas económicos que hemos padecido. Como el tema es aburrido y hablar del pasado no da, debería retomar cuestiones más actuales, como el lloriqueo de Boudou para que le aprueben el presupuesto, la coyuntura económica internacional ante la crisis financiera o quién es el turro que asesora a Susana Giménez con el vestuario. 

Pero la situación actual del país no da para hacer demasiado análisis, pero si me resulta interesante destacar algunos datos curiosos, por si las dudas. Argentina es un país en el que se produce un crecimiento sostenido de la economía a índices similares a los del resto del mundo, pero superiores a los demás países latinoamericanos y, supuestamente, sostenido en el tiempo. La política del consumismo como método para incentivar un círculo económico autónomo -y que el mismo no se vea afectado por la crisis económica internacional- lleva a que el sistema bancario financie créditos destinados a las clases menos adineradas, para que estas tengan acceso a bienes que sólo podrían pagar al contado los que tienen con qué.  

Lamentablemente, la crisis internacional lleva a un déficit en la balanza comercial, pero no pasa nada gracias a la inmensa cantidad de ingresos que registra el Estado producto de la financiación del consumo y la exportación de productos agrícolas. En Presidencia dicen que la crisis se enfrentará sin inconvenientes, mientras recalcan cada vez que pueden que Argentina seguirá cumpliendo con sus acreedores, no vaya a ser cosa que la gente se acuerde del default. El gobierno decide adoptar una medida recaudadora extraordinaria, a la que llama "proteccionista" y aumenta los impuestos a los productos importados, y al mismo tiempo, mantiene los impulsos al consumo. Como resultado, acusa superávit gracias a los ingresos fiscales compuestos por impuestos, inflación, exportación agrícola y otras manufacturas derivadas que le dan "valor agregado" a lo producido. 

El ciudadano medio consume en cuotas y aprovecha los dos pesos que le quedan para resguardarse en otra moneda. Por consecuencia lógica, el peso pierde valor mes a mes. Algunos analistas económicos creen que el problema radica en el subsidio a empresas privadas para la generación de dividendos que gozan -precisamente- los privados, sumado a la inflación generada por la emisión de moneda y el crédito al consumo. Otros, no tan diplomáticos, sostienen que somos unos mentirosos patológicos y que lo único que crece en el país es la pobreza estructural, pero con acceso a productos financiados. 

Los altos tributos impuestos a los productos importados llevan a la apertura de fábricas que producen cosas que nadie consumía, por su escasa calidad y exceso de oferta a precios desopilantes, gracias al cierre virtual de las importaciones. Por su parte, el triste sector industrial hace uso de su influencia de escritorio para que el Gobierno decida qué producto se "protege" con un impuesto a la importación o, directamente, con su restricción en el mercado. Ante este panorama, el país entra -un poquito sin querer, otro poco a propósito pero sin mucha publicidad- en un período de convertibilidad monetaria, pero de conversión alta. Al mismo tiempo, el excesivo gasto del Estado en contraposición a sus ingresos, se soluciona con emisión de deuda. 

El principal porcentaje de ingresos tributarios a las arcas del Estado Nacional, lo da el impuesto al consumo, ese que pagan los ricos sin que les haga cosquillas, pero también los pobres, que deben elegir entre un producto u otro para llevar a la mesa familiar. Asimismo, son los sectores más pudientes los principales beneficiados de muchas de las obras de infraestructura financiadas por el Estado, dado que tienen la posibilidad de vivir en la urbe desarrollada.

Este breve resumen de los párrafos anteriores, no habla precisamente de la década progresista en la que estamos parados, sino de lo que los progresistas denominan como período conservador y oligárquico. Efectivamente, son datos económicos del período que algunos llaman de esplendor, otros de abandono a los pobres, agropecuario exportador, oligárquico, genocida y toda la sarasa del asunto. Ante esta evidencia, quiero hacer explícitas mis más sinceras disculpas por haberlos llamado progresistas de cuarta. De ahora en más me limitaré a calificarlos de conservadores oligárquicos. 

Obviamente, no voy a ser tan injusto y voy a marcar una diferencia sustancial, básica y elemental: uno de los dos modelos construyó un país de cero. El gasto público en infraestructura incluyó la construcción de puertos, el tendido ferroviario que los capitales privados no querían explorar ni explotar, edificios públicos, escuelas, facultades y rutas. También nos legaron bancos de desarrollo, competitividad internacional, territorio nacional asegurado, tendido eléctrico, subtes, cloacas, agua corriente, gas, ciudades nuevas -La Plata, entre ellas- modernización de las fuerzas armadas, creación del sistema telegráfico eléctrico nacional e internacional, los primeros observatorios astronómicos, la separación Iglesia-Estado, el Código Civil y la primera ley de accidentes laborales. Digamos que, para ser flor de garcas, tan mal no nos dejaron.



Breves:

Hebe de Bonafini dijo que los que reclaman indemnizaciones, aportes patronales y otras goriladas por el estilo, no son unos esperanzados de la justicia social, sino unos pelotudos. Asimismo, refirió que las Madres ya no tienen un peso, pero llevó esperanzas a sus fieles seguidores al comentarles que proximamente tendrán un canal de televisión propio. La contradicción entre no tener dinero para pagar a los pelotudos y, al mismo tiempo, proyectar una emisora televisiva, se justificaría en que nosotros pagaremos el proyecto y las deudas. En definitiva, entre pelotudos nos entendemos.

Desde la Jefatura de Gobierno porteña, planean la implementación de un aumento en el impuesto de Alumbrado, Barrido y Limpieza que rozaría el prudente y tímido incremento del 300%. Mientras descartan que puedan cumplir con la promesa de inaugurar la estación Flores del Subte A en el mes de septiembre, por cuestiones lógicas que hacen a la correlatividad de la línea espacio-tiempo, afirman que por primera vez los impuestos volveran a una parte del pueblo: "Con este incremento, podremos pagar el aumento de los empleados municipales, que les alcanzará para pagar el aumento impositivo y así cubrimos un círculo precioso", manifestaron desde la cartera que conduce Néstor Grindetti. 

En menos de 48 horas, Cristina reivindicó dos obras iniciadas por la última dictadura militar y se quejó al menos tres veces de los desastres que nos legó Carlos Saúl. Fuentes consultadas afirman que se trataría de una política de agravio-indulgencia rotativa y atemporal. La semana pasada le perdonaron la vida a medio gabinete menemista, esta le tocaba a los militares. Estiman que, próximamente, la primera mandataria dedicará algunas palabras a reivindicar el sistema monopólico de la Casa de Contratación del siglo XVI y otro porcentaje similar al desprecio por el mecanismo perverso de recaudación del Consejo de Indias.



Comunicado n°3 - Premios Bitácoras 2011:

Estamos ganando. Seguimos ganando.


Votar en los Premios Bitacoras.com


Gracias al voto de ustedes, este blog lleva dos semanas en el primer puesto en la clasificación previa de la edición 2011 de los Premios Bitácoras, en el que un jurado internacional de habla hispana, decidirá cuál de los tres primeros clasificados, es el mejor de su categoría. Este, compite por Mejor Blog Periodístico. Asimismo, como en la edición pasada, hacemos campaña conjunta con el amigacho Bugman, quien participa con su sitio en la categoría "Mejor Blog Personal". Las votaciones cierran a fin de mes. No corten boletas. La unidad ante todo, compañeros.


Viernes. Vivir en Argentina podrá ser complicado, peligroso, feo, lindo, horrible o maravilloso, según tu punto de vista. Pero nunca será aburrido.

lunes, 26 de septiembre de 2011

Anotaciones

"Todo modelo económico tiene su parte buena y su parte mala, sus ganadores y sus perdedores". Así, J.R. me refutó, en mi adolescencia, una postura eufórica y recalcitrante en contra de una política económica. Sencillo, barrial, propio de la charla de café, ese maestro de la vida que ya no está entre nosotros puso paños fríos a mi hormonal actitud pétrea frente a la vida. Este fin de semana, mientras coordinaba una marcha para reclamar la despenalización de la tenencia de tomates perita para consumo personal, volvió a mi cabeza esa frase simplona, cuasi conformista, pero me vi imposibilitado de recordar cómo continuaba su exposición tan épica como breve. Tengo en la memoria todos los sentidos, la cocina de ese departamento de arquitectura italiana de principios del siglo pasado, la textura lisa de la mesa Luis XV con una botella de Goyenechea Cabernet y el perfume a madera entremezclado con el humo por un L&M largo. Pero...¿Cómo terminaba esa frase?

En el paroxismo de mi obsesión por recordar las palabras que me quedan en la punta de la lengua, recurrí al buceo casero y me sumergí en libros y apuntes amarillentos por una humedad llamativa, con lo que llegué a la primera conclusión: debo llamar al plomero. Luego de avisarle a la encargada del edificio que tengo una pérdida de agua en la baulera y recibir la correspondiente puteada por ser sábado, me dispuse a la tarea de reconstruir un recuerdo, una frase perdida. No es que fuera una frase cualquiera, si quedó grabada en el rígido del marulo es porque algo quería decir. Entre apuntes varios y ensayos caseros que nunca mostré, llegué a la segunda conclusión: me cuesta entender mi propia letra.

Con la premisa de que la única parte que memorizaba del enunciado de J.R. me serviría para llegar al resultado final, arranqué con los distintos modelos económicos que signaron al país a lo largo de sus años de historia. Para no aburrir, resumiré en una conclusión personal que el devenir cronológico de la historia argentina, me permite afirmar que todo modelo económico-político hegemónico y prolongado sin cambios en el tiempo, genera una ruptura natural que deriva en el perfil antagónico que adopta el modelo que lo sucede. 

Las medidas de corrección al modelo anterior, consisten básicamente en aniquilar cualquier logro obtenido, maquillando la acción como "reparación histórica de sectores postergados", sean estos jornaleros, comerciantes o aristócratas de triple apellido. Al partir de esta base, los representantes del nuevo modelo obtienen una especie de legitimación que no dan las urnas y que se compone de los sucesivos análisis y aglutinamientos entre quienes están a favor y en contra de las medidas adoptadas. Mientras todo esto sucede, perdemos la noción del cómo y el cuándo, y en tan sólo 24 meses, pasamos a discutir sobre cuestiones que nunca supimos en qué momento se nos coló en la realidad.

"Todo modelo tiene sus ganadores y sus perdedores", decía que decía J.R. y yo, en el intento de completarlo, esbocé una teoría berreta de reacción al modelo anterior. Menem era vitoreado e idolatrado a pesar de sus excesos fastuosos y sus laderos convertidos en ricachones, eternamente bronceados y enfundados en Versace. Su modelo de convertibilidad que llevó a Cavallo a las remeras de Maradona y permitió que muchos se sintieran de la crema por pegar una semana en Miami para hacer las mismas boludeces que en San Clemente del Tuyú, tuvo el respaldo de gran parte de la sociedad por muchos factores que hacen a la bonanza económica colectiva, reflejada en acceso a productos que antes eran inconseguibles e impagables. Pero, principalmente, fue la contraposición de la estabilidad económica frente a la hiperinflación cansadora, lo que hizo que el modelo menemista se consolidara y, upalalá, se profundizara con el pasar de los años. 

¿Ganadores? Los ganadores de un modelo se miden en función de sus expectativas a corto y mediano plazo. Todos aspiramos a vivir bien, el tema es qué compone ese "vivir bien" para cada uno. El linyera de mi barrio es feliz con su perro y su carrito de supermercado cargado de bártulos. No le interesa lo material y el afirma que llegó a vivir así porque quiso. Con que alguien escuche sus teorías -no tan- alocadas, siente que ya justificó el día. En la escala aspiracional de los noventa, podría afirmar que los ganadores fueron los que pudieron comprarse Fiat Uno, los que pudieron bancar un mes a la familia en la costa, los que conocieron Disney, los que cargaron dos carritos con 100 pesos todos los meses, los importadores del Todo por $2, los fanáticos de la tecnología, los productores televisivos, las agencias de turismo al extranjero, los que compraron franquicias de cadenas de afuera y los gobernadores que recibieron regalías por la privatización de empresas nacionales, entre otros. 

Por contraposición, podría deducir que los perdedores de primera mano fueron los fabricantes nacionales, los microemprendedores, sectores comerciales que no podían competir con los Todo por $2, los sindicalistas que no tranzaron, los comercios de los barrios linderos a los hipermercados y shoppings, la mano de obra calificada y no tanto que no pudieron ser absorbidos por la apertura económica y terminaron manejando un taxi -en el mejor de los casos- entre otros.

Distinto es lo que pasó a largo plazo, con la profundización del modelo y su continuidad asegurada como promesa de campaña en el gobierno de la Alianza, la cual integraba el FrePaSo que nació de la oposición a las medidas económicas de Menem y, finalmente, se convirtieron en garantes de la continuidad contra Duhalde, que ya entonces demostraba no tener buen ojo para elegir asesores de campaña, y comentaba cada vez que podía que devaluaría si llegaba a la presidencia. Cuando comenzamos a ver pibes revolviendo los contenedores de basura en el incipiente Puerto Madero, ya era demasiado tarde.

Sin embargo, como todo esto me resultaba demasiado reciente como para pensarlo con frialdad, recurrí a otros períodos y me llené de preguntas, más que de certezas. ¿Fue el lock-out patronal el tiro de gracia para Isabelita, o el hartazgo por la subversión permitió que tres impresentables de uniforme consiguieran tamaña aceptación en tan poco tiempo? ¿Fueron intereses antiperonistas los que movieron los hilos de los derrocamientos de Frondizi e Illia, o tuvieron más peso los intereses económicos de algunos sectores? ¿Garpaba salir de farra con Juan Duarte?

Todas las preguntas que podamos imaginar tienen tantas respuestas como la ideología y el ánimo de cada uno de nosotros, pero queda en la intimidad o en el debate futbolero con quien tengamos ganas de atosigar con estos planteos. Sin embargo, son curiosos algunos hechos que arrojan sin piedad los documentos de época. Es así que nos encontramos con proscripciones que no fueron patrimonio del peronismo, mal que le pese al neorevisionismo kirchnerista, y que podemos contabilizar en elecciones anuladas y proscripciones de cuanto candidato radical osara participar de la vida activa política -y no tranzara con la Concordancia- durante la década del ´30. Del mismo modo, los datos económicos de la famosa década infame, tira por tierra cualquier atisbo anti cabecita negra esgrimido por los opositores al peronismo, al dar fe que la corriente migratoria interna "del campo a la ciudad" producto de la incipiente industrialización, no se inició en la década del ´50, sino un par de décadas antes, bajo el espíritu centralista de Justo. 

"Todo modelo económico tiene su parte buena y su parte mala", me arrojaba J.R. entre una nube de tabaco que escapaba de la boquilla con la que sostenía su cigarrillo. Y se convalida al consolidar su reacción al modelo anterior, manifiesto como para perfeccionar mi afirmación mersa de sábado por la tarde, y pienso, automáticamente, en el radicalismo y su esbozo de respeto a la constitución, honorabilidad y reparación histórica de sectores postergados, como causa contra el régimen del Partido Autonomista Nacional. 

Y digo: El PAN, generación del ´80, oligarquía agroganadera o como lo llamemos, ha sufrido el escarnio de la historia por distintos elementos. Generalmente, personas que representan a sectores políticos que han participado en varios golpes de estado contra gobiernos contitucionales y que poseen apellido gallego, tano, judío, irlandés o alemán, centran sus ataques en el fraude antidemocrático y el genocidio de los pueblos originarios. Como reparación histórica, parece que no da entregar el departamento de Junin y Las Heras a los descendientes de los querandíes, pero con quitar a Roca del billete de cien, se dan por satisfechos. 

Es entonces cuando, torpemente, tiro la cuchara del tazón de café y mancho un apunte que, al intentar limpiarlo, me refriega en la cara una anotación de mi puño y letra: "Rasgos negativos del período agropecuario exportador". Leo, entonces, que en aquel momento había señalado la elección a dedo de los candidatos a suceder la presidencia, el sistema neo feudal en las provincias, los gobernadores que van de senadores para volver a presentarse luego mientras dejan a un delfín en el cargo, el armado arbitrario de las listas de senadores y diputados, el dominio territorial mediante punteros que negociaban paz a cambio de empleo público. Vuelvo a mirar el título para dar fe de que realmente leía sobre la Argentina de hace 130 años, compruebo que así era y pienso cuál fue la reacción que permitió ese modelo económico denostado hoy en día, y es entonces que recuerdo algunas eventos que aniquilarían intelectualmente a mucho pseudoprogre que viaja en el colectivo del campo nacional y popular.

"La oligarquía fue el signo político que gobernó el mundo a finales del siglo XIX. Y de todas las oligarquías, nosotros tuvimos la mejorcita", solía decir -palabras más, palabras menos- Juan Perón en sus tardes de rosca a la distancia en las afueras de Madrid. Mejorcita puede referir a muchas cosas. Podría tratarse de la infraestructura productiva, del sistema de educación gratuita y obligatoria, de la organización institucional o de la extensión del territorio nacional. Pero probablemente, en el punto final a la anarquía podríamos hallar, vaya a saber uno, la reacción que permitió consolidar un sistema que adoptó al modelo económico agroexportador, en el que se beneficiaron los terratenientes y se jodieron quienes laburaban la tierra pero que, sin duda, dejó algo sobre lo que pudieron trabajar quienes llegaron como reacción para desplazar a quienes endurecieron el modelo y lo perpetuaron sin cambios.

"Todo modelo económico tiene sus ganadores y sus perdedores", vuelve a decirme J.R. y yo pierdo la paciencia, y no por no tener razón esa junta de palabras, sino por resultarme inacabada y demasiado simple. Si, es cierto, todos los modelos benefician a unos más que a otros. Busco otra respuesta en el presente, y caigo en que no me encuentro entre los beneficiados. Como contraposición, tampoco me encuentro entre los perjudicados directos, dado que mis quejas no son por medidas en contra mío, sino que por rebote me afectan. Quizás, si todos los modelos benefician a algunos y perjudican a otros, el problema, lo encontramos cuando ese modelo beneficia al mismo sector de siempre y, simultáneamente, hace creer al otro extremo de la escala social que todo lo hacen por ellos. En el medio, esa enorme masa multicultural llamada clase media es la que sale perdiendo, sin quererlo y una vez más, con la única certeza de que los platos rotos serán recompuestos con el esfuerzo de sus integrantes, para la tranquilidad de los de arriba y el falso progreso de los de abajo. 

Mientras tanto, seguiremos siendo los únicos esperanzados. Quienes integran el 3% de la cúspide social del país, saben que nada de lo que se decida a nivel político, modificará su estilo de vida. Quienes sobreviven bajo la línea real de la pobreza, saben que nada de lo que se decida a nivel político hará que la generación siguiente viva mejor que ellos. Nosotros, los boludos despreciados por el olvido de nuestros dirigentes -resentidos u olvidadizos hijos de comerciantes o asalariados- somos los únicos que cortamos clavos con el upite, a la espera de que algún iluminado nos tire una soga, así sea por error o por accidente, pero con la triste certeza de no saber cuál será la reacción natural a una postura pétrea prolongada en el tiempo y sus consecuencias. Eso si, para pasar el tiempo y tranquilizarnos, compararemos nuestro pasar con los de otros períodos históricos, ajusticiando con o sin razón a quienes no tienen posibilidad de defenderse, sin ponernos a pensar que lo que hoy somos, lo debemos a una cadena de dos siglos de aciertos y desaciertos.

Ya recuerdo. El humo del tabaco, el perfume a madera, el tinte oscuro del vino, la voz rasposa de J.R., las paredes de antaño...y esa frase. Ahí está, decía algo así: "Todo modelo económico tiene su parte buena y su parte mala, sus ganadores y sus perdedores. Quienes leemos la historia no podemos más que narrarlos y, si tenemos huevos, analizarlos, pero nunca juzgarlos desde nuestro mundo, que ya no es el de aquellos hechos."

Y ahí si, mientras la borra del café toma un color violáceo de cabernet y el aire se impregna del aroma de un L&M que nadie prendió, mi living adopta una arquitectura italiana. Guardo las anotaciones, reacomodo los libros, voy hacia la computadora...



Lunes. Dedicado con todo mi cariño a la memoria de J.R.

viernes, 23 de septiembre de 2011

Discursos y Manifiestos Varios

Para terminar la semana a todo trapo, Cristina habló en la Asamblea General de las Naciones Unidas. Primero se quejó de que Palestina no integra el concierto de la ONU, por lo que recibió el inmediato aplauso de los palestinos presentes. Después, dijo que Argentina sufrió el flagelo del terrorismo y sin embargo apoya a Palestina, con los que los aplausos cesaron. Finalmente, dijo que si no le permiten el ingreso al estado de medio oriente, aumentará la inseguridad internacional. Los palestinos le agradecieron y le pidieron que no los ayudara más, pero la Presi ya estaba con otras cosas más importantes, como contar la historia del Consejo de Seguridad a los integrantes del mismo y mostrarles, a todos los presentes, las cifras de la economía argentina. La numeróloga oficial del modelo hizo hincapié en los índices de pobreza y de indigencia de no más de un dígito, para la sorpresa de unos y carcajadas de cualquier ciudadano del mundo que haya pisado suelo argentino en los últimos años. 

Tuvo tiempo para bastardear, una vez más -y van- la gesta de Malvinas de 1982, al considerar que "los Argentinos también fuimos víctimas de esa dictadura terrible", con lo que no quedó claro si está enojada, exigente, o con ánimos de disculpas hacia el Reino Unido por el sufrimiento que debieron padecer por culpa de unas Fuerzas Armadas que, no por haber sido comandadas por un gobierno de facto, dejan de ser los partícipes del único hito militar del que nos podemos enorgullecer los argentinos en todo el siglo XX. 

Por otro lado, Cristina también exigió la reformulación de los organismos multilaterales de crédito y culpó a las calificadoras de riesgo por muchas de las crisis que han atravesado varios países, incluso Argentina, por lo que el eslogan "nosotros o volvemos a 2001" ya no sería tan copado. Luego se quejó de la falta de reglas claras para la transferencia de capitales y la especulación financiera, y terminó regañándolos por no haberla tomado de ejemplo para salir adelante en las crisis económicas del primer mundo.

Después de quedar como una genia, ídola e imagen de quienes llevan su nombre como bandera hacia la victoria de un Estado justo, libre, soberano y subsidiado, se reunió con la jefa del FMI, quien le recordó que también haría falta un Estado sincero, le preguntó si le quedaban bien los zapatitos que compró con su patrimonio enriquecido, en gran parte, gracias a las especulaciones financieras en la compra de dólares de don Néstor, y terminó pidiéndole que no se haga los rulos, que si los números de los organismos internacionales no coinciden con los argentinos se debe a que los datos del Indec son menos creíbles que el compromiso nacional y popular de Amado Boudou.

De este lado del planeta, quienes realizamos apuestas sobre la posible fecha de la futura traición de Felipe Solá, nos pasamos la semana buscando los cuadernitos donde anotamos los números. Perdí, yo creí que pegaba el salto después de las elecciones. Evidentemente, Felipe mejora día a día su perfil de traidor consuetudinario en la búsqueda de la traición final, perfecta, inigualable. Calculamos que está cerca: con dos o tres elecciones más y alguna crisis sectorial de por medio, será capaz de firmar un acuerdo con Altamira para crear el Peronismo Trosco Antiperonista, mientras putea a los zurdos por utópicos inmaduros y coquetea con el radicalismo para luego culpar al Partido Obrero y la Sinarquía Internacional de no haber comprendido las maravillas del modelo kirchnerista. 



Gentileza CGL
El compañerazo Julio Piumato empapeló la Ciudad de Buenos Aires con estos hermosos afiches en nombre de los empleados -agremiados- del Poder Judicial de la Nación. Al ver la satisfacción que tienen con la justicia  los padres aislados de sus hijos, las mujeres violentadas en todas su formas, las miles de víctimas de delitos ultrajantes e impunes y las pocas ganas que tiene la Anses de cumplir con los fallos judiciales que obligan a pagar a los viejos antes que se mueran, damos por sentado que el dinero para los afiches no salió de los fondos del gremio judicial, sino que fueron pagados por la Fundación Madres de Plaza de Mayo, Ricardo Jaime, Eugenio Zaffaroni, Carlos Menem, Emir Yoma, los contadores de la Presi, Sergio Uberti, Felisa Micelli, Hugo Moyano, Norberto Oyarbide, la bonaerense de Casal y la federal de Nilda.



Agradecimiento:

Publicado el primer resultado parcial de la clasificación para la final de los Premios Bitácoras 2011, tengo el enorme agrado de informarles que este blog se encuentra primero. Si bien es cierto que falta mucho tiempo, la alegría del primer dato es reconfortante. Muchísimas gracias, gente. 

Si aún no votaste, o tenés a una novia quisquillosa que se abrió una cuenta de Twitter sólo para controlar con quién hablás, o una hermana que está muy al pedo de la vida y sólo te manda diapositivas anacrónicas con música new age, o tu vieja solicitó tu amistad en Facebook y no hace más que hacer comentarios vergonzantes en las fotos con tus amigas, aprovechá y hace un dos por uno: sacátelas de encima un rato y mandalas a votar.

Es sencillo: hacés click en la imagen del pie de este post -o en la de arriba a la izquierda de la página- te registras con una cuenta de mail, Facebook o Twitter, elegís los blogs en las categorías que correspondan y enviás tu voto. Si optás por este sitio, recordá que es relatodelpresente.com, y ya no ".blogspot.com", y que junto los votos en la categoría "Mejor Blog Periodístico". Y ya que estás ahí, podés meterle un votito a Los Sin-Logismos de Bugman en la categoría "Mejor Blog Personal". Con Bugman compartimos el gusto de ser los únicos dos blogs argentinos en llegar a la instancia final en los premios de 2009. Y como buenos argentinos, perdimos. Este año esperamos revertir la situación y ganar, aunque sea por cansancio.

Votar en los Premios Bitacoras.com


Viernes. Mejor me pongo a producir que los subsidios no se pagan solos.

miércoles, 21 de septiembre de 2011

Estado Culposo

Una chica de 16 años y su hermano esperan un bondi en La Plata, cuatro pujantes jóvenes del oficio del choreo pretendieron quedarse con la cartera de la chica. El hermano sale en su defensa: termina internado con el estómago perforado. El dueño de un supermercado de La Matanza es asaltado por dos amigos de lo ajeno. Comete la infracción de pretender defenderse y recibe dos tiros en el abdomen. Herido y todo, logró desarmar a uno de los delincuentes, lo mató e hirió a su cómplice. Cuatro familias de Capital aprovecharon el domingo para salir a pasear y les saquearon sus respectivos departamentos. No agarraron a nadie. Un jubilado de Liniers sale del banco después de cobrar un cheque, lo asaltan, le pegan dos tiros y huyen con jugoso botín: 1,700 pesos. Dos delincuentes armados ingresan a la casa de una mujer en Villa Elisa, la fajan a culatazo limpio y le martillan en la cabeza a su hijo de tan sólo 3 años, todo a cambio de unos billetes. 

Todos estos hechos son sólo una selección azarosa y breve de lo acontecido en los últimos cinco días, no más. Algunos fueron planeados, otros fueron al boleo, unos más y otros menos violentos contra la integridad física de las personas, aunque la violencia psicológica y el daño patrimonial se mide con otra vara desde que tenemos que agradecer que al menos salieron con vida, a pesar de las intenciones de los amigos de lo ajeno.

La desgracia con suerte, paroxismo de los conceptos estúpidos, nos lleva a sentirnos agraciados de que nos dejaron con esfinter en flor, tres tiros en el cuerpo, un buraco financiero, en pelotas y arrojados en un zanjón a la vera de la ruta 3. Pero eso sí, con vida. La conservación de la propiedad privada se ha convertido en un concepto materialista a la fuerza, frente al falso altruismo de la resignación boluda de haber sobrevivido a otro asalto. Pretender conservar el fruto del esfuerzo personal no es materialismo. Sin embargo, esto no deja de ser un desenlace lógico del retraimiento del Estado, que nos recuerda que existe sólo a través de la AFIP, los discursitos repetitivos de la Presi y las propagandas institucionales. El Gobierno, que mantiene su aparato gigante gracias a nuestra subsistencia dentro del mundo legal, no ha hecho nada -ni intenciones tiene- de darnos la parte que nos corresponde en esta sociedad constituída para la existencia del país.

Además de mis impuestos, el Estado me cobra para que puedan comprobar que estoy en condiciones de conducir y me cobra para darme un comprobante de que no tengo antecedentes penales para ser presentados ante el mismo Estado. Las arcas públicas, también se nutren del dinero que me sacan por casarme, por divorciarme y hasta me cobran para iniciar cualquier tipo de demanda, incluso contra el propio Estado. Para variar un poco, el Estado me cobra para sacar un documento que acredite mi identidad y otro que me permita viajar al extranjero. Cualquier gobierno de turno entrega o renueva los permisos para la explotación de las rutas del país, por cuyo mantenimiento ya pago en mis impuestos, también. Los pobres patriotas de la administración vial me cobran unas módicas sumas en billetes para deambular por las rutas hechas pomada, mal mantenidas, bacheadas y sin señalizar, pero privatizadas.

Dado que todos tenemos una fábrica de billetes escondida en el cuarto del fondo, el Estado se toma el permiso de sacarme un porcentaje de lo que gano transpirando el ojete todos los santos días, aparte de aplicarme un impuesto a la riqueza por una choza y un karting a pedal que lejos están de hacerme sentir millonario. Me cobran por estacionar en la vía pública, por usar cheques, por no barrer, no alumbrar y no limpiar la vereda de mi casa. Además, pago tributo a la corona por ocupar un pedazo de terreno de su majestad, así como le regalé un porcentaje del valor de mi vivienda y de mi auto al Estado en concepto de nada, como si me hubieran ayudado a comprar mi techo o el tutú. Sin consultarme ni dejarme chance a moratoria alguna, le pago al Estado cada vez que compro alimentos o ropa de productores y fabricantes privados. 

No uso los servicios de salud públicos, dado que tuve medicina paga desde que nací. Fui a colegios privados durante toda mi escolaridad y, si bien hice uso de la universidad pública, los años que trabajé de meritorio en un Juzgado, pagó de sobra el servicio del Estado y hasta me quedó debiendo guita. No se de qué va la televisión digital terrestre y la tarjeta magnética para el transporte público la compré antes que empezaran a regalarlas. Nunca pude sacar pasaje escolar por no usar delantal blanco. No me regalaron una casa y no califico para ningún plan social. Por no estar jubilado, no puedo comprar una computadora a precio diferencial y todos los santos meses me quitan dinero en concepto de aportes jubilatorios de los cuales cobraré, con toda seguridad, el haber mínimo. 

Como todo lo pagado parece que no alcanza para mantener las camperas radiactivas de los uniformados urbanos, uno abona de nuevo el valor de su auto en concepto de seguro contra robo. Si hay una paradoja que se destaque entre las paradojas, es que yo sea un ciudadano que casi no molesta y que para el balance del Estado sólo figuro en ingresos fiscales y cuando necesito de las fuerzas de seguridad, único servicio público que he pretendido utilizar en todos estos años, no funcionan. El monopolio represivo del Estado, base de cualquier territorio organizado administrativamente que pretenda llamarse País, no existe, no está, se nos fue de gira. 

A lo largo de mi vida he pagado dos veces por la educación, por la salud, por la infraestructura vial y por la seguridad social. En cada caso, un pago fue para el fisco, el otro para el que cubría mis necesidades ante la ineficacia del Estado. Debería dar por sentado que si pretendo utilizar la protección policial -salvaguarda de mi integridad física y vigía de mi propiedad privada- debería contar con ella. Pero se ve que el Estado se mal acostumbró y debe suponer que también podría pagar por un servicio de seguridad privada. 

No sería una mala idea, dado que del mismo modo que no puedo usar un hospital por riesgo a entrar con una gripe y salir con una colostomía, bien podría contratar alguna empresa y dejar que los patriotas de azul dediquen el 100% de su tiempo a cuidar los kioscos de los jueces, la recaudación de los funcionarios y las protestas callejeras de quienes se hacen los guapos con la federal de su lado. 

Como van las cosas, no veo que vaya a mejorar el panorama si quienes deberían solucionar el problema, ni siquiera lo reconocen como tal. Funcionarios que se mueven en coches prestados y helicópteros, con custodia hasta para ir al telo, dificilmente puedan saber de la violencia que se respira en la calle. Mucho menos creo que dibujen otra teoría que no sea la de disfrazar de cordero al lobo y ponerlos en el escaño de pobres marginados de la sociedad que merecen nuestra comprensión y ayuda cuando nada hemos hecho para que estén esa situación. Tuve más fe en que le llegara mi inversión al niño somalí que tocaba el piano con las costillas mediante los 0,003 centavos de australes que donaba AOL por cada mail reenviado, a que alguna vez mis impuestos vuelvan en obras, servicios y protección.

Del mismo modo que los casos de inseguridad no son hechos aislados, hay que reconocer que no es el único sector en el que han fracasado por goleada y ya no se pueden desentender del tema ni echarle la culpa a gobiernos anteriores. La generación wachiturra es propiedad intelectual del kirchnerismo. Los adolescentes del felpudo en la cabeza y la ropa diez talles más grande, que iniciaron su escolaridad en los últimos ocho años, son la expresión más palpable de que el "modelo" tiene alguna grietas del tamaño de la quebrada de Humahuaca. Se pueden pintar mil escuelas y construir dos mil más, que si el sistema no funciona, es lo mismo que armar una Chevy preciosa por fuera, con el motor de un Fiat 600, y pretender que corra en el Turismo Carretera. 

Mantener una conversación con estos jóvenes que desconocen la existencia de los verbos, el funcionamiento de las preposiciones y las bondades de los artículos para la gramática castellana, es la pesadilla de cualquier lingüista. Los antropólogos sociales han descubierto recientemente que la expresión "Amigo cigarro", manifiesta el deseo de solicitar un cigarrillo. Lamentablemente, al carecer también de inflexiones al hablar, no han logrado discernir cuando un "eh, alto gato zarpado vó" significa una muestra de afecto o una invitación a la riña callejera, en la cual no gana el más fuerte ni el más hábil, sino el que mas amigos tenga presentes al momento, incluyendo las mujeres. 

Algunos van a la escuela, otros no. En ambos casos, el sistema funciona mal. No es una cuestión de incapacidad intelectual, dado que lo que quieren aprender, lo aprenden y bien rápido: no sabrán la diferencia entre un Diputado y un Senador, pero saben como emparejar dos celulares via bluetooth para pasarse las canciones con las que atosigan a los pasajeros en trenes, subtes y colectivos; no tienen idea de cuáles son sus obligaciones, pero sus derechos los conocen a la perfección. Sus ambiciones no pasan por ser profesionales, a pesar de que la educación es gratarola. El esfuerzo ocurrirá sólo para cubrir la necesidad básica inmediata, siempre y cuando el Estado no lo haga por ellos. Es por eso que la escala de valores la tienen invertida y consumen mucho más de lo que pueden: el electrodoméstico se financia, las paredes de material ya vendrán algún día.

Soy de los que sostienen que ningún pibe nace chorro. Descreo de que el hombre nace malo y hay que encarrilarlo. En todos los niveles sociales hay delincuentes, sean de guante blanco, informáticos, a punta de pistola, boqueteros o panelistas de programas de espectáculos. Todos, en algún momento de sus vidas, han sufrido algún evento que les alteró el concepto de esforzarse -o al menos disimular- para conseguir lo que desean. Ahora, explíquenme como hace un pibe para tener ambiciones reales y respeto por el prójimo si crece suponiendo que todo lo va a conseguir sin moverse, si cree que el que tiene más que él "tiene plata" y no que se rompió el lomo para ello, si crece rodeado de marginalidad hacia donde ve y nunca en la vida le conoció un trabajo a su padre. 

Harto de escuchar a intelectualoides afirmar que esto no es culpa del gobierno y no se soluciona con ideas propias de estados totalitarios, sino con inclusión, educación y trabajo, me pregunto cuándo podremos decir que se metan los números del modelo en el medio de las nalgas. Si la desocupación bajó, si la inclusión es maravillosa, si la educación tiene el mejor presupuesto de la historia, si la salud pública es maravillosa, si la economía anda sobre rieles ¿A quién le tiramos la culpa de la inseguridad? ¿A Dios? 

Ocho años han pasado como para acusar a otros gobiernos, que su buena cuota han tenido para llegar a esto, pero que ya no están. Ocho años en los que repartir sin control es sinónimo de Estado de Bienestar. Son tiempos en los que se les asegura un ingreso mensual a los que menos tienen para que tengan algo con qué sostener a sus hijos, pero que no se hace absolutamente nada para que, dentro de diez años, no sea necesaria esa misma asignación. Ocho años en los que se ha librado a su suerte a toda la sociedad en su conjunto para que sobreviva el que pueda.

A esta altura, creo que no es injusto que el Estado nos devuelva el patrimonio sustraído por culpa de la desprotección. Si uno paga para mantener una fuerza de seguridad, un sistema de salud, otro de seguridad social y uno educacional, no pueden hacerse los boludos y suponer que nos tenemos que joder. Si no están dispuestos a hacerse cargo, que nos hagan un gran favor: dejen de sacarnos el 50% de nuestros ingresos anuales en conceptos de impuestos y permitan que nos encarguemos de nuestra seguridad, nuestra educación, nuestra jubilación y nuestra salud. En definitiva, no es nada que no hayamos hecho hasta ahora y ya quedó sobradamente demostrado que tampoco alcanzan nuestros aportes para satisfacer las necesidades de los que menos tienen. 


Miércoles. Llegó la primavera y yo con estas mechas.

lunes, 19 de septiembre de 2011

Demasiado Caliente

Hace poco más de un año, cansado de encontrar el auto destrozado, sin estéreo o roto porque sí, dejé de pagar el seguro al pedo y lo guardé. Mi circuito de movilidad no se vio gravemente modificado ni mucho menos, dado que vivir a escasos metros de una boca de subte tiene sus ventajas, y para el resto, un taxi no genera demasiado gasto, al menos no en comparación al costo del automóvil particular.

Este fin de semana que acaba de terminar, decidí salir a pasear por zona norte. A la hora del regreso pintó hacer una recorrida por el bajo porteño, por lo que pareció una buena idea tomar el tren a Retiro. La idea no resultó tan buena y a la segunda estación dos muchachos pensaron que mi celular es lindo y, sin pedir permiso, intentaron tomarlo como suyo. Sorprendido, hice fuerza sobre el mismo, pero evidentemente no estaban confundidos, querían mi celular. Y así fue que, sin mediar palabra, le pegaron una trompada en la cabeza a mi señora y, como al no medir consecuencias somos todos valientes, me trencé en un juego de manos con los dos muchachos que, lejos de empacharse con el dispositivo de telefonía móvil, también pretendieron la cartera de mi mujer. Y bueno, manos van, manos vienen, dos contra uno, la gente que gritaba pero no se metía y la policía que ni asomaba la gorra. 

Como la cobardía es moneda corriente en estos días y pegarle a una mujer es algo que deben hacer con la borrega con cinco críos que tienen en la casilla construída en la terraza de los padres, dieron por sentado que un elemento cortopunzante los haría más machitos y entraron a darme con una botella rota, para escándalo del resto de los pasajeros y desgracia de mi ya magullada cara. Lamentablemente, la policía llega en el momento justo en que los dos amigos de lo ajeno se tiran del tren. 

Como correr delincuentes ya no debe figurar entre las obligaciones de las fuerzas de seguridad, los gordos comepizzas dieron por sentado que no los alcanzarían y, obviamente, tampoco estaba la tarde como para hacer ejercicios aeróbicos "solo por un celular". La violencia física contra una mujer, en un acto cobarde por intentar amedrentar a la víctima de un robo, no es motivo suficiente para andar jugando al poliladron, y el hecho quedó ahí no más, ahí no más de que me agarre un aneurisma por la bronca.

Mientras mi señora intentaba frenarme las hemorragias con pañuelos descartables, el guarda me informa que en la siguiente estación podrían atenderme. Lamentablemente, la gente de Ferrovías supuso que mantener un servicio médico de guardia era al pedo, así que nos tuvimos que conformar con unas gasas y un frasquito de agua oxigenada que me alcanzó el guarda. Los agentes del orden, lejos de mostrarse sorprendidos, disimular, o al menos justificar el sueldo, se sentaron para hacer tiempo y ser relevados en la siguiente estación. 

Y así fue como un hermoso domingo de paseo familiar, finalizó con mi rostro tajeado, mi celular en manos ajenas, mi mujer golpeada y yo pobre pelotudo argentino que, aunque se plantó de manos sin medir las consecuencias en defensa de la mujer que ama, no daba abasto entre el consuelo a mi pareja, las llamadas para bloquear el teléfono y el recabo de datos para hacer la denuncia, todo mientras buscaba más elementos para secarme la sangre. 

En mi vida hice de todo por la curiosidad de conocer mundos que me son ajenos por cuestiones de entorno social. Viajé a colaborar con escuelas de frontera en el noroeste argentino, permanecí noches enteras en estaciones de tren por el sólo hecho de conocer profundamente a quienes trabajan cuando todos duermen, ayudé en comedores comunitarios, participé de jornadas en centros de rehabilitación, toqué la guitarra en el subte junto con un flaco que vive de eso, visité manicomios, asesoré jurídicamente a personas de bajos recursos, estuve en manifestaciones que no me representaban y hasta participé de un libro sobre políticas carcelarias, entre cientos de cosas que en este momento no consigo recordar. 

Sin embargo, nada me marcó más que haber trabajado en la justicia penal del conurbano bonaerense. Ni siquiera quien viva en el conurbano puede medir la crueldad y la bajeza de las acciones que el ser humano puede llegar a realizar. He visto cosas inenarrables, he presenciado situaciones inexplicables y he sido testigo de hechos difíciles de digerir. Y no me refiero al caso de algunos psicópatas o alienados que siempre existieron, sino a lo destruído que se encuentra el ejido social en lugares donde la delincuencia no es un factor social indeseable, sino un rasgo cultural bien visto, una forma de vida.

Hace unos catorce años, a León Arslanián se le encargó una reforma judicial que modernizara el anticuado sistema escrito y que le diera a la justicia bonaerense más agilidad y eficiencia frente al notorio avance del delito. A don León, garantista de saco y corbata que hablaba de las maravillas de su modelo mientras viajaba al trabajo con una dotación de custodios, se le ocurrió que la mejor manera de eliminar la delincuencia era imponer el sistema de algún país sin delito, y copió el modelo Suizo. Claro está que Ingeniero Budge, Villa Fiorito, Valentín Alsina, González Catán y Laferrere no se parecían demasiado a Zurich, Ginebra, Lucerna y Montreaux, pero desde entonces tendrían algo en común: un código garantista, una solución europea para los problemas del conurbano más pesado. 

Como las cosas se pueden destruir rápido, pero para hacerlas mierda hay que dedicarle más tiempo, a León le dieron una segunda oportunidad durante la gobernación de Felipe Solá, que tenía el upite fruncido por el asesinato de Kosteki y Santillán. Entonces, don León pensó que el sistema judicial suizo no daba pie con bola porque no tenía una fuerza policial que estuviera a la altura, así que puso manos a la obra y, en su loca cabecita, supuso que en las películas de Hollywood siempre le tienen respeto a esos machazos de uniforme. Y así fue como, decidido a poner a la bonaerense a la altura de la Policía de Nueva York, arrancó por lo elemental: le cambió los nombres a las jerarquías. Los monchos se cagarían de risa de los uniformados bonaerenses, sus sueldos seguirían por debajo de lo que cobraba el barrendero municipal, los patrulleros seguirían atados con alambre -literalmente- pero el placer de que al Comisario le digan Capitán, mejoraría la imagen de las fuerzas. Porque no es lo mismo decir Comisario Pérez, que Capitán Pérez. Tiene otra estirpe ¿Se entiende? Por las dudas que esto no alcanzara, mientras le daba apoyo a la bonarense, León creaba la Policía Bonaerense 2, un engendro con patrulleros de alta gama, decorados por un pintor con desprendimiento de retina, y que batió en pocos meses todos los records de gatillo fácil contra terceros.

Mientras tanto, los boludos cagatintas nos preguntábamos en qué mejoraría el sistema judicial, si de catorce Juzgados de Instrucción y cinco Fiscalías, pasamos a tener catorce Fiscalías de Instrucción y cinco Juzgados de Garantías. En las seccionales policiales no tuvieron tiempo de hacerse ese tipo de preguntas, dado que en la misma reforma estaba incluida la unificación de jerarquías y los muchachos de azul no sabían a cual de los tres Capitanes darle bola. Lo único realmente notable de toda esta movida fue que ya no recibíamos protestas en el juzgado: la gente estaba tan confundida sobre quién instruía un expediente y quién daba las órdenes, que democratizaron la protesta y empezaron a quemar las gomas en la puerta del edificio.

Como buen contreras, me conocía todas las villas del conurbano, pero vivía en Capital. Soy de los que decían "si pasás un turno en mi Juzgado, dejás de quejarte de la inseguridad porteña". Y era así, no más. Pero como no hay dos sin tres, y Arslanián quería ser profeta en su tierra, desde hace poco menos de un año es una voz autorizada en el asesoramiento de Nilda. Ideas notables como vaciar de Gendarmes las fronteras y moverlos a la ciudad, ponerles camperas radiactivas a los Federales y generar choques por encandilamiento con las balizas de los nuevos patrulleros -la misma bosta de antes, pero con nueva decoración- fueron presentadas como medidas innovadoras para contrarrestar el avance de la inseguridad. Inseguridad que pasó de ser una mera sensación a convertirse en tema de campaña para que Filmus no sufriera tanto en las elecciones porteñas, pero que volvió a ser la nada misma luego del triunfo de Macri.

Nada cambió, más allá de sacar las placas de los caídos en cumplimiento del deber en actos subversivos. Se sigue recaudando con los supermercados chinos, los desarmaderos clandestinos, los puticlubs y el trato preferencial con la seguridad para los comerciantes que pongan un mango. La calle Libertad sigue siendo el paraíso de lo choreado, el centro sigue empapelado con publicidades de puteríos clandestinos -con dirección, número de teléfono y hasta mapa para llegar- los puesteros aún venden mercadería trucha mientras el poli toma mate con ellos y la Superintendencia de Seguridad Ferroviaria sigue siendo el lugar donde mandan a los "indeseables" para mostrarles la puerta de salida. Estos son, en definitiva, quienes debieron garantizarnos que nuestra incursión por los ferrocarriles urbanos un domingo a la tarde, no finalizara con un robo violento, mi mujer golpeada y mi rostro herido con una botella rota...todo a cambio de un celular de mierda.

Los muchachos amigos de lo ajeno, a quienes según la progresía debería haberles entregado todo el producto de mi laburo, además de pedirles disculpas por formar parte de ese sector de la sociedad que los marginó y los obligó a delinquir -a pesar que de mis impuestos salen todos los servicios que disfrutan gratarola- no sufrirán ninguna consecuencia, más allá de alguna contusión, moretón o chichón producido por mis manos. Y está bien que así sea, dado que no vamos a cambiar las cosas por culpa de un inconformista que cree en la propiedad privada, el respeto al prójimo y la cultura del trabajo para adquirir lo que uno desea. 

Casi tres décadas de conservadurismo culposo, han llevado la marginalidad a límites difíciles de dimensionar. Hace un tiempo, veíamos a la generación que había crecido sin ver trabajar a sus padres. Hoy, también tienen hijos, pero estos han crecido con la justicia de su lado, las fuerzas policiales sin ganas de combatirlos al pedo y el Estado proteccionista que los quiere tanto que los conserva así, impolutos, confiados en que deben pelear por conseguir lo que quieren, sea con una botella rota, pegándole a una mujer, fajando a un anciano indefenso en su casa, o metiéndole un corchazo a la panza de una embarazada. 

Llámenme extremista o digan lo que quieran, que hoy todo me resbala. Lo único que les pido es que no vengan con la gansada de las políticas de inclusión, la educación y toda la sarasa progresista que puedan llegar a decir. La inmensa mayoría de nosotros somos hijos o nietos de inmigrantes, que vinieron expulsados de sus países por la insatisfacción de sus necesidades básicas, que vivieron sus primeros años en Argentina marginados por ser tanos brutos, gallegos ignorantes o judíos muertos de hambre, y sin embargo salieron adelante con el sudor de sus propios culos, sin resentimiento ni rencores para con el resto de la sociedad.

El discurso progre, déjenlo para una charla sobre "la Argentina que queremos" en el auditorio de la UBA. Quienes conocemos el submundo de la marginalidad sabemos que son misóginos en extremo, a la noviecita la presentan como "mi señora" aunque tengan catorce años, dejar embarazada a una mina es marcar territorio, mantener al pibe es una obligación del Estado y el metro patrón para medir el orden de prioridades en la vida, es un ciclomotor con el escape libre.



Lunes. Al menos Boquita es puntero. Algo es algo.

viernes, 16 de septiembre de 2011

Una Cuestión de Códigos

A esta altura del partido, creo que el temita de Sergio Schoklender merece un análisis que tramite por dos vías distintas: una relacionada a su enriquecimiento desmesurado aparentemente sin justificación alguna, y otra que tenga que ver con su rol de chivo expiatorio. Judicialmente, poco y nada sabemos, dado que el secreto de sumario ni pinta que vaya a levantarse en los próximos días. Los únicos datos que tenemos a esta altura, son todos los que tira el mayor de Schoklender ante cada micrófono que le pongan, sin fijarse si está prendido o no. Es obvio que nadie puede forrarse en dólares en tan poco tiempo laburando para una fundación sin fines de lucro, pero cualquier afirmación que hagamos del cómo hizo, queda sólo en suspicacia hasta más adelante. Al mismo tiempo, tenemos las defensas magistrales que efectúa Hebe de Bonafini, que en vez de defenderse o llamarse a silencio, dispara mierda para los cuatro puntos cardinales cada vez que puede. 

Por otro lado, está la cuestión extrajudicial y que es, convengamos, la más divertida. El ministro de Planificación, que a esta altura debe considerar que los accidentes ferroviarios son una buena forma de disminuír el flujo de pasajeros para que la gente viaje más cómoda, no tuvo mejor mecanismo de defensa sobre la declaración de Schoklender en la Cámara de Diputados, que afirmar que los legisladores se están entrometiendo en las funciones del Poder Judicial, como si además de horrorizarse por ver un caso de corrupción por primera vez en sus vidas, no tuvieran facultades de crear una comisión investigativa cuando un sujeto dice contar con elementos que prueban el desvío de fondos públicos para fines distintos a los que deberían ser destinados. Es lo mismo que pichicho Bossio defendiendo en una exposición la rentabilidad de los fondos jubilatorios desde que los administra el Estado, cuando hace tres semanas dijo que no había plata para pagar los juicios de los viejos que están más cerca del arpa que de la ventanilla del banco. Mientras critica otros sistemas financieros que jugaron con las jubilaciones igual que él, debería ser un poquito más prudente y no decir nada. 

Para pasar en limpio, un tipo es denunciado por quedarse con plata que le giró el Ejecutivo Nacional, cuando tendría que haber sido controlado por los mismos que le dieron la tarasca. Al mismo tiempo, todos los que se vieron "perjudicados" por el accionar del denunciado, en el último mes presentaron declaraciones juradas más irregulares que la habilitación de un telo en el parque República de los Niños. La víctima de la guita que se quedó -o no- Schoklender, no es Julio de Vido, ni Hebe, sino las mismas personas que son víctimas de la que se llevan en negro el resto: nosotros, tristes pelotudos que pagamos obligadamente muchos de nuestros impuestos, mientras intentamos zafar de otros. 

Es por eso que, al ver como se comportan entre ellos, es normal que uno se ponga nervioso. Si entre compañeros de la Sociedad Amigos de la Ajena se tratan así, qué nos queda al resto. Si no tienen códigos entre ellos, a nosotros que ni nos conocen, nos parten al medio. En un país en el que el Diego puede seguir tirando mierda respecto de los manejos que hizo -o no- Batista con los jugadores que llevaba a la selección -como si Garcé se hubiera merecido viajar al mundial- y en el que Ricardo Fort acusa a un conductor de primera línea de tener el culo roto, es lógico que pensemos que todo puede pasar. Y es así, no más. Ya no quedan códigos, una ley básica no escrita, elemental para la convivencia en sociedad.

Los códigos hoy son denostados como una normativa mafiosa y nada más lejos de la realidad. Tener códigos es distinto a ser cómplice, es no acusar al otro de lo que uno mismo hizo o podría hacer, y es por eso que para tener códigos, hay que tener personalidad y saberse resistente a las tentaciones. Los códigos son la forma de testear el respeto por los valores de un grupo de pertenencia. En los narcos será el código de no mejicanearse la recaudación, en las modelos no cagarse a codazos en la pasarela, en  no usar adrede el mismo vestido en una fiesta, es no mandar al frente al que tomó de más en una cena laboral. Tener códigos es no cagarle la mina a un amigo, no serrucharle el piso a un compañero de trabajo, no hacer hincha de Boca al hijo de un pariente de River. Tener códigos es, en definitiva, un preconcepto básico para la convivencia bajo la cultura occidental judeocristiana que nos rige: no hacer al otro lo que no quisiéramos que nos hagan a nosotros. Y esto, queridos lectores, aplica para puertas para adentro en todos los niveles de la sociedad, incluso los marginales. 

Esto va más allá del bien o del mal, dado que en todos los ámbitos, no existe persona más despreciable que aquella que carece de código alguno. No se trata del que no denuncia al que se está macheteando, sino del que no se hace cargo de romper un vidrio de un pelotazo, aunque vea que a su amigo lo están fajando. Cuando los que junan la jerga tumbera hablan de "ausencia de códigos" se refieren a que, remotamente en el tiempo, el ladrón mantenía ciertos límites: no robaba laburantes, no choreaba violentamente a mujeres -ni que hablar de embarazadas- y no robaba alianzas ni símbolos religiosos, porque se consideraba un cristiano que se alejó de la senda del Señor, pero cristiano al fin. Hoy, el único vestigio de código que conservan los marginales, es la costumbre de usar de mucama multiservicio al violador de turno, aunque a esta altura, lo hacen más por gusto solapado que por folklore.

En toda asociación delictiva, se dedique esta al rubro de las estafas o al oficio de salir de caño, tienen un reglamento interno oral, preconcebido, que establece cierta clase de códigos y lo hacen saber cada vez que alguno aparece en un zanjón, con tomas de aire en la cabeza, como una señal al resto de sus compañeros sobre lo que puede pasar si mandan al frente a un colega. No es que no le perdonen que sea buchón a secas, sino que resulta de la impotencia de saber que podrían haber hecho lo mismo con él y no lo hicieron.

Con esto no intento una apología del encubrimiento, ni ganas de estar cerca tengo. Va más allá de la relación del subgrupo con el resto de la sociedad, en los cuales aplica la justicia y el poder del Estado, los códigos son para con los pares de un grupo, lo que pasa afuera, se mide con otra vara y es necesario que así sea. Hablo de un algo más básico, sencillo y tan común que la mera infracción, nos saca de las casillas. Estos casos se pueden dar, también, cuando usted ve que un compañero llega tarde a la oficina todos los días de la semana y después le dice al gerente que, precisamente usted, llegó cinco minutos después de hora, a pesar de viajar en el Sarmiento un martes 13 a la madrugada. ¿Hay ilícito? No, en ningún lado está escrito que fulanito tiene prohibido ser tan, pero tan alcahuete y garca. Sin embargo, un instinto de supervivencia le hará sentir a usted, eventual víctima de la pelotudez y el resentimiento ajeno, unas ganas irrefrenables de vengarse. Y es un sentimiento natural -no lo haga, por favor- dado que usted no haría lo mismo. Usted no le dice a su señora que debería considerar pedir plata en concepto de sponsor a la panadería, primero porque tiene noción del peligro, y segundo porque no le gustaría que le respondiera que para colocar publicidad ya tiene su pelada. Eso, es un código.

A mi, lo que sucede con Schoklender, me interesa desde el punto de vista legal, dado que estaría chocho si, en caso de comprobarse que realmente se la llevó toda, pague por ello. Sin embargo, al ver el circo que se ha montado al rededor del tema, temo empezar a sentir empatía desde la bronca y no quiero, me niego a ello. Y es que para la justicia callejera, esa que nos rige en el día a día en los hechos que la ley escrita no legisla, no hay peor traidor que aquel que no tiene códigos. Y en este caso, son todos.





Viernes. El último argentino con códigos es el Coco Basile, qué lo tiró...



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miércoles, 14 de septiembre de 2011

La Dimensión Desconocida

Desde hace un par de meses, mientras los medios oficialistas muestran logros dignos de Uganda y los opositores reclaman políticas suizas en el país de los Wachiturros, nos corrimos de la pelea constante por lo que realmente importa: cómo queremos vivir y qué deseamos para nosotros. Ayer, un martes que fue bien trece para varios, salimos del sueño de la Gran Argentina Real Kirchnerista (de ahora en más, GARK) y nos metimos de golpe, a la fuerza, de una patada en la entrepierna en la Paralela Argentina Ciclotímica del Asombro (PArCA). 

Estación del Sarmiento según GARK
En la GARK, un Ministro de Obras Públicas distribuye un libro con los logros de su gestión, entre los que figuran fotos de un tren bala circulando por un túnel. Si bien podríamos suponer que se trata de una invitación turística para conocer Europa, se trató de una supuesta obra finalizada, y que no es otra cosa que el Ferrocarril Sarmiento. 

Por otro lado, en la PArCA, una barrera permanece descompuesta por dos semanas y la empresa que administra el ferrocarril pone a un gordito con pechera y una banderilla para que dirija el tránsito. Después de varias horas, al gordito le dan ganas de ir al baño, o se le acabó el turno, o lo que fuere, se va y un colectivo de la línea 92 cruza las vías con un resultado obvio: el tren que llegaba -un convoy de varias décadas pintado a nuevo- se lo lleva puesto, descarrila, se le aplastan los vagones y termina sobre las vías contrarias, embistiendo otra formación. Las maquinarias de la GARK liberarían las vías en escasas horas, pero no consiguen cruzar el portal dimensional y nos tenemos que conformar con lo que existe en la PArCA, por lo que no hubo trenes para nadie en todo el día. 

En la GARK, el Estado financia obras de infraestructura suficientes para agilizar el tránsito y volverlo más seguro. Lamentablemente, en la PArCA, ciudadanos al pedo de la vida, presentan recursos de amparo para frenar cualquier obra que mejore la calidad de vida y reduzca la contaminación auditiva. Obviamente, al momento de producirse algún accidente, no darán la cara cuando el resto de los vecinos acusen al funcionario de turno de no haber hecho nada. 

Estación del Sarmiento según PArCA
Quienes tienen la suerte de vivir en la GARK, saben de la buena y férrea voluntad del Gobierno Nacional por arbitrar los medios necesarios para que haya juicio y castigo para los responsables de cualquier delito contra la humanidad, amparándose en la teoría de que si usaba uniforme y estaba en actividad entre 1976 y 1983, no hay lugar a dudas de que es un torturador genocida. Curiosamente, quienes vivimos en la PArCA nos mal acostumbramos a la ausencia de pruebas y a la sentencia de apellido y por eso nos ponemos nerviosos cuando vemos que absolvieron a Carlos Menem y todos sus ex funcionarios implicados en la venta de armas a Ecuador y Croacia. 

Se nos cruzaron las dimensiones y el Fiscal Mariano Borinsky cree que, por el sólo hecho de llamarse Carlos Saúl, no hacía falta presentar una sóla prueba como la gente, a pesar de haber tenido varios años para hacerlo. Por más que patalee y afirme que va a apelar, no creo que pueda hacer demasiado: el lunes fue promovido a Juez de Cámara y no volverá a tocar el expediente de la venta de armas. 

Yo, ciudadano argentino clavado en la dimensión de la PArCA, no entiendo qué esperaban como sentencia. ¿Una condena ejemplificadora por un tema que la inmensa mayoría tocamos de oído? En todo caso, deberíamos aprovechar la ocasión para aprender de los habitantes garkas -no se ofendan, es sólo un gentilicio- y dejar de agarrárnosla con un tipo que sacó el 50% de los votos con los medios en contra. 

Clarín, que posee Visa y Pasaporte al día para pasar de GARK a PArCA cuando le conviene, en 1996 había dado a conocer el tema con sus informes. Ayer a la tarde no supieron decir otra cosa que no se refiriera a la impunidad de los negociados gracias al amiguismo con el poder de turno, cuando sus autoridades, en la última visita a la GARK, se trajeron de souvenir un decreto autorizando una fusión comercial monopólica. 

Realmente entiendo a los garkas -gentilicio, eh- y su nueva postura respecto a la figura del ex presidente noventista. En definitiva, hay que dar un mensaje a la sociedad. Si dejaban que Menem fuera preso por hacer lo mismo que hicieron los Estados Unidos y Alemania, cuando los financió, los hizo gobernadores, senadores, diputados, empresarios y millonarios ¿Qué nos queda al resto, que sólo pagamos algunos de nuestros impuestos si pinta una moratoria? 

Es por ello que habría que terminar con la injusticia que cometen con Sergio Schoklender. El tipo pone la caripela y la firma para financiar caprichos electorales, y termina en un paseo por Perfil y TN, en busca de un espacio que le permita advertirles que con él se equivocaron. Si a Schoklender le pagaron así después de todo lo que hizo por la causa ¿Qué podemos esperar nosotros, que pensamos que con votar ya hacemos patria?

En una total confusión espacio-tiempo, los oficialistas que pretendían que haya justicia para con un ex presidente en base a una denuncia efectuada por Clarín, hoy defienden por omisión al primero y atacan activamente al segundo. En definitiva, todos queremos ser garkas -gentilicio...- pero la PArCA nos tira más. 









Por la revancha:

En 2009, este humilde espacio, y Los Sin-Logismos de Bugman, se convirtieron en los únicos dos sitios argentinos en llegar a la etapa final de los Premios Bitácora, evento que premia a los mejores blogs -bitácoras, en España- de habla hispana. Además de haber hecho una campaña conjunta -el compite en Mejor Blog Personal- llegamos en base a una preselección que se efectúa mediante el sufragio de los lectores, de los cuales se eligen los tres sitios más votados. De estos, surge el ganador, seleccionado mediante un jurado compuesto por especialistas de las distintas categorías, provenientes de varios países. 

Si bien no ganamos -ni Bugman, ni yo- la satisfacción de llegar a esa instancia fue sublime. En 2010, al haberse eliminado la categoría en la que este blog competía, no hubo participación desde aquí. Este año, me prendo de vuelta. 

El proceso de votación se simplificó bastante este año. En el sector superior izquierdo de la pantalla -y al pie de esta publicación- verán el anuncio "Premios 2011 - Bitacoras.com", que los direccionará a la página de votación. No es necesario estar registrado previamente en el sitio, ya que pueden registrarse con una cuenta de Facebook o Twitter. Una vez registrados, pueden votar por sus blogs favoritos en las categorías que prefieran, con un límite de cinco blogs por categoría y tres categorías por blog. No es necesario que llenen todos los espacios de votación, pueden dejar en blanco los que deseen.

Si deciden poner su votito por este sitio, les pido que lo hagan sólo en la categoría "Mejor Blog Periodístico". Esto es importante, dado que se computan los votos por categoría, independientemente del total obtenido en otras. Por ejemplo, si en la categoría "Periodístico" recibo 2 votos y en "Cocina" recibo otros 5, no tendré 7 votos, sino tan sólo 2 en "Periodístico" y 5 en "Cocina".

Asimismo, es importantísimo que al votar recuerden que la dirección de este sitio ya no es "relatodelpresente.blogspot.com", sino "relatodelpresente.com" a secas, sin el blogspot. 

Puede que ganemos, puede que no. Pero la satisfacción de entrar por la ventana en un evento extranjero y obligar a un jurado a que lea las barbaridades que escribimos ustedes y yo, oficialistas y opositores -los comentarios también se examinan- no tiene precio. 


Votar en los Premios Bitacoras.com



Miércoles. Voten, turros, que es la única elección de este año que no sabemos cómo puede resultar.

lunes, 12 de septiembre de 2011

A Captar Votos

Mientras los muchachos de La Cámpora siguen en su búsqueda de militantes en las redes sociales y continúan su práctica de generar recursos de gobierno valiosos como la escritura de letras para cantitos de apoyo a la Presi -recomiendo buscar la versión de "Amor Clasificado", de Rodrigo, en la que llaman para luchar por la liberación de la Patria- el Gobierno anda en cosas más importantes. 

Antes, las incoherencias centrales del kirchnerismo radicaban en la diferencia extrema que existe entre el discurso pleno de buenas intenciones progresistas y el accionar de corte netamente conservador. Hoy, con el 50% garantizado, ya ni se calientan en mantener la apariencia. Así, mientras la monada continúa la prédica de un relato nacional y popular, la Presi le tira chistes de doble sentido a Mauricio Macri, boludea con la Unión Industrial Deavaluadora Argentina y caga a pedos públicamente a los payasos del sindicato del Subte, que reclamarán pelotudeces de lo aburrido que están por laburar seis horas, pero que no dejan de ser gremialistas como los demás, que mientras no les toquen las cajas -ni las causas judiciales- son capaces de no protestar ni aunque eliminen las vacaciones pagas.

En un camino ambicioso por buscar el récord histórico en una elección presidencial, Cristina salió a convencer a todos los sectores de la sociedad con la palabra y, fundamentalmente, con la acción. Luego de colocar al neoliberal ucedeista Amado Boudou como candidatazo popular a la vicepresidencia y ver la reacción de la muchachada, confirmaron que se bancan cualquier cosa y le dieron pa´delante. Ahora, mientras negocian espacios en actos, inversiones y agenda en común con el mismo tipo al que quisieron meter preso durante cuatro años por el temita de las escuchas ilegales, buscan nuevas formas de captar el voto de cualquier eventual contrera.

Proteger proxenetas ya les queda chico y hasta les resultó facil encontrar un chivo expiatorio para poder continuar en la senda de la utilización de los organismos de derechos humanos a fin de sacar guita de las arcas públicas. Ni siquiera sienten adrenalina al presentar esas declaraciones juradas inexplicables, dado que en la AFIP los espera un ejército de profesionales dispuestos a justificar lo que sus propios contadores no pudieron. Es por todo esto que la Presi, el viernes pasado, pidió que vayamos por más.

Al asistir a un acto en el que entregó computadoras y escrituras de terrenos en Lanús, Cris demostró su pasión por la reparación histórica hacia los que más tienen y la reivindicación de la amplísima brecha económica de las provincias del noreste argentino, al afirmar que "antes recibíamos datos económicos regresivos y, hoy, Formosa bate récords de conexiones a banda ancha a nivel residencial", todo mientras Aimé movía la cabeza como perrito en luneta de auto y los asistentes preguntaban si daba para decir que los Qom la pueden seguir mamando. 

En otro gesto para el antikirchnerismo, un par de días antes, mientras anunciaba el aumento de un kilo de milanesas al mes en las asignaciones familiares, les recordó a los trabajadores del Subte que en otras épocas había que laburar sí o sí, dado que era más difícil "hacerse el revolucionario", para el delirio de los intelectuales que ven en Boudou la continuidad natural del lineamiento doctrinario guevarista. 

Entre tanto, en la vereda opuesta, la Coalición Cívica se divide entre quienes se quieren ir mañana y los que se quieren rajar hoy. En el duhaldismo, por su parte, buscan alguna forma de controlar las declaraciones de Das Neves, para lo que evalúan coserle la boca hasta que surja una medida superadora. Desde el sector del segundo alfonsinismo, planean darle un nuevo impulso a la campaña de Ricardo, aunque tuvieron que descartar la idea de organizar un nuevo sepelio para el fallecido don Raúl. Ante este panorama, es lógico que Binner suba un escalón por día y sea el candidato natural a recibir la sodomización menor en las próximas elecciones.

Ahora, por si faltaba algo para terminar de confundir a los analistas de la nueva Argentina, el kirchnerismo no tan kirchnerista recuperaró a Claudia Rucci, hija del lider sindical asesinado por Montoneros, que luego de laburar para Kunkel durante el gobierno de Néstor, pegar el salto al duhaldismo y anunciar que después de las elecciones hará una panquequeada para no compartir banca con dinosaurios como Ruckauf -sic- debería considerar seriamente iniciar un tratamiento para resolver algunos traumas infantiles. 

Se les llenó de gorilas el gobierno nacional y no hicieron nada para evitarlo. Si siguen así, los fervorosos militantes de la justificación perpetua, pasarán a autodenominarse pertenecientes al campo neoliberal conservador progresista facho democrático goriloideo izquierdista de la centro ultra derecha nacional y popular. 




Lunes. Así finaliza el post número 400 de este humilde sitio. Cuatro centenas de textos originales, de mi pluma, lo cual no implica -precisamente- calidad y, a su vez, explica muchas otras cosas. Cuatrocientas publicaciones por las que no recibí un mango de Clarín, La Nación, Perfil o la revista  vecinal de Almagro. Cuatro gambas de entradas al pedo que me llevan a brindar mi agradecimiento a ustedes, estimados, que se toman el tiempo de leer. Chagracia.

viernes, 9 de septiembre de 2011

Algo Personal

Cuando Néstor asume la Presidencia de la Nación, debo confesar que me sentí un tanto atraído por su discurso de asunción. Su llamado a combatir la corrupción y a conciliar con los sectores conflictivos, me tentaron. Por aquellos años, mi profesión era otra, pero el acceso a la información era privilegiada, al menos en algunos aspectos. Un llamadito a un colega del sur me alcanzó para que las ganas de apoyar a ese sujeto de aspecto bonachón y mirada particular, se me pasaran rapidito. No influyó su reivindicación a un sector violento, ahora devenidos en burócratas y millonarios empresarios a costillas de miles de muertos. En definitiva, no soy de esos que descreen de la capacidad de un gobernante en base a los aciertos o errores cometidos en años en los que todos nos mandamos cagadas. Desde entonces, digamos desde el principio, mi posición frente a don Néstor ha sido de simpatía efímera en torno a muchas de sus afirmaciones. Tan efímeras como lo que tardaba en leer, escuchar o ver datos de la realidad. 

La ilusión por un presidente que no me robe en la cara se desvaneció con un funcionario santacruceño contándome de ciertos giros neoliberales que se esfumaron. Poco tiempo después, mientras el entonces Presidente continuaba en su prédica pacifista, cientos de manifestantes terminaban con el marulo abierto por cabecear bastonazos policiales. Un día me generó gran expectativa el anuncio del Plan Federal de Viviendas. La ansiedad tuvo un alcance de una semana, cuando el Auxiliar de la Secretaría de al lado me comenta que quiso anotarse y le exigieron tantos requisitos que no llegó a cumplirlos. Curiosamente, un año después las escasas viviendas que habían construído en su partido habían sido repartidas, en su totalidad, a familias que no calificaban, entre las que figuraban una hermana del Intendente. 

Por aquellos años de primavera kirchnerista, un compañero de los años de uniforme, pupitres, tizas y borrador, me comenta al pasar la alegría que sentía por ver un gobierno peronista en el poder. Él, cuya militancia se había limitado a comentar alguna vez que tuvo un pariente que fue al velorio de Eva, no comprendía por qué no me sentía igual de exultante. Fue la primera vez que escuché la palabra "gorila" fuera de un libro de historia política del siglo XX. Eran los mismos tiempos en los que se hablaba de la Senadora rebelde, refiriéndose a una mina que hacía quilombo de la boca para afuera, pero acompañaba todas las listas del presidente que puteaba. 

Poco tiempo después, la Argentina se puso divertida. No digo que linda, ni fea, solo divertida. Néstor ya no era Presidente y Cristina, en menos de tres meses de gestión, atravesaba la crisis del campo. Entre plazas, declaraciones desafortunadas y detenciones poco oportunas, apareció el peronómetro más fuerte que nunca, con el que acusaban a los contreras bajo la afirmación de que a este gobierno lo definen peronista los enemigos, o sea, la Sociedad Rural y la prensa. Podría haberme hecho ultrakirchnerista en menos de cinco segundos, pero de pronto apliqué la misma lógica: si definen los enemigos, que todos los sectores históricamente opositores al justicialismo, de pronto estuvieran aplaudiendo a la Presi, definía mucho. Como toda teoría necesita su aplicación en el campo práctico, ver en el palco a los mismos personajes que llevaron adelante el lock out patronal previo al golpe de estado de 1976, certificó mi postulado: no te definen los amigos ni los enemigos, sino que te definen las acciones.

A esta altura del partido, el signo político de quien se encuentre en la primera magistratura me importa poco, siempre y cuando me sienta cómodo con sus postulados. Esto va más allá de mi ideología, dado que antes que los partidos, están los hombres. Yo, al igual que muchos de los que viven en la Confederación de Provincias, prefiero un presidente que me agrade o que, al menos, no me rompa las tarlipes. 

El disgusto con este "modelo" no pasa por una cuestión de recelo, ni rechazo sanguíneo ni ideológico. Es una relación intrínseca entre lo que dicen, lo que hacen y el resultado final. Si nos guiáramos sólo por el discurso ¿Quién podría oponerse a una asignación que proteja el desarrollo de las primeras edades de los argentinos? ¿Acaso alguien está en contra de las mejoras salariales? ¿No se supone que la protección a la niñez, los embarazos y la ancianidad tendrían que garantizarse? Pues bien, desde el punto de vista discursivo, estoy absolutamente de acuerdo. Lamentablemente, voy a los hechos y la ilusión se me desvanece entre netbooks entregadas para un sistema de educación paupérrimo, indexaciones salariales que apenas alcanzan para cubrir la inflación del año anterior y una asignación que no es universal y que supone que por el valor de ocho kilos de milanesas voy a garantizar la reinserción a la sociedad productiva de un sector que lleva ajeno a ella desde hace dos o tres generaciones, en el mejor de los casos. 

Esta sencilla tarea de comparar la realidad con la pretensión discursiva, lleva a que no se pueda tomar en serio ni una de las palabras dichas por nadie del gobierno. Si para presentar el caso Papel Prensa tuvieron que recurrir al testimonio de un funcionario del mismo período democrático que denuestan, estamos al horno. Si para justificar su ataque a un empresario que los traicionó atacan a un monopolio que ellos mismos ayudaron a crecer por decreto, vamos mal. Si por cada acto pseudo heróico que dicen haber llevado a cabo en los años pesados de la historia argentina, aparece alguna documentación, foto, artículo periodístico o testigo presencial que desmitifica, no veo por qué tendría que creerles algo. 

Esto va más allá de la creencia o no en el pasado. Es una olla que no destapó nadie más que ellos y que después se resisten a explicar. Es Nilda Garré y no ninguno de nosotros quien trabajó en el Ministerio del Interior de Onganía. Es Aníbal Fernández quien hizo campaña para Menem y no nosotros. Son Néstor y Cristina quienes acompañaron todas y cada una de las listas de Carlos Saúl I de Aniyaco, no nosotros. Son Diana Conti, Nilda Garré, Eugenio Zaffaroni y María José Lubertino quienes integraron el gobierno de la Alianza, no nosotros. Es don Eugenio quien juró velar por el cumplimiento de los estatutos del Proceso de Reorganización Nacional, no yo. Es Aimée Boudou quien pidió por el fin de los juicios a las juntas militares en los ´80, no vos, ni yo. En definitiva, son ellos quienes elaboraron el listado de los momentos más nefastos de nuestra historia reciente, con la autoridad de haber participado -quien más, quien menos- en todos y cada uno de ellos. Y son ellos los que montaron una obra de teatro de baja producción artística en la que juegan a vivir en un período en el que, si habían nacido, andaban gateando con chiripá y bombacha de goma. Son ellos los que tomaron a los mismos enemigos de antaño para justificarse, bajo la lógica de suponer que si camina como patriota, habla como patriota y se hace el patriota, es un patriota, aunque por detrás esté negociando el saqueo de los recursos naturales con multinacionales extranjeras.

En mi vida democrática, nunca voté a ganador. Triste estadística que puede darme la serenidad de afirmar siempre "yo no los voté", aunque no tranquilice. Al ver el cambio de camiseta y la claudicación de ideales de muchos de mis amigos -entre los que figuran quienes juraban que nunca votarían a un peronista y hoy hacen militancia en Facebook- no siento que me haya colocado solito en este lugar, como así tampoco pienso que me hayan obligado a pensar que son unos payasos. Son las circunstancias y la relación entre el verbo y la acción las que han trazado una línea de división entre quienes han bajado sus banderas para sentirse parte de un proyecto comandado por gente que carece de toda convicción, y quienes piensan como yo, paparulo que todavía tiene fe en sus ideales. Por ideología, tendría que estar con ellos. Por doctrina, estoy bastante alejado. Por ideales, me encuentro en la vereda de enfrente. Es como con una mina: podrá tener todo lo que buscamos, pero si no hay piel, no pasa naranja. Es algo personal, nada más.



Breves:

Das Neves abrió la boca por primera vez desde las Primarias, para afirmar que Duhalde se equivoca en su estrategia electoral. Entre otras cosas, sostiene que no reconocer la victoria del FPV y el tercer lugar, sólo es comparable con las ganas del Diego de seguir con su proyecto después de comerse cuatro pepas contra Alemania en un Mundial.

Los troscos del Subte fueron al paro reclamando por una postura de botonera que no les genere tendinitis. La Presi se enojó y puso como ejemplo a su padre, que nunca padeció esa patología traumatológica a pesar de ser colectivero. Los contadores de Cris sostienen que ellos se la pasan de malabar en malabar con declaraciones juradas, escrituras y conteo de billetes y tampoco se quejan. Desde este humilde espacio, sostenemos que los trabajadores de los ferrocarriles subterraneos se fueron un poquito al carajo en su reclamo y proponemos el ejemplo de Daniel Scioli, que nunca acusó una tendinitis, a pesar de rascarse el hoyo desde hace décadas. 

En un claro ejemplo de convivencia política, representantes del PRO estuvieron presentes en el acto mediante el cual la Presidente de la Nación dio por inaugurada las oficinas de una empresa de servicios informáticos. Para sellar la nueva actitud de las fuerzas políticas, llevaron a cabo una representación alegórica de la realidad contemporánea: ella jugó en un pelotero, mientras los otros la miraban de afuera.

Cristina estaría un poquito enojada con Emilio Pérsico. Al parecer, el hobbit bonaerense fue el responsable de gestionar la recepción de la mamá de Candela por parte de la Presi. Creemos firmemente que Cristina está para otras cosas, antes que recibir a los progenitores de niñas secuestradas. No se trata de discriminar, sino de ubicar a cada persona en su lugar. No por ser gente del pujante sector de los negociados injustificables ante la ley, Cris tiene que recibirlos siempre. Ya bastante cargada tiene su agenda con personas que representan fielmente a ese gremio, aunque en la rosada gustan llamarlos Ministros.

Viernes. Llegó el calorcito. Demasiado tarde para ponerme a dieta. El año que viene, vemos.