jueves, 29 de marzo de 2012

Panorama

La temporada veraniega finalizó abruptamente, pero las vedetongas quedaron. Así, mientras muchos nos sacamos la chomba el domingo para ponernos una polera el lunes, otros todavía siguen con las plumas puestas. Entre ellos, se destaca Carlos Kunkel, que como buena actriz de revistas, no pude resistirse a una entrevista con Jorge Ríal. Como buen chimentero, primero lanzó la primicia de que él era monto. Supuse que iba a seguir con el hallazgo de que Alfonsín usaba bigotes, el turco patillas y que Néstor tenía estrabismo, pero la conversación viró para otro lado. El momento de la polémica entre primerísimas figuras de las tablas políticas llegó cuando acusó a la vedette Flopy Randazzo de ser soldado de Magnetto, para luego defender a la vapuleada estrella del under Aimeé Boudou, al afirmar que confía plenamente en su honestidad. Finalmente, deslizó que para la próxima obra, planean incorporar a la debutante Máximo Kirchner, quien tendría un gran acompañamiento de todo el arco kirchnerista. Desde aquí suponemos que evitaran sus apariciones en conchero.

Por la tarde, la Cámara de Diputados de la Nación confirmó el traspaso de las seis líneas de subtes y treinta y tres líneas de colectivos al ámbito del Gobierno de la Ciudad. Las suposiciones en condicionales nunca garpan, pero en 2007 prometieron que si ganaba Filmus le daban el manejo de la Federal y se cagaron en ello por el sólo hecho de que Filmus perdió las elecciones y la virginidad rectal. Si bien en 2011 Filmus volvió por más y perdió las elecciones por lesión hemorroidal, todo hace sospechar que en caso del hipotético -y milagroso- caso de que el barbeta sin carisma hubiera ganado, este tipo de discusiones no habrían existido jamás. 

Pero los análisis se hacen sobre realidades y la realidad nos dice que Mauricio tomó posesión del servicio de subtes al aumentar la tarifa de los mismos y que los devolvió a Nación un par de días después de la tragedia del TBA en Once. Esto es tan cierto como que la Nación se hace la sota con el temita de los recursos que corresponden para el mantenimiento de los ferrocarriles. Si a esto le sumamos el dinero que aporta la Ciudad a la Nación y la deuda que tiene ésta última con los porteños -que algunos estiman en casi 14 mil millones de pesos- debemos entender que los legisladores se hicieron los boludos. Tal es el caso de Agustín Rossi, que lejos de defender a su provincia de Santa Fe -les deben ocho mil millones- dijo que la ciudad de Buenos Aires tiene que hacer como el resto de las provincias y administrar su red de transporte, tan cierto como que también debería poder administrar su puerto, la justicia criminal, de familia, civil y comercial, y sin embargo nadie toca el tema.

En un país de pasatistas, es lógico que todos quieran ser capos de la vida dándole a la monada lo que algunos creen que la monada quiere. Otros, directamente no se lo preguntan y hacen lo que en otra situación jamás habrían permitido. El Gobierno de la Ciudad, que hace menos de un año se opuso a la implementación de Tecnópolis en el ámbito capitalino por cuestiones que hacían a la seguridad víal y el uso del espacio público, no opina lo mismo de armar un circuito automovilístico de competición en pleno casco histórico de la ciudad de Buenos Aires, ese mismo lugar donde las mediciones de impacto ambiental hizo que se alteraran las circulaciones de las líneas de colectivo para no destruir los centenarios edificios de la zona. Pareciera que no es lo mismo que circule el 8 por Hipólito Yrigoyen, a que un V8 de 430 caballos de fuerza tire un rebaje en la puerta del Cabildo, como tampoco es lo mismo que una protesta desvíe el tránsito generando mayor inseguridad víal, a que el propio gobierno elimine una dársena de peatones frente a la Catedral -prueben la travesía de cruzar a la Plaza por Rivadavia y me cuentan- para que la pista de carreras urbana quede en condiciones. Supongo que dejará buenos dividendos -les creo- aunque no me cierra la ecuación de poner en riesgo el patrimonio arquitectónico y la seguridad de los transeúntes por un lujo que bien podría hacerse en un lugar preparado y diseñado para ello, eso que algunos denominan autódromo. 

Todos se hacen los boludos. Los intendentes del conurbano se quejan de la basura que deposita la ciudad de Buenos Aires en la provincia y eso, aparentemente, ameritaría a que el Congreso Nacional sancione una ley que impida a la Ciudad enviar sus desechos a los rellenos sanitarios, a pesar de los acuerdos existentes. Curiosamente, esos mismos intendentes que se quejan de la basura porteña son los que también se quejan por discriminación cada vez que alguien sugiere que los hospitales de la Ciudad tengan una política de admisión con preferencia a la zona de influencia, o sea, la misma Ciudad. No ponen un mango ni para las gasas del Santojanni, donde se atiende tres cuartos de La Matanza, ni tampoco ofrecen unas monedas para las curitas del Zubizarreta, donde va a parar la mitad del partido de Tres de Febrero, pero se sienten con derecho a hablar de la soberbia porteña.

Más allá del bien y del mal, la Presi muestra signos de agotamiento mental. Es eso, o alguien le cambió las pastillas, si no, no se explica cómo puede emocionarse al recordar la presencia de Néstor en la demolición de la Cárcel de Caseros en 2004, cuando la misma fue cerrada en 2001, iniciándose su demolición en 2003 y finalizando la misma recién en 2007, cuando Néstor sí fue a dar su discurso culposo, pidiendo disculpas en nombre del Estado por las violaciones a los derechos humanos cometidas allí dentro, dando lugar a un festín terapéutico: ¿Quién pide disculpas? ¿En nombre de cuál Estado? ¿Aquel que no dijo nada durante décadas al igual que él? 

En fin, palabras más, palabras menos, Cris tenía algo importantísimo para anunciar. Para eliminar todo tipo de especulación e incertidumbre, la Presi finalmente explicó en que consiste la mentada Sintonía Fina que tanto ha mencionado sin explicar en qué consistía, como el mapa del delito de De Narváez. El misterio se acabó: el martes la Presi dijo que la nueva vuelta de tuerca al Documento Nacional de Identidad era la sintonía fina. Uno hubiera esperado algún manifiesto que altere las estructuras sociales de la Patria o, al menos, este modelo económico tan poco revolucionario, pero algo es algo. La profundización del modelo pasa por modificar el sistema electoral. 

Por primera vez en mucho tiempo adoptamos ideas extranjeras pero dándoles un espíritu nacional y popular. Queríamos modernización y nos dieron lo que pedíamos. No tendremos boleta única, ni voto electrónico, pero luego de asegurarnos que seguiremos votando cada dos años, la Presi nos contó que adoptaremos el sistema de carnet y troqueles. Modernización a la argentina, sin necesidad de suprimir los bolsones de comida, el reparto de chapas y electrodomésticos ni el aumento de los planes de las cooperativas. Definitivamente, nos quejamos de llenos.   

El mismo martes, Cris participó de un acto en el Museo del Bicentenario, donde el Presidente de la Corte Suprema, Ricardo Lorenzetti, presentó el informe final del proyecto de reforma integral al Código Civil. El discurso de Lorenzetti mantuvo la formalidad a la que el magistrado nos tiene acostumbrado. Él mucho no se mete en nada, más allá de lo políticamente correcto. La Presi, curiosamente a lo que venimos acostumbrados, no utilizó su discurso para pegarle a nadie. Sin embargo, demostró que ni siquiera leyó la tapa de los diarios la última semana al centrar el argumento de protección por violencia intrafamiliar en prejuzgar que la padece sólo la mujer. Más allá de este pelo al huevo, se limitó a una presentación formal, sin estridencias, dando pase al tratamiento legislativo.

Los que la van a tener complicada son los justificadores de la vida, que no saben cómo corno darle un tinte revolucionario setentista al contrato prenupcial, aunque algo me hace suponer que apelarán a conceptos de código oligarca modificado dictatorialmente. Interesantísimo será el momento en que los legisladores e intelectuales varios pasen a debatir los artículos que hacen a las normas comerciales en un contexto en el que no se puede importar de modo legal ni un par de zapatillas, como también resultará irónico verlos argumentar sobre la seguridad jurídica, en un país donde la Afip dice que sos pobre para comprar dólares y mutimillonario a la hora de pagar impuestos. 

Para ir despuntando el vicio, el impresentable de Horacio González salió a minimizar el conflicto con la importación de libros. Para justificar lo injutificable, el buen hombre titular de la Biblioteca Nacional apeló a citas de Farenheit 451 de Bradbury y a ensayos finlandeses, obras que, como era de esperar, tampoco se pueden conseguir.


Denserio: 

El proyecto de reforma al código civil es una necesidad imperiosa desde hace décadas. Aunque los medios no lo digan -por hacerse los boludos o por mera ignorancia- la última reforma de importancia y llevada a cabo con seriedad fue la encabezada por Guillermo Borda, a fines de la década del ´60. El mundo avanzó y el código civil se quedó en el tiempo. Temáticas tan actuales como una mayor celeridad en el proceso de adopción, la concepción artificial y los trámites de divorcio sin tanta ventilación de intimidades, merecen una legislación moderna y no puedo más que apoyarla, con la esperanza -más bien, pura y mística Fe- de que haya sido encarado con seriedad. 

Aún se desconoce el texto completo del proyecto. Espero que en el capítulo de familia equipare de una buena vez y para siempre la igualdad de derechos y obligaciones entre progenitores y no ese arcaísmo mediante el cual el hombre se tiene que hacer cargo de la manutención por defecto y la mujer recibe la tenencia plena porque así lo habría querido Dios. En pleno siglo XXI donde la mujer trabaja a la par del hombre y donde el hombre participa activamente de la crianza de sus hijos -siempre hablando en generalidades- es necesario que la ley se actualice. Si esto sucede, juro por los caniches del General que seré el primero en apoyarla. Mientras tanto, a cortar clavos con el culo esperando que, por una vez, lo legal sea justo.


Jueves. Y no, lo legal no siempre es justo. 

viernes, 23 de marzo de 2012

Nada

Según Cristina, la gran capacidad productiva que tenemos en la región sudamericana queda demostrada con un abrigo de alpaca que le regaló el vicepresidente de Bolivia. Partiendo de esta base, este inicio tan groso de la 590° presentación de los Monólogo de la Presi, todo lo que vino después era más que impredecible. La idea era mostrar gestión. Como gestión no hay, la intención viró hacia alguna inauguración. Y como tampoco hay mucho para inaugurar, Cristina armó un festejo patrio por la fabricación de quince medicamentos oncológicos en una empresa de capitales chilenos. No es la gran cosa, pero algo es algo.

Que a la Presi le gusten los abrigos de alpaca bolivianos, no está mal, son lindos, abrigados, suaves. Que presente como logro productivo de la región sudamericana un producto que se fabrica artesanalmente desde que la cultura Paracas domesticó a los camélidos americanos allá por el siglo II antes de Cristo, no es nada si se tiene en cuenta que luego afirmó que en Argentina tenemos una gran provisión de medicamentos, cosa que en otros países no pasa. Lamentablemente, no opinan igual en Mendoza, Chaco y Tucumán. En el Jardín de la República, el gobierno provincial tuvo un acto de decoro y afirmó que no es que haya desabastecimiento, sino que sólo no hay medicamentos. Este brillante argumento digno de los anales oficialistas, aduce a que todo se debe a una cuestión de "estacionalidad", por lo que podemos deducir que el gobierno consiguió que los medicamentos crezcan de plantas. Ahora arranca el otoño, no es temporada para tener un carcinoma, aguante a julio y veremos qué podemos conseguir. ¿VIH positivo? Vamos, hombre, que no es nada del otro mundo. Convenza a esa colonia reproductiva que circula por su sangre para que acepte una tregua un par de meses, dado que en verano -dicen- los retrovirales vienen maduritos y jugosos. 

En su rol de sucesora del corrupto gobierno predecesor, Cristina no hace abuso recurrente del argumento de la pesada herencia recibida de la Presidenta anterior y decidió intervenir en uno de los hechos más escandalosos de la gestión que la precedió, al anunciar la eliminación del sistema de troqueles en la venta de medicamentos y su reemplazo por el estampillado. Y como si esta actitud no bastara para marcar diferencia respecto de la línea ideológica de su gestión y la anterior, afirmó que la tecerización laboral es una modalidad de negocios maravillosa.

Luego de argumentar que el gobierno no militariza la región porque apuesta a la paz, en contraposición con los agoreros de siempre que sostienen que no tenemos ni gomeras para defendernos, la Presi pidió a Dios que nos tenga en cuenta -alguien se tiene que hacer cargo- y se fue. 

Mientras todo esto pasaba, los senadores puteaban a Macri por hacerlos laburar con eso de no querer un subte precario, Macri agradecía a todos los santos por haber rebotado el transporte bajo tierra antes de que muriera electrocutado un trabajador, Lubertino puteaba al gobierno de la Ciudad por subsidiar la educación privada -se ve que subsidiar los casino de Cristóbal es más progre- y el resto de la sociedad tratábamos de digerir que una madre asesinó a su hijo para vengarse de su exmarido.

Como es evidente que acá no pasa nada, voy a permitirme cambiar de tema. Hace ya varios años que me desactualizaron todos los conceptos que aprendí a lo largo de mi vida y, si bien soy consciente de mi atraso, no pienso rendirme sin quejarme. 

Cada vez que se produce la muerte de una mujer en manos de un hombre, se habla de violencia de género -en el mejor de los casos- o se hace abuso del desconocimiento y se habla de femicidio. Sinceramente, no tengo intenciones de polemizar sobre algo que ya he tratado de un modo harto, más allá de tener los gobelinos al plato con cuestiones méramente lingüísticas. Cada vez que una ONG, o una concheta aburrida, o una troska resentida esgrime que la violencia de género está contemplada en la resolución 48/104 de la ONU, desconoce -o se hace la boluda- con el detalle de que dicha resolución pone explícitamente que violencia contra la mujer es sinónimo de todo acto de violencia ejercido contra una mujer por el sólo hecho de ser mujer. En ningún lado habla de violencia de género.

La apropiación del término violencia de género como sinónimo de violencia hacia la mujer, es un invento relativamente reciente -la resolución de la ONU data de 1993- y tiene más que ver con el exitosísimo modelo progresista español de los últimos años. Miles de libros escritos al pedo, donde abunda el estereotipo berreta de que la mujer es débil, boluda, inútil y dominable que padece el yugo del hombre. Millones de billetes dilapidados en subsidios y fondos de asistencia a organizaciones que descubrieron una mina de oro en la adaptación de una normativa pensada para culturas donde la mujer es verdaderamente oprimida, al occidente donde las personas más decisivas del poder político son mujeres.

Hoy, que vivimos en un país donde la mujer vota desde hace generaciones, donde tuvimos y tenemos presidentes mujeres, donde la empresaria más exitosa de la historia vernácula usaba bombacha, donde la seguridad pública, las políticas industriales y el control de los jueces está en manos de mújeres, hablar de minoría oprimida, es una falta de respeto hacia la comprensión popular. 

Sin embargo, basta que algún hombre mate a una mujer para que se hable del drama al que es sometido el sexo femenino en esta cultura patriarcal, opresora y misógina. No digo que no exista la violencia contra la mujer por el sólo hecho que es mujer, pero de ahí a considerar que cualquier loco asesino, no es un loco asesino sino un femicida, hay un Río de la Plata de distancia. 

El 20% de los hombres asesinados en Estados Unidos fueron muertos por sus parejas mujeres, el 5% de los australianos varones son víctimas de violencia conyugal, en España se estima que hay un promedio de tres mil casos de violencia intrafamiliar ejercida por la mujer sobre su marido. Los números no abundan, dado que la mayoría de las legislaciones no conciben la violencia conyugal hacia el hombre como violencia de género. Y tiene lógica: hay todo un ordenamiento legal que fue concebido para proteger al ser humano, independientemente de lo que tenga o no colgando entre las piernas. 

Con todo esto no pretendo justificar absolutamente nada, sino que busco poner sobre la mesa algunos datos que desmienten toda teoría a favor de la discriminación legislativa en pos de la mujer y que en este país es una regla de oro, intocable por la pacatería legislativa y judicial. Si bien la Constitución Nacional es bien clara respecto de la presunción de inocencia, en materia de familia ser hombre da vuelta los conceptos: se es culpable hasta que se demuestre lo contrario. El encargado de demostrarlo será, obviamente, el hombre y sólo si le dan pelota. 

Cualquiera que conozca a alguien que haya atravesado un divorcio controvertido con pibes de por medio, sabrá de primera mano que se aplica la tenencia automática a favor de la mujer, sin necesidad de pericias psicológicas, informes socioambientales, ni consultas a especialistas. Si el hombre osara cuestionar el argumento, deberá entablar un largo, tedioso, arduo y, sobretodo, lento litigio en el cual deberá probar sobradamente que él tiene las mismas aptitudes que todos dieron por sentadas en su expareja. 

Una denuncia por amenazas contra el padre de los hijos, con sólo ser efectuada, en muchos casos basta y sobra para excluír al progenitor masculino de la esfera de los chicos, hasta que se demuestre lo contrario. Cada vez que se aplica este criterio, la sana crítica del magistrado nos dice que ante la duda, lo primero es preservar la integridad física y psicológica del menor, aunque las amenazas -de ser ciertas- hayan sido proferidas contra la expareja, y sin embargo...

Una mujer siente que su matrimonio no da para más y decide divorciarse. El excónyuge no se lo perdona nunca. Los hijos del otrora matrimonio le manifiestan a la madre que el padre los quiso matar a pastillazos y hasta colgó horcas en la casa. La mujer, como corresponde, efectúa la denuncia. La justicia, también como corresponde, actúa inmediatamente en consecuencia y el padre vengativo termina alejado de sus hijos por una más que obvia cuestión de seguridad de los menores que no tienen la culpa de la locura del padre. Todos satisfechos.

Lamentablemente, pasó al revés. Y al hombre que denunció el acto de violencia doméstica que puso en peligro la vida de sus hijos, nadie le dio ni cinco de pelota en ese sistema de prejuzgamientos y estereotipos tatuados. El final de la historia, ya lo conocemos.

Los medios que tocaron el tema, se refirieron al hecho como una tragedia, una locura, una desgracia y de la madre asesina afirmaron, en otras palabras, que está de la cabeza. Son los mismos medios que afirmaron que el asesinato de una mujer y su hija en manos de su expareja se trató de violencia de género. Son las mismas personas que sostienen, amparados en kilómetros de doctrina pedorra, que matar por odio a la expareja es violencia de género, aunque la víctima sea un tercero. 

¿Cómo podemos ser tan, pero tan pelotudos? ¿Cómo nos puede resultar tan barato adherirnos a una moda pedorra que violenta siglos de evolución penal en pos de la reivindicación de derechos que hace décadas ya existen? Estaría bueno, a fines ilustrativos y de mataburros, no más, que algún cráneo me explique por qué una mujer puede ser una heroína que es madre y trabajadora, mientras que el hombre queda reducido a una mera fuente de ingresos por alimentos. Resultaría más que grato que algún iluminado nos informe qué clase de igualdad se obtiene prejuzgando a un hombre por violento e incapaz de ejercer su paternidad, y a una mujer por madraza ejemplar. Creo que sería muy útil que nos enseñen el camino para comprender por qué las mentadas leyes que supuestamente garantizan la equiparación de derechos entre ambos sexos derivan en violaciones al principio de igualdad de la Constitución Nacional, la convenciones internacionales de derechos humanos y todo otro principio de equidad. Realmente sería aleccionador que nos instruyan respecto de por qué la lucha por la protección legal a la igualdad de género derivó en este sistema discriminatorio que se cobra víctimas de seis años.  

Pero que lo hagan con buenos argumentos. Porque los que escuché hasta ahora me dieron la única certeza de saber que si aquel odontólogo platense hubiera tenido tetas, los grosos de la vida habrían hecho todo lo posible -y más también- con tal de demostrar que sólo fue una reacción lógica ante el maltrato cotidiano y el hostigamiento perpetuo en el que se veía inmersa. Quién sabe, quizás el asesino hijo de mil que se cargó a toda la familia se convertía en la protagonista de un emocionante capítulo de Mujeres Asesinas, que atrajera la opinión pública y hasta ganara un premio por su labor de conscientizar a la sociedad sobre el flagelo de la violencia de género.



Viernes. Muchos factores determinan una personalidad violenta. Los cromosomas no son uno de ellos.

lunes, 19 de marzo de 2012

Culpables

Ayer, mientras veía el partido de Boquita, noté dos cosas que me llamaron la atención: la primera es que el paquete en el que venía el pelado Silva no traía los goles. La segunda, que De Paolo -el exrelator de Radio Mitre- repetía una y otra vez que al termino del partido, Kicillof estaría presente en 678 para hablar del ataque antisemita del medio monopólico. Atontado, en un principio supuse que se tomaron su tiempo para tocar el tema del chiste recontra nazi que había publicado Página/12 hace un par de meses, hasta que caí en la cuenta que se referían a la nota de La Nación donde mencionaban que Kicillof es nieto de un rabino. 

Ni bien inició 678, quedé anonadado con la afirmación del "gen derechoso". A cada rato lo mencionaban, como si fuera algo palpable, demostrable, como si fuera algo que sí se puede decir, como si no fuera grave hablar de genética de derecha, pero hablar del gen montonero sea motivo suficiente para que Cristina compare a un periodista con Joseph Menguele. Evidentemente, al beneficio de inventario ideológico, ahora se le suma el genético. Hay genéticas buenas y genéticas malas. 

Aunque tengo la certeza de que analizar la genética en busca de algún factor derechoso, dejaría fuera de juego a tres cuartas partes del gobierno, según 678 el gen derechoso es lo contrario a la manifestación popular y la algarabía que genera en el pueblo argentino la reparación histórica de los derechos humanos. Tiene que ver con la emoción que sintieron los wichís, los tobas, Salustriana y los muertitos de hambre de la patria ante el arribo al país del exjuez español Baltazar Garzón -destituido por quebrar la ley, no por zurdo- investigador serial de los crímenes de lesa humanidad ocurridos en cualquier parte del hemisferio occidental. El gentilhombre Garzón se pavoneó en su estadía flanqueado por Mamá Hebe, y eso, señores, es una de las tantas cosas que al gen derechoso le duele. Curiosamente, con Kicillof en la mesa, los análisis menguelianos sobre la supuesta genética derechosa, obviamente antisemita, convivía en 678 con el orgullo de sentirse parte de un gobierno que es respaldado por Mamá Hebe, una mina tan, pero tan antisemita, que le falta hacer chistes sobre la cuenta de gas de Hitler. 

Para el oficialismo no da discutir sobre si Boudou es garca, boludo o las dos cosas, como tampoco hay ganas de gastar tiempo en debatir qué pasa con esto de los trenes que chocan, la gente que insiste en morirse tan gorilamente, la protesta social -hoy desestabilizadora- o el ajustazo de la sintonía fina. Hoy, lo in es hablar de antisemitismo. Como la reivindicación setentista ya demostró que no le interesa a nadie, ahora nos vamos más atrás en el tiempo y hasta cruzamos el Atlántico. Obviamente, lo hacen mal. Así como recuerdan como "luchadores idealistas por la socialdemocracia" a quienes querían imponer la dictadura del proletariado mediante el uso de las armas para la toma del poder, al funcionario kirchnerista no lo atacan por ser un impresentable adolescente tardío -cuarenta pirulos tiene el joven militante- sino por ser judío. Ahora el kirchnerismo cree que está resistiendo en el Ghetto de Varsovia y que todo aquel que lo ataque es un nazi matajudíos. 

Jamás los escuché decir nada respecto de las afirmaciones del amigo bolivariano y su antisemitismo recalcitrante, quien ha acusado a los judíos de ser peores que los nazis. Hoy, los medios oficialistas venezolanos, sumidos en la campaña electoral, destacan que el contrincante Capriles, es sionista y gay. Nunca tuve el agrado de escuchar a alguien que cruce a D´Elía por sus cotidianas afirmaciones contra la colectividad judía, llegando al paroxismo de sostener que Schoklender garcó a las Madres de Plaza de Mayo por su condición de "paisano". Never in the puta life escuché a nadie del gobierno pararle el carro a Hebe de Bonafini por su total apoyo a Irán en la investigación por el atentado a la AMIA, como tampoco los escuché decir nada cuando Hebe apareció en la Plaza al grito de "bolivianos de mierda". El único que alguna vez dijo algo fue Horacio Verbitsky, que en 2001 había mantenido un interesante cruce con Mamá Hebe. Verbitsky había dicho que Hebe se equivocó al festejar el atentado a las Torres Gemelas. Bonafini respondió que el periodista dijo eso "porque además de judío, es pronorteamérica". 

Pero los nazis son los otros. Siempre son los otros, los que no están con ellos. Los culpables de cualquier cosa serán otras personas. Hace unos cuantos meses, desde este sitio, varios sosteníamos que el día en que ya no quede nada, la culpa será de quienes no quisimos apoyar el modelo. Hebe ya abrió el paraguas para aquel eventual día al afirmar que "si el proyecto fracasa, será culpa del pueblo, no de Cristina". No pienso que esto se deba a una declaración aislada de una persona. Sencillamente es el pensamiento del oficialismo, curiosa lógica mediante la cual la culpa es del que putea y no del que se manda la cagada. La culpa siempre será del mensajero.

Me cuesta creer cuál es el muy particular mecanismo de pensamiento mediante el cual nosotros -y por nosotros hago mención a ese conglomerado que en la suma total, no llega a la mayoría electoral- somos los culpables del posible fracaso de un gobierno que ya lleva ocho años, nueve meses y veinticuatro días en el poder. 

Seguramente somos los culpables por no decirle a Boudou que se fije bien con quién hace los negociados para forrarse en guita. En una de esas tienen pruebas para acusarnos de ser los responsables del despilfarro de recursos públicos que llevaron a que la carta orgánica del Banco Central deba ser modificada antes de que tengamos que pagar con billetes del estanciero y recibir el vuelto en moneditas del Bucanero. Es más que probable que nosotros tengamos toda la culpa de que la inflación esté entre las más altas del mundo por quinto año consecutivo. Debe ser por la compulsión que tenemos de pedirle al carnicero que nos cobre mucho más por ese pedazo amorfo que pretende vendernos como tira de asado. O en una de esas se deba a que nos sentimos tan felices que nos pondríamos piedras en los zapatos, pero preferimos pagar cinco mangos el litro de leche. Quién sabe, quizás tienen pruebas irrefutables de que nos gusta salir a cabecear balas de fumapacos. Es probable que los carritos cartoneros que todavía inundan los centros urbanos cuando cae la noche sean unos irresponsables que no quieren hacerse cargo de que son los triunfadores del modelo. Por ahí pueden comprobar la vinculación entre no votar a Cristina y las familias enteras que duermen en la calle con sus muebles, prueba irrefutable de que tenían techo hasta hace poco. 

De un modo increíble, todo lo dicho anteriormente puede resultar sarcástico, hasta que alguien lo diga. Si ya dijeron que la culpa de los muertos del Once es de los que viajaban en los primeros vagones ¿puede haber algo que sorprenda?

Lunes. Un cálido abrazo a Felipe Solá que ahora afirma ser independiente y no tener nada que ver con el kirchnerismo. Genio. 


miércoles, 14 de marzo de 2012

A los jóvenes de ayer

Hace un par de meses suponía que este iba a ser un año más que divertido y no me equivoqué. La tinellización de la política ha llegado para quedarse y el puterío harto, barato y berreta está a la orden del día. Mientras el gobierno nacional propone llevar el conflicto por los subtes a la justicia para luego afirmar que el Poder Judicial no tiene nada que hacer en cuestiones de gobernabilidad, Zaffaroni ya avisó que no sólo puede hacer algo, sino que es competencia de la Corte Suprema de Justicia intervenir en este tipo de cuestiones. 

La oposición planeaba una fiesta en el Congreso con el tema de Boudou y sus ganas de jugar al Estanciero con billetes de verdad y decidieron llevar al vicepresidente a juicio político. Mientras Vicky Donda repartía cornetas y Amadeo se colocaba el bonete, la UCR dijo que va a esperar un rato, porque una cosa es decir lo que se tendría que hacer y otra, muy distinta, hacerlo. Ayer, en el Senado se trenzaron entre el radical Morales y la vedetonga De Vido por el tema de los trenes. De Vido fue a defender el traspaso de los subtes y los bondis, y Morales le dijo que se haga cargo del accidente del Ferrocarril Sarmiento. Si bien creo que si Florkey no afloja con su nivel de gastos, Cris podría ceder la patria potestad a Macri, me sorprendió la discusión entre los radicales y De Vido. No tanto porque los radicales lo hayan interpelado fuera de programa, sino porque al ministro de Infraestructura de la Nación no se le ocurrió mejor argumento que decir que la culpa de los trenes la tienen los que dejaron el gobierno en 2001. Cambio de paradigma: hace diez días, la culpa era de Menem; hoy, de la Alianza. Quisiera saber qué opinan al respecto Zaffaroni, Conti, Garré, Lubertino, Abal Medina y otros prohombres aliancistas, aunque supongo que les debe chupar un gobelino.

Boudou, ajeno a todas estas cosas que presume aburridas, luego de defenderse de las acusaciones con un convincente y patriótico “son todas calumnias cercanas a Duhalde” (?) quiso participar de un acto en homenaje al exgobernador bonaerense Oscar Bidegaín. Desde aquí suponemos que Aimé no tiene la más puta idea de quién fue Bidegain, pero los pibes de La Cámpora tampoco y sin embargo quisieron reivindicarlo. Boudou se quiso sumar, La Cámpora no asistió debido a las inclemencias climáticas, el vicepresidente tampoco. 

Los muchachos de la vanguardia kirchnerista son raros a la hora de elegir a sus referentes. A Boudou lo ensalzaron y glorificaron durante meses. Afirmaban que era economista, “pero con onda”, que era la nueva política a pesar de pisar alfombras públicas desde 1998, y que su pasado de militante de la Upau eran falacias dichas para desprestigiar al otrora candidato a vicepresidente, hoy en funciones. No es de extrañar este tipo de actitudes, basta con prestar atención a los personajes históricos con los que se quieren ver representados y cotejar con el armado actual de la agrupación que los nuclea. 

Ser de La Cámpora es todo un anuncio, un renunciamiento a la sana crítica y a la rebeldía. Una cosa es reivindicar a Héctor Cámpora como presidente de la democracia y otra muy distinta es colocarlo en el lugar de prohombre revolucionario. Hace un tiempo, charlando con un par de jovatos que en su juventud formaron parte activa de agrupaciones revolucionarias –uno de ellos monto, el otro de la tendencia- les pregunté qué onda con Cámpora, tratando de divisar algún dejo de hijaputez. La respuesta, coincidente en ambos, resultó interesante: “Cámpora no era mal tipo, es más, era un tipazo. Su problema fue lo que había sido durante años su mayor virtud. No tenía carácter, no sabía cuándo decir no a nada. Perón ordenaba, él obedecía. Nosotros lo apretábamos, él cedía. Creo que lo queríamos más porque nos daba bola que por otra cosa.” 

La intención de participar en el homenaje a Bidegaín -el cual se llevó a cabo de todos modos- va en la misma línea de falta de brújula que el resto de sus reivindicaciones, porque la obediencia durante décadas del exgobernador fue tan cierta como el boleo en el orto que le dio Perón en enero de 1974 por haberse dejado copar el gobierno por montos de la talla de Arrostito y Habegger, más allá del detalle de que el departamento donde se planificó el asesinato de Rucci estaba a nombre de otro funcionario de Bidegaín. 

Más allá de la lucha armada, las distintas agrupaciones juveniles de aquellos años eran bastantes quilomberas, rebeldes y difíciles de amansar. Eran la Juventud Radical Revolucionaria que apretaba a Balbín sin que se les manchara la ropa interior, eran la JP que se le plantó a Perón para conseguir más espacios –no confundir con los Montos puteando en la Plaza- y lo eran, también, todos los que cuestionaban las estructuras de poder. Ser militante era el camino inicial que culminaba con una adultez burocrática. El militante estaba para recordarle al funcionario de dónde vino, para putearlo por olvidadizo y para discutir, cuestionar, reclamar dentro del mismo espacio político. 

A ese espíritu tan propio de la naturaleza humana, hoy pretenden darle un marco cronológico. Existió solamente en la primera mitad de la década del setenta y eso lo decidieron quienes hoy pretenden reivindicar aquellos años como el ideal a aspirar por la humanidad. Obviamente, para llegar a este punto, tuvieron que trastocar algunas cosas. Reivindican lo que les conviene desde la comodidad del siglo XXI, sin amenazas militares y sin grupos tanto o más locos que los enfrenten. Desde esta óptica tan particular, alzarse en armas era la única vía para el restablecimiento democrático y no el camino para la toma del poder. En idéntico sentido, este engendro de capitalismo de amigos, control del dólar y reparto de subsidios, es el sueño cumplido de aquellos que militaban por el establecimiento de la patria socialista y que pretendían colocar las estructuras burguesas patas para arriba.

Ante este panorama es lógico que aquellos que se hicieron militantes burocráticos y se sumaron al modelito de Cristina se sientan identificados con aquellos pibes que no tenían problemas en pasar a la clandestinidad y enfrentarse a riesgo de perder la vida por lo que ellos -equivocadamente o no- creían correcto. Para los muchachos de hoy, una columna de Pagni en La Nación está a la altura de ser sentenciado a muerte en "La Cárcel del Pueblo" de la revista Militancia -o en El Caudillo de la Tercera Posición, elijan según la ideología. Que tres barrigudos de la bonaerense les impidan entrar a un acto es lo más parecido a que la Federal los corra a los tiros por querer copar la Plaza de Mayo. No es de extrañar, entonces, que Heyn este en el pedestal de la santa militancia impoluta, aunque ser chupado por un grupo de tareas a la salida del laburo no se parezca demasiado a una paja Xtreme. Si al menos se bancaran estas pelotudeces, estas chiquilinadas de plazoleta, al menos serían un poquito más respetados. Algo, no mucho. Sin embargo, necesitan de la intervención de Cris para que los cuide de los malos. Y para ello, nada mejor que un buen discurso que no tenga un pingo que ver con el motivo del evento en el que se brinda.

La Presi anunció el lanzamiento del Plan para la Igualdad Cultural, al que supongo que querrán darle otro sentido que el que se expresa en el enunciado, dado que nos vienen rompiendo los gobelinos desde hace casi una década con la diversidad cultural. Cris, emocionada, pidió que así como tuvimos un Tecnópolis, deberíamos tener un Artépolis.

(NdelA. Un amigo lingüista que se suicidó después del discurso, dejó una nota que decía lo siguiente: "Arte proviene del latín Artis, que es el equivalente al griego Tekhné, lo que hoy llamamos, vulgarmente, tecno. Por lo tanto, Tecnópolis significa lo mismo que Artépolis, si es que alguna de las dos signifca algo. No sé qué quiso inventar pero ya no lo soporto. Los quiero muchísimo. Adiós")

Luego de contarnos que el monto a gastar en el mega plan cultural del bicentenario es una cuarta parte de lo que se gasta en Fútbol para Todos, Cris quiso darle al proyecto un espíritu de unión nacional a su modo, por lo que trató de macartos -sic- nazis y antisemitas a los que dijeron que Axel Kicillof invierte la guita en propiedades del extranjero, luego de acusar de estigmatizadores acomplejados a los que pedían que se liberara la autopista Illia y de comparar con Menguele a quienes criticaron que en el gobierno haya tantos hijos de personajes de antaño. 

Debo coincidir con Cristina en la sorpresa que me generó que definan a los camporitas y camporitos como contestatarios. Me llamó tanto la atención como que traten de pibes a flacos que están más cerca de tener problemas con la próstata que con el acné. A ella le pareció una crítica injusta de algo que sí existe, a mí, en cambio, me resultó un exceso ridículo. La propia Presi marcó la diferencia entre los militantes de antes, que se sumaban a un proyecto con la ilusión de lo que podía resultar, y los pibes de ahora que se suman a lo que ya existe. Con el diario del lunes todos somos directores técnicos. Militancia es tener fe en un proyecto y en lo que pueda surgir, con incertidumbre, pero esperanza. Te puede salir mal, te puede salir bien. Entiendo que la gente se sume a lo que creen que es un exitazo, pero de ahí a marcar como loable hacerse hincha del Boca de Bianchi después de la segunda libertadores, es como mucho. Calificar de contestatarios a gente que es incapaz de esbozar una crítica al sistema ni aún cuando el modelo les revienta en la cara con la fuerza de un tren estrolado en Once, sería un exceso si no fuera una carencia total de análisis de la realidad. Atacar a los mismos que antes se defendía sólo porque Cris cambió de opinión, en mi barrio se llama obsecuencia y está bien, bien lejos de cualquier actitud que tenga un dejo contestatario.

Los muchachos de antes no usaban brillantina.




Miércoles. A los que se asustan porque C5N levantó el programa de Longobardi: en 2009 levantaron Andrés Klipphan porque lo tenían a Becerra pegándole duro y parejo a Diana Conti. ¿Qué esperaban si lo ponen a Alberto Fernández a pegarle a Cristina?

viernes, 9 de marzo de 2012

Discriminemos

En una nueva edición de su espectáculo oral, la Presi habló ayer de varias cosas que no estaban comprendidas en el programa previsto, a no ser que preguntarle a una quiaqueña qué opina de los subtes porteños tenga que ver con la inauguración por segundo año consecutivo de la conexión de pueblos a la red de gas natural. Conexión que no estaba el año pasado y, obviamente, tampoco está ahora. 

Desde el vamos anduvo áspera. Tirar números de soluciones habitacionales y de inversiones millonarias en obras públicas realizadas puede sonar maravilloso, pero hasta el más desprevenido entra a dudar cuando Cris afirma que todo lo hizo sin victimizarse jamás. Si desde principios de año lloró -al menos- dos veces al pedir ayuda, afirmando que nunca atacaron a un gobierno tanto como al de ella sólo por un par de planteos gremiales y un desacuerdo político con un gobernador, y así y todo afirma que jamás se victimizó, debería -incluso el más desinformado- sospechar un poco de cualquier afirmación que provenga de un altoparlante gubernamental.

Mediante teleconferencia, la Presi hablaba con gente de La Quiaca, puntualmente con Salustriana, a quien recurrió para pegarle a Mauricio porque los porteños tienen subte y Salustriana nunca se subió a uno. Increiblemente, pareciera que por haber nacido en Pasco y Alsina, yo debería sentirme culpable de que en el resto del país no tengan subtes. Más difícil de entender resultó que Cristina invitara a Salustriana a subirse al Tango 01 -que ese también lo paga Salustriana cada vez que compra un sachet de leche- para que viniera a conocer lo bien que vivimos los porteños gracias a los subsidios que desde hace nueve años administra el kirchnerismo. 


Casi sin quererlo, los medios oficialistas dan testimonio a diario de las contradicciones. Sin ir más lejos, el diario Tiempo Argentino publicó en una misma semana cuatro tapas que hablan por sí solas. En la primera de ellas anunciaban que el gobierno nacional suponía que el conflicto por los subtes podría terminar en la Corte Suprema de Justicia. En la segunda, en cambio, informaban que Macri había recurrido a la justicia con una medida cautelar. En el diario del miércoles, comunicaban que De Vido había demandadó al gobierno de la Ciudad ante la Cámara Federal en lo Contencioso Administrativo por incumplimiento de contrato. Ayer Cris dijo que no le gustaba que los que no saben gobernar utilicen a la justicia para dirimir su incapacidad de gestión. Hoy, el diario tiene en tapa estos últimos dichos. Nadie resiste un archivo, pero algunos no resisten esta tarde, no más. 

Pero Cris está dispuesta a romper todos los récords. Contradecirse con el paso del tiempo es para pechofríos. Los y las corajudos y corajudas ponen lo que hay que poner para decir que sí y no a la misma cosa en una sola frase, como al afirmar que la ciudad se tiene que hacer cargo del subte porque sería lo mismo a que el gobernador de Salta no tuviera con qué interconectar sus distintas ciudades y el gobierno no le prestara ayuda. 

El desconocimiento a veces asusta. Ningún gobernante tiene la obligación -ni la posibilidad- de saber todo de todo, para eso existen los ministros, los secretarios, los subsecretarios, los directores, Google y el Pequeño Larousse Ilustrado. Ahora, que la Presi afirme que los porteños no necesitamos colectivos porque tenemos subtes, da miedo. Por suerte, fuentes consultadas por este servidor afirman que el proyecto de sacar todos los colectivos de Tigre porque tienen lanchas fue descartado hasta tanto se evalúe bien el impacto social, al igual que la idea primigenia de levantar las vías ferroviarias en gran parte del conurbano dado que la mitad de la población se desplaza en carros cartoneros. 

Entre tanto, Cristina le contaba a Salustriana que, mientras ella lleva a los pibes al colegio a lomo de burro en Buenos Aires los escolares pueden ir por $1,10 -con 59 pirulos la Presi tampoco se enteró de que existe el boleto escolar- para luego invitarla a recorrer el subte porteño, a lo que la compatriota jujeña le interrumpió con un interesante "disculpe señora Presidenta, pero nosotros necesitamos cosas más buenas que un subte". Cristina, genia de la vida, interlocutora intergaláctica, oradora master of the universe, egocéntrica namber uan le contestó "qué voy a ser buena, yo soy una más, siempre me gustó ser una más". 

De un modo más que interesante, es dable destacar este diálogo entre la primer mandataria y una ciudadana de la argentina border para finalmente poder justificar otros grandes eventos de la historia cristinista. Los muertitos de hambre de ayer y candidatos para mañana le reclamaban pan, la Presi entendió RAM y les mandó las netbooks. Finalmente, cerró la clase del día brindando "un inmenso pedido de disculpas por parte de algunos que se creen que han nacido diferentes por el solo hecho de vivir en determinados círculos". Curiosa frase proveniente de una mina que desde hace veinticinco años sólo se sube a aviones, helicópteros para trasladarse veinte kilómetros y automóviles impagables -que, obviamente, no son de producción nacional- que no repite dos días la misma ropa, que realiza sus compras en shoppings europeos o neoyorkinos y que la única porción de su patrimonio que puede justificar legalmente, tiene toda la ética de la usura y el amparo de leyes dictatoriales que podía aplicar por pertenecer a un círculo tan pequeño que hasta su propia cuñada era funcionaria de los militares.

En idéntica sintonía, Julio De Vido -cada vez más parecido a Fernando Siro- se contagió de la Presi y dirigió unas palabras a quienes presenciaron la asunción del nuevo secretario de Transporte de la Nación. Envalentonado, el ministro refirió que Macri no quiere los subtes porque no le gustan los paisanos de pelo negro. Otro que no se tomó un subte never in the puta life. Más allá del acto tan despectivo de suponer que el usuario del subte es groncho, sólo por el hecho de provenir del conurbano, De Vido tendría que ponerse de acuerdo. No pido que chusmee las estadísticas de usuarios, pero dar a entender -esquivando toda normativa referida al transporte- que el gobierno porteño debería hacerse cargo del mantenimiento de un servicio que es utilizado sólo por el conurbano, es mucho. Sin embargo, debo reconocer que la idea de que las prestaciones públicas sean mantenidas sólo por sus usuarios es, cuanto menos, interesante: si Cristina tuviera que pagar cada viajecito en avión o helicóptero -que garpamos entre todos- la veríamos yendo en monopatín a la Rosada y cruzando el atlántico en gomón a remo cuando se va de gira.

Curiosamente, cualquiera de estas afirmaciones provenientes de alguna boca no oficialista, habría derivado en un escándalo discriminatorio, Inadi mediante. Desde que al negro hay que decirle afroamericano aunque haya nacido en Ensenada, desde que al paralítico hay que llamarle persona con movilidad aunque tenga una silla de noventa caballos de fuerza, desde que al ciego hay que decirle "no vidente" para que no se sienta ciego, sino que tan solo no ve, tengo la sensación de discriminar más que nunca. A mí, particularmente, nunca me generó ningún problema llamar a las cosas por su nombre al momento de describir una persona. Si me preguntan cómo es el muchacho que vende bijlouterie en Pueyrredón y Corrientes, me siento ridículo al afirmar que es de tez afroamericana. 

En los últimos años se impuso la moda progre de sentir culpa y comprensión hacia quien deberíamos considerar inferior a nosotros, por ello debemos llamarle con otros nombres para no ofenderlos, como si yo me sintiera ofendido porque me invitaran a ponerme a dieta o comprarme un corpiño. Es la culpa progre, culpa por sentir que deberían haber hecho algo en un momento que no lo hicieron y hoy necesitan reivindicar lo que pasó hace mucho, mucho tiempo. No es novedad que el progre atrasa, pero que nadie ponga en tela de duda algunos conceptos establecidos como dogmas por temor a la represalia de ese sector de la sociedad que en las últimas elecciones a duras penas llegó al 5% de los votos emitidos -y en listas que adherían a las del Frente para la Victoria- es como mucho. 

De Vido sostiene que a Macri le molestan los paisanos de pelo negro, pero su jefa sólo toca morochos a través de una valla, luego de descender de un helicóptero que le impide ver que muchas familias -de todos los colores- no se enteraron de que son los verdaderos triunfadores del modelo y pernoctan a la interperie. Si a Macri le molestan o no los morochos, lo desconozco, pero sería fácil de averiguar preguntándole al primo Jorge, que si bien es Macri, es del conurbano y tiene un color de piel que para salir en las fotos de noche debe mostrar los dientes. Lo que sí tengo bien en claro es que decir morocho del conurbano a cualquiera que vivá más allá del horizonte, es tan despectivo como falso y simplista, además de ser un argumento choto y despreciable para ser utilizado en un debate por políticas públicas.

Pero va a pasar desapercibido, porque De Vido dijo "paisanos de pelo negro" y no gronchos del segundo cordón. Es otra forma de expresarse -más correcta- para discriminar en serio pero con otras palabras. Es discriminar al porteño, que aunque tenga el apellido de un almacén de barrio y viva en Mataderos, no tiene derecho a quejarse porque es un porteño, y por contraposición al conurbano, es rubio, adinerado, gorila, golpista y apátrida. 

De todos modos, no puedo agarrármela con De Vido, dado que debe sentirse libre de discriminar a quien quiera, dado que la propia Presi lo hace. Cada vez que a Cristina alguien le dice algo que no le gusta, se coloca en su papel de mujer víctima de la sociedad, acusando -tácitamente, por contraposición- de machista al atacante que se atrevió a enfrentarla. Claro signo de los tiempos que corren, Cristina destroza siglos de lucha femenina para alcanzar la igualdad de derechos y oportunidades del hombre. Ayer, sin ir más lejos, en la inauguración de la Galería de los Ídolos Populares en la Casa Rosada, dijo algunas palabras sobre el Día Internacional de la Mujer, llamando a tomar consciencia frente a la descalificación sufrida por el sólo hecho de ser mujer. Como el acto se dedicaba a ídolos populares, sugirió que faltaba la imagen de Isidoro Cañones porque seguro estaba con Macri, descalificándolo sólo por ser un tipo de guita, como si existiera algún funcionario pobre en inmediaciones de la Plaza de Mayo. Mauricio quizás se lo merece por haber dicho que Cris seguro sabe mucho de zapatos y carteras pero no de subtes, pudiendo haber afirmado lo mismo sin estereotiparla, pero pasar de la crítica a la descalificación fácil directamente a la descalificación fácil, quita toda importancia al sentido que se le pretendía dar.

Puede sonar inoportuno, y algún cabeza de tacho me llamará misógino o neanderthal, pero así como hay muchas cosas que todavía hay que solucionar en beneficio de la mujer, hay otras en las que el hombre necesitaría alguna ley que lo proteja. Desde la preferencia inmediata por la mujer en materia de derecho de familia, donde el hombre es culpable hasta que demuestre lo contrario y donde una mina puede hacer impunemente cualquier cosa por la que un hombre terminaría en cana, hasta esas medidas que algunos consideran como "discriminación positiva". 

Parece increíble, pero muchas mujeres de la política -incluso de las que no adhieren al oficialismo- sostienen que el cupo femenino en las listas electorales es una conquista en la lucha por la participación en pie de igualdad con el hombre. Resabio de tiempos pasados -si mal no recuerdo, el 30% de cupo fue legislado en 1983- en los que sí eran necesarios para quebrar determinadas barreras, hoy considero que no sólo no tiene sentido, sino que se ha convertido en una medida discriminatoria hacia el sexo masculino: por más preparado que te encuentres, podrías quedarte sin candidatura por el sólo hecho de tener pene. 

Por una cuestión de mera coherencia, cualquier medida que se pretenda igualitaria, jamás puede ser restrictiva. Es incongruente, un helado caliente, una rueda cuadrada, agua deshidratada. Estamos en pleno siglo XXI, Europa es liderada por una mina, Brasil también, Chile tuvo la suya, al igual que Irlanda, Costa Rica, Suiza, Croacia, Islandia y la India. En nuestro país tenemos por tercera vez un gobierno encabezado por una mujer, dos provincias en manos femeninas y varios referentes opositores que pueden cruzarse de piernas sin apretarse un huevo ¿Es necesario, aún, el cupo femenino? 



Viernes. Yo sólo discrimino a una clase de personas: a la que no trabaja pudiendo hacerlo. Es que no quiero competencia. 

martes, 6 de marzo de 2012

Blableríos Nacionalistas

En un mundo justo, discursos superiores a tres horas estarían prohibidos. Nada interesante puede ser transmitido en tres horas, materialmente es imposible, es tanta la información volcada que de todo lo dicho, cada receptor guarda sólo algo y el resto ni siquiera lo descarta, directamente no lo procesa. Pero la Presi se tomó muy a pecho esto de Gobernar, por lo que retomó por lo que mejor le sale: hablar. Poco, pero es lo que hay.

Durante el transcurso del discurso hice de todo: almorcé, tomé café, boludeé en Twitter, jugué en Facebook, ordené la discoteca por orden alfabético inverso, barrí, lustré los muebles, me afeité, intenté resucitar mi planta de peperina que la tormenta de la semana pasada ahogó. Es increíble todo lo que se puede hacer en tres horas y no pude evitar pensar en todo lo que habrán querido hacer los legisladores que no pudieron despegar el culo de la butaca, pero me pareció relativamente justo. Ya que van a cobrar en un mes el doble del salario anual mínimo de un laburante, que se jodan.

Intentar traducir la inmensa orgía de palabras es en vano -y presumo tortuoso- además de no tener sentido alguno. Cristina tiene un patrón de modelos: un puñado de párrafos que se intercambian entre sí y se remozan ante cada audiencia, en un claro desconocimiento de las tecnologías de la comunicación. Uno entiende que le cuesta pegar el salto al siglo XXI, pero pensar que los microconvocados de Ciudad Evita nunca la escucharon hablar de lo genial de la Asignación Universal por Hijo o del mayor crecimiento económico sostenido desde que la Eva Mitocondrial cruzó el Cuerno de África, es como mucho. En un sencillo ejercicio, a la AUH y el crecimiento económico sostenido, se le suman menciones a la política de derechos humanos, la tasa de desempleo, el aumento de las jubilaciones y referencias místicas a su difunto esposo. A ese combo básico, se le agrega una pizca de improvisación, cagadas a pedos a gusto, y listo.

Los que no aprenden más son los que se la pasaron durante semanas pidiendo que aparezca Cristina. No era que estaba callada, estuvo ahorrando. La semana que estuvo sin hablar fue porque estaba concentrando, el lunes hizo el precalentamiento en Rosario y el jueves nos entregó el resultado de días con el upite cerrado. ¿Querían que aparezca y hable? Ahí la tienen.

La puesta en escena conocida tuvo menos convocatoria que otras veces -venir en el Sarmiento es riesgoso y no tener subtes para hacer Once-Congreso por el paro, un dolor de huevos- pero así y todo hicieron lo posible para terminar de cagar el tránsito del centro porteño con la sola intención de ver en pantalla gigante lo mismo que podrían haber visto desde sus casas. La Presi apareció entre una lluvia de volantes que acusaban a Boudou de mentiroso, saludó con una mano en la teta izquierda y empezó a hablar con la intención de cumplir con el mandato constitucional de realizar la apertura de sesiones legislativas y dar el estado de situación nacional.

Para resumir un poco, arrancó con uno de sus párrafos móviles favoritos: que desde 2003 vivimos el crecimiento sostenido más importante de la historia. Esta vez quiso ilustrarnos con algo de estadística histórica y tomó como referencias a los períodos 1970/76 -crisis del petróleo, desabastecimiento, lock out, subversión- 1982/88 -Plan Austral, Plan Primavera- y 1994/2000 -neoliberalismo, Vodka, Tequila, etcétera- para luego afirmar que, si tomamos comparamos el crecimiento de los últimos años con cualquiera de los períodos mencionados, crecimos más que Brasil. Uno sabe que los números los dibujan como quieren, ahora, que la Presidenta dé una clase en vivo y en directo, da como un poco de nervios. Pero lo más preocupante no es que lo haga, sino que se lo crea.

El momento de auto oposición -ese período lisérgico en el que Cris inicia la crítica al sistema- arrancó con "hay que darle mayor poder adquisitivo a los sectores más vulnerables, esos que no tienen poder de ahorro y que no pueden comprar dólares". En un principio, supuse que se refería a la totalidad de la clase media para abajo, esos que no tenemos poder de ahorro y que tampoco podemos comprar dólares por la persecución de la Afip, pero no, se refería a ese grupo de personas que luego, en otro párrafo del discurso, negaría que existen, a pesar de que muchos tienen su vivienda a pasitos del Congreso, sobre Yirigoyen, en la puerta de la Caja de Ahorro.

Siguió tirando numeros al boleo -párrafo aparte merecería la consideración de que es un logro de que la producción industrial haya superado a la agropecuaria, cuando en realidad quiere decir que la segunda se fue al tacho- ante la euforia de una tribuna que aplaudió la noticia de que nuestro país fue uno de los que más creció en materia de importaciones y el estupor de quienes nos morfamos puteadas por antinacionalistas cada vez que nos quejamos por no conseguir un puto juguete como la gente. Sin embargo, debo reconocer que ya no genera sorpresa: fue a dar un informe de situación del Estado del último año, y sólo tiró números -casi los mismos números- que el año anterior, y el anterior, y el anterior. Incluso, volvió a repetir -casi sin diferencias- las mismas palabras que el lunes pasado respecto de los bonos Boden 12, del corralito, de los bancos y de los millones de dólares pagados -otra vez- a pesar de la gente que nunca verá un dolar.

El evento entre la mujer de la palabra fácil y los aplaudidores más caros del mundo occidental tuvo sus picos de rating en la emoción de los espectadores. Así como Cinthia Fernández con la argolla al aire en Bailando por un Sueño, uno de los momentos más orgásmicos se vivió cuando la Presi se quejó de que los docentes trabajan cuatro horas por día y descansan tres meses al año. En este momento podríamos estar discutiendo si la Presi tiene razón, si no fuera porque lo dijo frente a una audiencia que labura sólo cuando la Rosada decide que hay que sancionar una ley, que tienen las vacaciones más largas de la función pública y que vienen de aumentarse un 100% los ingresos, sin necesidad de paritarias, sin puja salarial, sin peleas ni informes inflacionarios. 

No es difícil creer que una persona pueda estar hablando tres horas, en todo caso, lo que cuesta asimilar es que una persona hable tres horas y no diga nada. Es lógico que una exposición en la que afirman que nos van a seguir empomando, dure lo mismo que el turno de un telo. Cris demostró que puede esto y mucho más, mellando alguna que otra excepción a la regla para afirmar haber encontrado que es lo que hace falta hacer. Si bien no aclaro que fuera a hacerlo, hay que reconocer que es todo un avance: desde el “Sabemos lo que falta, sabemos cómo hacerlo” de 2007, al “pudimos haber hecho mucho más, pero hicimos mucho”, frase que generó aplausos entre los mismos que se emocionaron con “él puede no haber hecho todo, pero que hizo mucho, nadie puede negarlo” de hace unos doce años. Entre las tradiciones propias del kirchnerismo, también pica en punta la costumbre de aplaudir ante la señal. Lo que en la tele es un cartel de "Aplausos", en los discursos es cada vez que la Presi asentúa la última palabra y hace una pausa. No importa si la frase termino en "sinergia", "desagregamiento" o "reprimarización", lo importante es aplaudir.

Entre las repercusiones inmediatas del discurso presidencial, la traductora a lenguaje de señas evalúa el reclamo de un plus por trabajo insalubre, mientras los pibes de La Cámpora analizan si deberían hacerse cargo del aumento en la producción de leche ponderado por Cris. Desde Bolivar 1, Mauri dio una conferencia de prensa que perdió todo valor desde el momento en que el Jefe de Gobierno dijo “la Presidenta sabe más que yo de zapatos y carteras”, para luego dar a entender que el Gobierno Nacional lo estafó con el traspaso del subte, con lo cual uno se pregunta cómo es que todavía confía en la Rosada luego de que le enchufaran un espía en la Metropolitana, después de que quisieran encanarlo y a posteriori de haber intentado voltearlo tantas veces como en las que Mauri se quiso hacer el gracioso. Pareciera que la puja por el subte tiene a los porteños presos de una pelea entre un gobierno que primero tomó el sistema de transporte, actualizó la tarifa para luego devolverlo al otro gobierno, que pide que los demás se hagan cargo de algo, mientras buscan algún marciano a quien puedan culpar del choque del ferrocarril Sarmiento. 

Un gran sector del arco político aún espera la aparición del nuevo número de Ser Progres Hoy, donde suponen que tendrán alguna columna que explique por qué Laclau puede seguir opinando sobre argentina viviendo en Londres, u otra nota de Forster en la que se aclare cuáles son las resistencias populares que valen y cuáles son tan solo una expresión más del gorilismo vendepatria. 

Finalmente, Guillermo Moreno llamó a aumentar la producción de forros nacionales. Confundido, el Cuervo Larroque afirmó que nunca dejaron de afiliar pibes. Margot Stolbizer, por su parte, se encuentra coordinando, junto con otros representantes del Frente Progresista y del GEN, a la nueva juventud patria. A grades rasgos, la idea es crear una contracara de la juventud oficialista, de la cual consideran despectivo que sean en su mayoría burócratas del Estado. Además de no darles laburo, los encerraron a debatir sobre progresismo. Y después se quejan de que los jóvenes no quieren saber nada con la política.

Ayer por la tarde la Presi se sintió con síndrome de abstinencia verbal y tiró unas palabras sobre Malvinas nuevamente. Además de lo de siempre -que los ingleses son colonialistas, que si no las devuelven los vamos a acusar con el preceptor además de hacerles "corto mano corto fierro" y cantarles "cucharita cucharón no me junto más con vos" por ser malos muy malos- anunció la creación del Museo y Memorial de Malvinas Argentinas en lo que ella considera el lugar más emblemático: el Museo de la Memoria en el edificio que fuera de la Escuela de Mecánica de la Armada. 

Entre las perlitas verbales, cabe destacar la referencia a que en el futuro museo se va a contar "la historia verdadera". Luego de afirmar la veracidad de la historia a contar, Cris hizo referencia al Operativo Cóndor, poniéndolo como ejemplo del verdadero "touch & go" -sic- que, según ella, debería haber llevado adelante el gobierno de Galtieri. Ya que la Presi también nombró a Dardo Cabo -y si realmente se hubiera conmocionado como dice que se conmocionó a pesar de ser "chiquita" en 1966- por ahí habría recordado que la intención de los locos lindos que secuestraron un avión para aterrizar en Malvinas no era, precisamente, la del "touch & go". 

En primer lugar, comparar el Operativo Cóndor llevado a cabo por una veintena de muchachos muy jóvenes, con una guerra declarada por un Estado contra otro, es tan infantil como suponer que es valedero decir que putear a la Presidente y ser terrorista es lo mismo. En segundo lugar, porque el plan no era el "touch & go". El plan era llegar, izar las banderas argentinas y tomar la casa de gobierno. Lo que fuera a pasar después, no importaba. Considerar que esos planes eran los de un touch & go es, cuanto menos, no haber leído ni los diarios. Los "cóndores" nunca se rindieron ni aceptaron ser detenidos, dado que no reconocían a otra autoridad en las islas más que al comandante de la aeronave de Aerolíneas Argentinas. 

Un cacho de historia nunca viene nada mal. La Presi dijo que el Operativo Cóndor fue un accionar bien peronista. Cosas de la vida, el único integrante del Operativo Cóndor que quiso convertirlo en un hecho peronista fue Alejandro Giovenco y recibió el rechazo de los otros integrantes del operativo, dado que -independientemente de las simpatías políticas- consideraban que teñirlo de contenido partidista, le quitaría el espíritu nacionalista con el que habían concebido la hazaña. Si así es como van a contar "la verdadera historia de las Malvinas", ya veo el resultado que tendrá el proyecto.

Pero la Presi no baja los brazos. Y en su función de armar ensaladas -consideró que la causa Malvinas es un tema de derechos humanos- volvió a darle entidad al exgeneral Jorge Videla para cerrar el discurso, puteando porque lo dejan hablar y acusando a los medios que reproducen sus palabras de querer lo mismo que Videla, a quien terminó metiéndolo en la causa Malvinas, a pesar de haber estado en su casa tomando mate y escuchando la invasión por radio. 

El argumento nacionalista no es una cuestión menor. Independientemente de muchos casos individuales, a nivel social el país tuvo un fuerte factor nacionalista desde sus inicios. Desde la comodidad del siglo XXI cuesta dimensionar -ni que hablar si pretendemos entender- que muchos tipos nacidos en territorio español hablaran de patria al referirse a las provincias que estaban independizando. Ya entonces éramos una mezcolanza importante de muchas patrias reunidas bajo un mismo techo estatal. Ni que hablar durante el siglo XX. Mucho menos podemos entender a esos locos de nuestros padres o abuelos que decidieron, con orgullo, manifestarse argentinos, muchos en su propio lecho de muerte, cagándonos la ciudadanía europea a todos sus descendientes. Ellos lo decían en cocoliche o con acento gallego, pero se les entendía bien claro: eran y se sentían más argentinos que el mate con tortafritas una tarde de lluvia. 

Luego de casi tres décadas de democracia, cuesta entender el nacionalismo de antes, sobre todo cuando los nacionalistas de hoy en día se preocupan más por el color de piel de los inmigrantes de hoy que por el rol que cumplen en el país que cohabitan. Sin embargo, y aunque cueste creerlo, hubo una época en la las banderas flameaban en los balcones incluso fuera de los mundiales. Más allá de mi pasión futbolera, creo que el primer indicio de que nuestro nacionalismo se fue al tacho fue cuando consideramos que sacar a Inglaterra del mundial de 1986 fue una reivindicación patriótica por la derrota en la guerra austral de 1982. 

Nuestro nacionalismo perdido, nació de gestas inigualables, con héroes que ganaron su lugar en la historia mostrando uniformes militares y a los que hoy se pretende recordar como meros abogados. Creció a pasos agigantados con tipos que estaban tan seguros de lo que creían y defendían, que no dudaron en llevar la bandera de la libertad a otros países. Se consolidó con gobiernos que consideraban que un Estado fuerte y presente no significaba un elefante dopado suelto en una exposición de estatuas. Se agigantó con bonanzas económicas que se reflejaban en el poder adquisitivo de los trabajadores -hablar de pobres es un neologismo a nivel estadístico de las últimas décadas- quienes afirmaban que la patria estaba donde se encontraba el hogar y sentían que el hogar era donde se podía desarrollar una vida digna. 

Pretender construir un nacionalismo sin gestas patrióticas, en tiempos de necesidades económicas y con una dirigencia que se pelea por demostrar quién es más progresista, sólo es posible en esta era, donde lo más cercano a la utilización de un avión o recursos militares para la reivindicación de la soberanía fue llevado adelante por los hermanitos Juliá al sacar una tonelada de merca desde la base aérea de Morón con destino a la madre patria. Los que gustan del espíritu nacionalista, supongo que tendrán en claro que nacionalismo significa sentimiento de pertenencia. Y para sentirse parte de algo, primero hay que sentirse orgulloso de ello. Y eso, lamentablemente -¿lamentablemente?- no se consigue sólo con discursos.


Martes. Bla, bla, bla.