lunes, 23 de abril de 2012

Dubai del Sur

Cuando no hay épica, cualquier riña de bar tiene pinta a resistencia en el Ghetto de Varsovia. Cada acto que la Presi lleva adelante es "un día histórico", cada anuncio pedorro es "el evento más importante de las últimas décadas", así se trate de una obra pública majestuosa o la creación de un canal de televisión. La última semana se emocionó con la expropiación de la mitad más uno de lo que queda de YPF, y no es para menos.

La oposición política demostró que está de liquidación por discontinuidad y dio el visto bueno. Binner manifestó la posición del FAP -Frente de Amigos Públicos-, su fuerte no rechazo a la medida adoptada por el gobierno, su férrea actitud de no resistirse a nada, y su implacable compromiso de votar por el oficialismo, pero con mala gana y carita de asco. Mauricio dio una conferencia en un horario asesino para asegurar que no estaba para nada de acuerdo con esta forma de estatización y que alguien tenía que pensar en Antonia. Los radicales sólo querían que los dejaran hablar en cámara, luego comprometieron el voto a favor y alguno que otro se adelantó a Cristina y cargó contra Macri por decir lo que dijo.

Debo reconocer que, en estos casos, el gobierno logra descolocar a más de uno más en base al mensaje, que al acto en sí. Ningún radical podría oponerse a la idea de volver a contar con los Yacimientos Petrolíferos Fiscales en poder del Estado, a ningún socialista le da la cara para oponerse a algo que ellos siempre quisieron, y así. No sé si lo hacen por temor, por vagancia, o por incapacidad para leer la realidad, aunque sospecho que va un poco de cada opción en partes iguales. No es oponerse a que YPF vuelva a manos estatales, es decir que no a que la manejen los mismos que la privatizaron, acompañados por los mismos que colaboraron en el saqueo, y todos juntos con los que aniquilaron de un corchazo la autonomía energética del país. Puedo entender el sentimiento patriótico, el nacionalismo de muro de Facebook, pero sigo en la espera de que alguien se pregunté por qué y para qué ahora o, al menos, algún sesudo análisis que me permita comprender que un gobierno que no logró aumentar una sola fuente de ingreso, serán los que puedan convertirnos en Nueva Dubai.

En tren de éxitos, la Presi  anunció el lanzamiento de Tecnópolis TV, donde inició hablando de ciencia tecnológica y terminó hablando sobre Carolina Peleretti, de cuánto frío debe hacer en la Antártida y que a la mamá le gusta mirar programas de cocina. Interesante fue escuchar que esta nueva señal venía a cubrir un nuevo rubro, dado que ya tenemos señales públicas infantiles y de noticias. Entiendo que América 24, Crónica TV, C5N y CN23 vivan de la nuestra, pero de ahí a decir públicamente que tenemos canales estatales de noticias, es un poco fuerte. Luego de oficiar de TV Guía, Cris nos contó que le hizo gastar a todos los argentinos cien millones de dólares en comprar diez vagones de subte para que Salustriana pueda conocer cuando venga en el Tango 01 a Baires. Cien millones en diez vagones que supuestamente son para la línea A. Cien millones en diez vagones que no sirven. Cien millones mal gastados, dado que el gobierno de la Ciudad tiene una compra por una suma superior de coches que nunca puede realizarse, dado que Nación no mete el gancho para avalar el préstamo del Banco Mundial.

[NdelA: A excepción de la línea B, el resto de las líneas de subte se alimentan vía aérea -esos cables que cuelgan del techo- y de estas, todas utilizan el mismo voltaje, menos la A, claro. Para poder incorporar nuevos coches, hay que adaptarlos al voltaje diferencial. Eso, o repotenciar la catenaria y cambiar todos los coches.]

Por suerte la Presi levantó la puntería y el jueves se fue hasta San Juan para -según sus propias palabras- inaugurar cinco megavatios. Allí nos contó de la necesidad de cambiar la matriz energética argentina. Cris posee tanta humildad junta que hasta se olvida que, si hay algo que tomó como prioridad el kirchnerismo, fue el cambio de nuestra matriz energética. A fuerza de fusilamiento de reservas, volvimos a juntar leña y a acopiar leña. Nuevamente aprovechó para pegarle tácitamente y en ausencia a un Jefe de Gobierno de oratoria difícil, aduciendo que le gusta descansar mucho. Por suerte, ella siempre está en los momentos más difíciles, como cuando murieron estroladas cincuenta y una personas a bordo de un tren y sólo tardó cinco días en aparecer a contener a las víctimas y sus familiares, llorando y pidiendo piedad a 306 kilómetros del lugar del accidente.

La autosuperación es una cualidad que no muchas personas poseen. Es el empeño de la fuerza de voluntad para romper nuestros propios récords, es las ganas de querer ir siempre más allá. Y hemos visto pocas luminarias que pongan tanto empeño en batir sus marcas anteriores, como Cris. Así fue que en una misma frase afirmó que en los 90 un grupo de marcianos rifó YPF, para luego asegurar que Néstor depositó en el exterior algunos pocos cientos de millones de dólares para proteger a su Provincia y, finalmente, asegurar que fue el único que tuvo que dar explicaciones por ello. Si eso no es autosuperación, estimados, no sé bien qué podrá serlo.

Para finalizar una semana a todo culo, Cris viajó el viernes a Santa Cruz para dar una clase de administración pública libre de negociados y oportunismos. Anunció la construcción de las represas Néstor Kirchner y Jorge Cepernic, que son los nuevos nombres con los que se conocerá al antiguo proyecto Barrancosa-Condor Cliff. La maravillosa obra hidroeléctrica fue presupuestada en 6 mil millones de pesos durante la gestión del gobernador Acevedo. Un par de años después, el mismo Acevedo -ya exgobernador- denunció que para la nueva gestión, el presupuesto de obra era de 15.800 millones. El viernes, Cris tomó el toro por las astas, dio de baja la antigua y sospechada licitación, y anunció la misma obra de siempre, pero con nuevo nombre y presupuesto: 21.000 millones para lo que antes costaba 6 mil millones. Con una fiesta de sobreprecios tan patriótica ¿Cómo no rebautizar la obra como "Néstor Kirchner"?

Debo confesar que le perdí el hilo a partir de allí, ella tampoco hizo mérito como para que se entendiera mucho lo que quería transmitir. No sé bien si es que hace brain storming frente a cámara, o la traducción literal del mecanismo creativo le aplica mejor, lo cierto es que comenzó a hablar de hacer road shows -sic- por Brasil, otro road show por Europa, y una pelea de sobre papagayos, loros y cotorras, mientras yo me imaginaba al gabinete desfilando por el cabarulo de La Jaula de las Locas. Y en cuanto logré hacer foco de vuelta, dijo algo poco amistoso sobre la hija de Macri y la inteligencia de este último y terminó afirmando que ella se ríe mucho de sí misma porque le hace muy bien y la ayuda a no creérsela. 

Me puse a hacer números tratando de cuantificar la guita que la Presi se ahorra en terapeutas gracias a la cadena nacional, pero antes que terminara de perderme en la cifra, Cris me hizo cambiar de especialista al recordar, casi emocionada, el origen del movimiento piquetero, nacido de los exoperarios despedidos por la privatización de la empresa llevada adelante por ella, su marido, su expresidente y todos sus amigotes. No entiendo bien cómo sucedió, pero en menos de tres cuartos de oración, saltó del piquete a los Boden 12. Según ella, este año el Estado terminará de efectuar la reparación histórica hacia los ahorristas que perdieron sus ahorros en manos de la irresponsable banca privada y, al mismo tiempo, reparará la historia de los piqueteros que perdieron sus trabajos por su culpa hace unos cuantos años. No, no les van a devolver el empleo. Nop, tampoco les entregarán una bruta indemnización. Pero no hay que olvidar que, para el actual gobierno, una buena expresión oral alcanza y sobra para tomar una realidad feucha y convertirla en una actualidad de puta madre. 

Debe ser por eso que les dijo a todos los que le arman protestas cortando la calle que busquen otro método, porque ella es una genia y en realidad no le están haciendo quilombo a ella, ni que le hacen el juego a la derecha. Debe ser por eso, también, que dijo que el hecho de privatizar una empresa para luego permitir su vaciamiento -integrando el directorio con derecho a veto- y finalmente expropiarla parcialmente -pagando- es un acto patriótico, un homenaje a los grandes hombres que dieron la vida por el país, como San Martín, Belgrano...y Él.

Ya somos Dubai y todavía no nos enteramos. Debe ser por eso que dejamos de comer carne y ni yerba podemos conseguir. Nos fueron preparando de a poco para el cambio cultural. Sus parientes utilizan aviones oficiales para salir de joda, tienen séquitos que los acompañan hasta en los bares y hasta utilizan la nuestra para darse pequeños lujos, como un pequeño Mini Cooper, pequeños hoteles, pequeñas pisos en Puerto Madero, muchas pequeñas propiedades repartidas por ahí, varios pequeños millones de dólares. Sólo les faltaba el petróleo.

Lunes. Verba mata hechos. 

martes, 17 de abril de 2012

Y Péguele Fuerte

Es hora de reconocerle a Cristina el aprendizaje en eso que algunos llaman pragmatismo. Cuando reestatizó el sistema jubilatorio demoró un par de meses para demostrarnos que, detrás de la bandera estatista, se encontraba la necesidad de caja. A nosotros, en cambio, nos llevó un par de meses para despabilarnos y recordar que, sólo un lustro antes, Néstor defendía el derecho a elegir cuál sistema jubilatorio preferíamos que nos cagara nuestros aportes. E increíblemente, llevó tres años para que uno de los ideólogos reconociera públicamente que se trató de un golpe de efecto para levantar la imagen del gobierno. Para variar, el imprudente fue Boudou y lo hizo en la revista Rolling Stone a mediados de 2011.

Con Aerolíneas Argentinas los plazos se acortaron lo suficiente como para darnos cuenta de la festichola en pocos días. Allí se aplicó lo que yo he bautizado "principio de oligofrenia política". Contrariamente a lo que podría suponerse por su nombre, se trata de una ley física tan comprobable como la gravedad o mi sobrepeso: La cara de boludo alegre de un funcionario, más la pelotudez manifiesta en su accionar, multiplicado por la falta de pruritos al hablar, es diréctamente proporcional al cargo que puede aspirar, lo cual genera una velocidad descomunal para dejar en evidencia su inutilidad en el cargo. 

Si bien el muestreo se redujo en su momento sólo a la figura de Marianito Recalde y su rol al frente de nuestra aerolínea de bandera, la veracidad de este principio ha quedado empíricamente demostrada con el estudio de campo correspondiente, pudiéndose observar su aplicación en diferentes casos: Abal Medina Jr. como Jefe de Gabinete de Ministros pasó tres meses levantando sospechas sobre su inutilidad. Tiempo después abrió la boca y despejó todas las dudas al manifestar que podrían expropiar YPF, para luego confirmar la teoría en menos de 24 horas, cuando se desdijo. Amado Boudou, por su parte, era candidato cantado a ser conejillo de indias para esta teoría y no defraudó, superando en marca al benjamín de los Abal Medina: sesenta y dos días bastaron para que saltara el primer quilombo. Los casos son numerosos y resultaría tedioso enumerarlos todos, pero el lector podrá sacar sus propias conclusiones. (Recomiendo analizar las trayectorias -y sus respectivas fotos- de Hernán Lorenzino, Mercedes Marcó del Pont y Axel Kicillof)

En el caso de la ex-exYPF, la Presi apuntó bien alto: en el mismo discurso en el que anunció la expropiación del 51% del paquete accionario, despejó todas las dudas de que se trata de una cortina de humo más densa que una conferencia de prensa de Caruso Lombardi. Luego de afirmar que el ninguneo en la cumbre americana de presidentes no le dolió y que no se fue despechada, sino que la esperaban sus funcionarios -que estaban más al pedo que ella- habló de la "soberanía hidrocarburífera de la República Argentina". Lindo nombre, decorativamente rebuscado, como todas las pretendidas reformas que intentó encarar el kirchnerismo: a una ley de medios se la llamó "Ley de servicios de comunicación audiovisual", a una pedorra reforma electoral se la denominó "Ley de la democratización de la representación política, la transparencia y la equidad electoral", y a un sistema económico basado en la impresión de billetes lo bautizaron "modelo de redistribución de la riqueza con base en matriz diversificada". Con estos parámetros, hablar de soberanía hidrocaburífera para denominar a una expropiación -encima, parcial- es un logro de la sintáxis.

El chamullo barato empezó de entrada, cuando presentó un powerpoint como prueba irrefutable de que recién el año pasado empezamos a importar petróleo y gas. Verso tan grande como las pulseritas Power Balance: en 1999 alcanzamos el autoabastecimiento y un par de años después teníamos reservas para dos décadas. Luego, claro, asumió el estadista de la mirada distinta y en menos de dos años se reabrió el gasoducto que nos comunica con Bolivia. Pero el verso puede alcanzar el tamaño de "La Guerra y la Paz" si tenemos en cuenta el detalle de que en en 2005 se fueron 160 millones para comprar combustibles, en 2006 se patinaron 3.700 millones de pesos, en 2007 la módica suma fue de 9.200 millones, al año siguiente 16.200 millones, en 2009 el nada despreciable monto de 19.900 palitos y, finalmente, Repsol tuvo que importar cincuenta millones de barriles de petróleo en 2010, sólo para abastecimiento. De Vido, entonces, en vez de culpar a Esquenazi, se la agarró con las petroleras extranjeras, a quienes acusó de complotarse -luego de siete años de caída libre- para boicotear al gobierno. 

Por si a alguien le quedaban dudas del chiste, Cris aclaró de vuelta que no estaba mintiendo, que era todo cierto, con lo cual a uno le entra la gran duda de qué fue lo que la llevó a tolerar tamaña política de vaciamiento -en sus propias palabras- durante tantos años: incapacidad, negligencia o interés. Atrás quedaron los años de inauguraciones con Esquenazi y la Vírgen de Luján a upa. En el túnel del tiempo se perdió el anuncio del hallazgo de una cuenca petrolífera inservible -y ya descubierta- en Neuquén. Eso pasó tanto de moda como las hombreras y el flequillo sauvage de Cris en los noventa, cuando era capaz de inyectarse adrenalina con tal de que la privatización de los yacimientos hidrocarburíferos -en su lógica de soberanía, "la entrega apátrida de nuestros recursos"- se aprobara a carpeta cerrada y lo antes posible. Eso ya fue, como la onda de las salideras bancarias. Hoy la posta, lo in, el último grito de la moda está en el contrabando de yerbamate, en la contradicción histórica y en calificar a cualquier manotazo de ahogado como "acto de soberanía". 

Desde un punto de vista personal, siempre fui defensor de la intervención del Estado en cuanto a infraestructura se refiere. Aquellos lugares que no son redituables para la construcción del ferrocarril, que se encargue el Estado, al igual que los destinos aéreos y la custodia, exploración y explotación de los recursos naturales del país. El tema, cabe aclarar, es que quiero una aerolínea de bandera para cubrir las rutas que a nadie le conviene, no para llevar a los amigos de Recalde a ver a la Selección de fútbol. Quiero ferrocarriles del Estado para llegar a donde no sea negocio, no que los que ocupan transitoriamente el Estado utilicen los ferrocarriles para hacer negocios. Siguiendo esta lógica, está más que claro que defiendo el control del Estado sobre los recursos no renovables. Y es precisamente por ello que no puedo evitar cagarme de risa cuando veo que el mismo gobierno que habla de recuperar la soberanía sobre nuestros recursos, es el mismo gobierno que reprime a troche y moche a quienes luchan contra la explotación minera a cielo abierto, el mismo gobierno que utiliza el monopolio represivo del Estado para cuidar los intereses, los suculentos dividendos, las increíbles ganancias de las empresas extranjeras que se babean por nuestros yacimientos. Pero si tenemos una Presidente que sostiene -y cree- que el Estado administrado por su gobierno ha demostrado eficacia en el manejo empresarial, la patria de los desdentados y las costillas al aire puede sentarse a esperar tranquila por sus derechos que, mientras tanto, Julio De Vido se encargará de llevar a la gloria a YPF, tal como lo hizo con los ferrocarriles.

Definitivamente tengo una radio a transistores y me cuesta agarrar la sintonía fina. Debe ser por eso que entiendo las cosas al revés y, cuando Cristina habla del aumento de combustibles al consumidor, pienso en las autorizaciones de Guillermo Moreno y en la política de retenciones de Néstor. Seguramente sea por no tener un buen sintonizador que, cuando la Presi habla de enviar al Congreso una ley petrolera, siento que leo los diarios de los noventa, pero de atrás hacia delante. Tal vez por no actualizarme tecnológicamente es que me meé de risa cuando la escuché afirmar que ella no es prepotente y, acto seguido, anunciar que el proyecto de Ley todavía no había salido de la Rosada, pero que De Vido ya estaba sentado en el directorio de YPF. 

Me quedé en otra sintonía, definitivamente. Ahora, cuando veo que 678 se ríe de los españoles por defender las ganancias de una empresa privada, en vez de putearlos me pregunto si sabrán quién se beneficia de los impuestos recaudados sobre las regalías obtenidas por una empresa con casa matriz en España. Porque una cosa es tratar a los gallegos de boludos defensores de capitalistas y vaciadores de nuestro patrimonio, y otra muy distinta es no darse cuenta que lo único que hacen es defender sus intereses en épocas de crisis económica. Obviamente, este razonamiento es muy complicado de entender para quienes siguen succionando el esfínter del presidente venezolano que expropió la siderúrgica Matesi, del grupo Techint, una empresa que sí tiene participación Estatal argentina.

Entre las perlitas de la fecha, quedará para la historia -o el olvido selectivo- la pregunta que nos hizo Cris: ¿A ustedes qué les puede cambiar más la vida? ¿Una reforma constitucional, o que no tengamos más petroleo, gas, combustibles, ni crezcamos? No venía ni por lejos al caso, pero vaya a saber uno por qué lo dijo. Entre eso, y la confesión de que fue corriendo cual reina del baile de graduación, al grito de "mister president, mister president" para mostrarle a Obama la tapa de Clarín, creo que completé mi cupo: escucharla hablar de soberanía para luego contar alegremente que el Presidente de los Estados Unidos de Norteamérica la autorizó a comentar el tema de los diarios argentinos, está en mi podio de momentos inolvidablemente impresentables que me ha regalado la Presi. No me entra una bala más. 

Para redondear, la Cris tiró unos destellos de barrilete cósmico en materia económica para conformar a la audiencia, como el Diego haciendo jueguito con una mandarina luego de atender a los periodistas. Demostró, una vez más, su pensamiento de cabecita de novia al ordenarle a Guillermo Moreno que le arregle el precio de la yerba mate en lo que dure esta semana, para a continuación afirmar que no se puede aplicar la magia en materia de precios. Si esto, estimado lector, le parece raro, piense que en un mismo discurso la Presi dijo que ella no es patotera, pero ordena una solución mágica a un tipo que, cuando tuvo la posibilidad de arreglar la cuestión yerbatera, calificó de polacos pelotudos a los productores y de gordo puto al gobernador de Misiones.

El paso de comedia finalizó con una frase para enmarcar, un comentario que hizo aplaudir a la militancia y sacudir los Vacheron Constantín a los funcionarios, una acotación que haría lagrimear a Sandra Russo y eyacular a Orlando Barone: "Él siempre soñó con recuperar YPF para el país." Pura emoción y reparación histórica para aquél gobernador santacruceño que se mostró más contento que Oyarbide con anillo nuevo ante la privatización sin inventario de YPF, pero que ahora sabemos que era porque sabía que algún día volvería, vacía, desabastecida, improductiva, a manos del pueblo. Y quizás fue por eso que se guardó 500 millones de dólares de regalías petroleras: para colaborar con la compra. Un altruista.


Martes. Todos pagaremos YPF. Vos también, Salustriana.

jueves, 12 de abril de 2012

Tibieza

Entre las pasiones argentinas, una que cotiza en bolsa es la costumbre de seguir a la manada disfrazando la actitud de corrección política. Es como teñirse el pelo de rosa chicle: creés que estás en la transgresión, pero ya nadie se siente sorprendido al verte. En cuestiones políticas, muchos creen ser vanguardistas, cuando tan sólo visten a la moda. Hoy, un porcentaje más que respetable, considera que la incorrección política es transgresión pura, independientemente de la ideología a la que adhieran, si es que adhieren a alguna de verdad o tan sólo –otra vez- siguen al último grito de la moda. 

¿Qué tiene de vanguardista adherir al gobierno cuando es lo que ha hecho la mitad más uno de la sociedad con cada gestión que hubo, haya llegado al poder mediante el voto o mediante los borceguíes? ¿Qué clase de transgresión perciben en sus cabecitas locas quienes forman parte de una mayoría? ¿Dónde radica la incorrección política de quienes dicen preocuparse por los que menos tienen? ¿Cuál es el mecanismo de sinopsis que dispara que es revolucionario sostener un estado intervencionista, cuando es la única forma de gobierno que consideramos valedera desde que nacimos? Signo de estos tiempos, quienes creen tener la potestad de la incorrección política se vieron en el apriete de tener que elegir entre un exministro de Cámpora y un UCeDé: optaron por el segundo. Aunque me cueste aceptarlo, hoy los únicos revolucionarios son los libertarios. 

Pocas cosas son tan fáciles de manipular como lo es el inconsciente colectivo de lo que hemos dado a llamar sociedad argentina. Es tan modificable que pasamos de asombrarnos con los piquetes de fines de los noventa, a realizar nuestros propios piquetes un par de años después, para luego putearlos y hoy pedir bala y fuego. Adhiero a que los piquetes han variado en su temática y que el reclamo ha girado desde exigir el derecho humano al trabajo hasta el reclamo del derecho argentino a vivir rascándose el hoyo gracias a la teta del Estado, pero hoy lo novedoso no pasa por reprimirlos, sino por pedir certificado de antecedentes penales antes de cobrar un plan. No es de turro, es tan sólo para equiparar las obligaciones con los que quieren calificar para un laburo, que es lo que, en definitiva, está supliendo el plan social. Ya que trabajan voluntariamente cobrando peajes para permitir la libre circulación del resto de los ciudadanos ¿por qué no exigirles los requisitos laborales? 

Tan fácil es de alterar el inconsciente colectivo que en tan sólo cuarenta años pasamos de reclamar democracia a pedir que los militares pacifiquen el país como sea, para luego reclamar democracia, exigir justicia, mirar para otro lado con los indultos y, nuevamente, exigir justicia. Es obvio que el marketing comunicacional es poderoso y el termino “pacificación y reconciliación” nos pareció tan cristiano y amoroso que no nos importó que el país siguiera en proceso hiperinflacionario. Somos cortoplacistas en las aspiraciones y retroactivos en el análisis social. El futuro a largo plazo nos importa menos que la final del Gran Hermano 2012, el mañana es este fin de més, no más, y la proyección de la vida la medimos en cuotas sin interés. 

Por eso resulta tan cómodo criticar la década del noventa, sus formas de encarar la década del setenta y su política económica tan distinta a la actual. Y si alguien se atreviera a marcar alguna contradicción demasiado evidente, tranquilamente se puede reaccionar del mismo modo que cuando encuentran una foto con jeans nevados: era la moda. Hay cosas que nunca cambian y es la automentira, que no se limita sólo al “yo no la voté” o a la pregunta retórica de marcianos que pasaron varios años viviendo dentro de un termo y hoy se preguntan, sin mayores problemas, “¿qué les pasó?”, sino que se extiende a los que sienten culpa de decir las cosas como corresponde, por culpa o por temor a quedar fuera de onda, pasado de moda. Corrección política al 100%. 

Este martes, La Nación publicó un editorial titulado “Memoria Completa y Reconciliación”, cuyo contenido es a la opinión periodística lo que una novela centroamericana al género drama: una plaga de lugares comunes, altamente transitados y hartamente conocidos. Sinceramente desconozco quién fue el autor de la misma, pero desde el título sentí ternura por tanta inocencia. El editorial en cuestión, como era de esperar, aborda la temática de los juicios a los militares que gobernaron el país de 1976 a 1983 y el no juicio a los subversivos. Por un momento me sorprendí al ver una clara defensa a la “reconciliación” iniciada con las leyes de punto final y obediencia debida, y culminada con los indultos de 1989 y 1990. Incluso me ilusionó la idea de ver una posición tomada, una trinchera ocupada al sostener que el camino se desandó inconstitucionalmente al volver todo para atrás y violentar el principio de ley más benigna, y que esto se aplicó sólo para el sector militar y no para el conjunto de la subversión, también. Más allá del detalle de que la creación de tribunales especiales para el juzgamiento de cualquier crimen también es inconstitucional, la sola idea de que alguien se la jugara y sostuviera su idea, ya me parecía un acto de rebeldía en estos tiempos tan tibios. Pero no. 

A continuación, el redactor inició un breve racconto de la cronología subversiva, para empezar a caer en la culpa de a poquito, casi imperceptiblemente, al sostener que a Cámpora le arrancaron el indulto a la subversión, como si don Héctor fuera un discapacitado mental o hubiera actuado con una pistola en la cabeza y como si la posterior amnistía no hubiera sido aprobada por la totalidad del Congreso democrática en plenitud de sus funciones. La corrección política plena, esa cosa de no comparto la opinión del gobierno pero estoy de acuerdo con la opinión del gobierno, soy pero no soy, como no voy a estar a favor si estoy en contra, hace que algunos puedan escribir líneas tan tibias en las que entienden el accionar de las Fuerzas Armadas en materia represiva, aunque no lo compartan. Quiero que aniquilen la subversión, pero no me maten a nadie, por favor, y si alguno que otro se muere, es porque algo habrá hecho. Todo junto, en una misma mente, una y otra vez, como fiel exponente del ser argentino, y en esta incluyo a la inmensa mayoría, opositores por despecho, por convicción o por costumbre, y oficialistas por representación, porque no queda otra, porque ví luz y subí. 

A veces me pregunto si los que piden “memoria completa y reconciliación” en su circuito íntimo se comportarán del mismo modo, si son de los que dicen perdonar, aunque luego taladren los gobelinos todos los santos días recordándole al penitente la cagada que se mandó y que le fue perdonada. Es la ceca de la misma moneda cuya cara acostumbra a “convocar a todos los argentinos a unirse, a dejar de lado los enfrentamientos y colaborar en el sostenimiento del modelo” luego de tratar de gorilas, cipayos, vendepatrias y desestabilizadores a todos los que no vieron la magia todopoderosa del gobierno. En este país, nadie perdona ni olvida. Ciento sesenta años después de Caseros, todavía hay quienes se debaten entre rosistas y antirosistas ¿vamos a dar vuelta la hoja de lo que pasó hace un puñadito de décadas? 

Supongo que un buen sinceramiento de las partes nos vendría maravilloso. Podríamos arrancar con los adherentes al procesismo reconociendo que más que la reconciliación, les interesa que no les rompan los quinotos. Y los partidarios del reclamo permanente, deberían admitir que no les interesa ni la memoria, ni la verdad ni la justicia, sino tan sólo reirse de quienes les ganaron la carrera por la toma violenta del poder. Si quisieran memoria, recordarían a sus compañeros caídos como lo que fueron, al menos por respeto a sus ideales, y no reivindicando este capitalismo de amigos con fachada popular tan bien impuesta por la última dictadura militar. No solucionamos nada, pero un buen sinceramiento, al menos, es un inicio, algo. No por nosotros, resto de la sociedad a la que todo nos chupa un huevo. Si nos convencimos que el menemismo riojano era dañino y aceptamos que la solución era el menemismo santacruceño, el resto, nos importa tres carajos.

Los militantes del "perdono pero no olvido" están por todos lados y se los puede hallar en numerosos partidos. Se los reconoce por la facilidad que tienen para dar lástima. Son los que dejaron de ver en Néstor a un furioso paranoide encanador de adversarios, para encontrar en él un animal político, el último Estadista argentino, y mientras el cuerpo todavía no terminaba de enfriarse, ya gestionaban si mediría o no una visita al velorio del enemigo. Son los que se indignan por las mentiras del gobierno y luego se sientan en primera fila para aplaudir la mentira del informe Rattembach. Son los opositores constructivos y los oficialistas críticos, los no tan contreras y los no tan fanáticos, los que votaron a Néstor porque no había a quién votar y a Cristina porque era el mal menor, los que sostienen que el kirchnerismo es el gobierno "menos malo" desde la vuelta de la democracia. Son los posibilistas de la vida, los fanáticos del "se hace lo que se puede".

No se puede hablar de unir a la sociedad reservándose el derecho de admisión sobre quién es ciudadano y quién no. Del mismo modo, no se puede hablar de reconciliación y al mismo tiempo echarle en cara al otro que es tan hijo de puta como los que a mí me importan, no porque no sea cierto, sino porque no es coherente y sincero con las verdaderas intenciones. Nunca es buena la tibieza y respeto mucho más a quién dice “yo creo que los militares hicieron las cosas bien” que a aquel que pretende congraciarse cediendo su postura, y manifiesta “si, son unos turros, pero ojo que no les quedaba otra, eh”. Tomar posición no es tan difícil. No creo que todo sea blanco o negro, pero algunos grises destiñen al primer lavado. 

¿Cuál es el problema de reconocer que se estuvo a favor del último gobierno de facto si, en definitiva, no es nada que haya hecho un número enorme de la sociedad? ¿Qué conflicto podría haber en que alguien diga que la pasó realmente bien en los noventa, si hasta el Diego entrenaba con una remera de Cavallo? Si el temor es quedar afuera de la moda actual, hay que replantearse las cosas. Eso de tener bronceado de cama solar sólo en la mitad de la cara no queda bien. Aprender a convivir a pesar de las diferencias, es de adulto responsable, pretender la unión con quien consideran el cáncer social a erradicar o la reconciliación con aquellos a los que consideran el enemigo a aniquilar es, cuanto menos, gataflorismo en estado puro. 

Jueves. Un cálido abrazo a los pacifistas que quieren ver muerto a Magnetto y presa a Ernestina, por apropiadores de hijos de desaparecidos, por desestabilizadores y por crear listas negras. Tenían razón, aparecieron dos listas negras de Clarín. RDP, en un servicio a la comunidad, las pone en difusión. 




Gracias, @vendeverdura

viernes, 6 de abril de 2012

Mentime que me gusta

Boudou no emboca una. Dijo que era un economista con onda, y aparece en bermudas con medias; intentó defender la industria nacional twitteando y saltó que lo hizo desde un teléfono importado; dijo que su vicepresidencia sería la mejor de la historia y en tres meses le hizo más daño al gobierno de Cristina que Julio Cobos votando en contra de la 125. Por si fuera poco, sólo cuenta con la defensa pública de Luis D´Elía y Carlos Kunkel. 

Siempre se notó a la legua que el tipo no era del palo político. Y aunque se tatúe las veinte verdades justicialistas en las nalgas, su oportunismo ideológico lo deschava tanto que puede reconocerse vía satélite, junto con el edificio del Pentágono y la Gran Muralla China. A esta altura del partido, ya tengo bien en claro que el peronismo es un charter que te deja en Balcarce 50, pero Boudou nunca pudo disimular. Se nota que nadie se lo fumó nunca.

En los últimos años hemos visto personas que se pasean por la Rosada luego de ingresar valijas con dólares con destino a una campaña electoral, hemos sido testigos de tres homicidios en el marco de una investigación a una empresa que se dedicaba al tráfico de efedrina y a aportar a la campaña presidencial de Cristina, presenciamos el caso Skanska, vimos a un expresidente utilizar información privilegiada para comprar dos millones de dólares un día antes de que se devalúe la moneda; vimos a Jaime llegar a la función pública con plata prestada -literalmente- y retirarse con yates, aviones privados y mansiones; nos anoticiamos de declaraciones juradas imposibles de justificar; notamos que se puede llegar a dueño de medios periodísticos luego de ser chofer municipal y hasta vimos un terraplén que sirvió de freno de emergencia para detener una formación ferroviaria y cincuenta y dos vidas gracias a la magia del desvío de subsidios. Vimos todo esto y nunca, jamás, pasó nada. En el ranking de negocios kirchneristas, lo de Aimée está a la altura de una venta de caramelos Media Hora y Palitos de la Selva en el recreo de una escuela primaria y sin embargo le soltaron la mano. Pero lo dejaron sólo. Ni siquiera a Schiavi, después de la tragedia de Once, lo largaron en banda, sino que fue acompañado por otros impresentables a justificar lo injustificable. A Boudou lo largaron sólo. 

Boudou es un invento kirchnerista. Sus orígenes provienen de la derecha universitaria, ingresó al Estado en la Anses menemista, se curtió -y saqueó- como funcionario municipal y trepó de la mano de Sergio Massa. Pero este Boudou Vicepresidente es un invento kirchnerista y, como tal, padece de la misma oratoria endogámica que el resto del kirchnerismo: hablan para ellos creyendo que el resto no se merece vivir en este paraíso. Este acto de autoerotismo verbal, esta masturbación discursiva, esta paja verborrágica, lo llevó a brindar una de las exposiciones orales más ridículas que haya presenciado en mi vida. Y eso, estimado lector, en un país gobernado por Cristina, es muchísimo. Si dentro de un par de décadas, algún historiador quisiera hacer un resumen de los argumentos kirchneristas, tendrá en los cuarenta y un minutos de conferencia de Boudou una brillante síntesis. 

Arrancó recordándonos que él es el Vicepresidente de la República elegido por el 54% de los votos del electorado. Sadismo puro. Una cosa es que sepamos que votamos como el orto, pero que este mamarracho nos lo recuerde una y otra vez, es sádico. Enseguidita dijo que Magnetto es il capomaffia della Argentina, que su multimedios se dedicó a sacar presidentes democráticos y que, gracias a Dios, todo esto se terminó con la llegada de Néstor en 2003. Que durante nueve años el kirchnerismo haya utilizado como uno de sus argumentos discursivos predilectos la amenaza de volver al pasado y a los que dejaron prendido fuego el país y huyeron en helicóptero, no parece condecirse con echarle la culpa de todo esto a Magnetto. Que el CEO del Grupo Clarín haya cenado una vez por semana en Olivos hasta mediados de 2008, tampoco. 

Acusó a Clarín, La Nación y Perfil de atentar contra la voluntad popular que quiere que el Vicepresidente se  forre en guita y acusó a todo el Poder Judicial de la Nación de ser otra mafia al servicio de Clarín. Al mismo Juez Rafecas que unos días antes había ensalzado por haber dicho que no tenía nada probado, lo destrozó señalándolo como empleado de La Corpo. Como prueba irrefutable se refirió al periodismo de anticipación que cubrió el allanamiento, con lo cual debo suponer que cada vez que se produce un allanamiento por drogas, los periodistas son los que le dicen al Juez dónde hay que mandar a la cana. 

A continuación, el hombre que se desplaza en moto Harley-Davidson y en autos alemanes y que consume toda la gama de productos Apple, acusó a Magnetto de pretender un sistema de libre cambio para que nos llenen de productos extranjeros. Desconozco si lo hizo por nervioso o sólo por pelotudo, pero volvió a mencionar a Magnetto y El Padrino, recordando un discurso de Cristina en su campaña para la senaduría en 2005, en el cual la ahora Presi utilizaba a la peli de Francis Ford Coppola para embestir contra Duhalde, quien hacía menos de dos años había permitido que su marido llegara a la Presidencia. Para Boudou, Cristina se equivocó y el verdadero mafioso era y es Magnetto. Ese discurso fue tapa de Clarín al día siguiente -y pueden leerlo si hacen click aquí, y la tapa de la edición impresa aquí- pero a Boudou, no le importó. Como tampoco le importó acusar a los medios de oponerse a la reestatización de las AFJP por tratarse de otra mafia -y dale con las mafias- acción gubernamental que consideró épica, a pesar de que Néstor, tan sólo un par de años atrás, había sostenido que cada argentino tenía derecho a elegir cuál era su sistema previsional preferido. 

En su derrape oral, denunció a la empresa Boldt por tener el control del juego en varias provincias, olvidándose que en el resto del país, el juego va de la mano del amigacho de Néstor, Cristóbal López. De Boldt también denunció sus contratos con la impresión de boletas electorales, a pesar de que uno de los que  se las solicitó fue el propio gobierno nacional. También tuvo tiempo para quejarse de que Macri aparece en fotos con gente vinculada a la trata de personas y nadie dijo nada, y se olvidó que a la Viceministro de Seguridad de la Nación la denunciaron por proteger a los supuestos acusados. 

También denunció al estudio jurídico del exbebe Righi, actual Procurador General de la Nación, porque personas de ese estudio fueron a verlo cuando era Director Ejecutivo de la Anses para ofrecerse de nexos en Comodoro Py. Boudou dijo que nunca lo necesitó, aunque se olvido mencionar que una de sus principales amistades es Eugenio Zaffaroni, que además de ser miembro de la Corte Suprema, tuvo tiempo para asesorar a Amado en sus ambiciones para ser Jefe de Gobierno el año pasado. Por si fuera poco, también denunció al Presidente de la Bolsa de Comercio por pedirle una coima. 

La actitud de Boudou es la de un adolescente que se llevó a marzo cinco materias: no reprobó, sino que el profesor lo bochó y le cagó el verano porque es un malcogido que no lo soporta. Los motivos no pasan por sus propias cagadas, sino porque se notaron mucho. El problema no es que le hayan allanado la casa, sino que trascendió. Y en base a eso, habló y no explicó nada, sino que puteó contra la prensa que informó y contra el juez que lo bochó y lo mandó a marzo. 

Su mecanismo de defensa es tan incendiario que es más fácil hacer un listado de personas no acusadas por el Vicepresidente, que enumerar a los que él considera culpables de su humillación pública. Él no amenazó con prender un ventilador, directamente acusó a todo el que se le cruzara. En su cabecita loca debe suponer que mencionar varias veces que es Vicepresidente electo -en cuarenta minutos lo repitió en once ocasiones, las conté de aburrido- y que él es hombre de Cristina es más importante que cualquier otro elemento, sino, no se explica que haya tirado mierda contra el Juez que lo investiga, contra el Procurador General -superior de todos los Fiscales de la Nación- y contra todo el aparato judicial, que es en definitiva el que va a decidir su suerte. 

Obviamente, detrás de todo esto el mundo kirchnerista vigente se divide en dos: los que se quieren cargar a Boudou y los que están desesperados esperando que les digan que todo es mentira, que papá y mamá no cogen, que los Reyes Magos existen, que el Ratón Pérez deja plata debajo de la almohada, que Cristina no es multimillonaria y que Boudou no es otro garca. Para este sector de fanáticos talibanes oficialistas, no importa encontrar a la esposa enfiestada con el plantel completo, los suplentes, la reserva y el cuerpo técnico de Cambaceres, siempre y cuando la infiel mujer les diga que no es lo que parece y que todo es culpa de las malas lenguas, envidiosas de la maravillosa relación de pareja que tienen. Y es ahí cuando el hombre se colocará un cuello ortopédico para soportar el peso de la cornamenta y saldrá por el barrio a gritar que todos son unos cornudos fabuladores.

No les interesa la verdad, mientras que nunca se caiga la imagen que se construyeron de lo que ellos creen que es perfecto. Por mi barrio les llamamos cornudos conscientes. 


Viernes Santo. Mentime que me gusta.

martes, 3 de abril de 2012

Morir al pedo

Los números redondos son un vicio, un gusto imposible de justificar seriamente. Nos deprimimos cuando el contador de años biológicos cambia de decena, redondeamos los presupuestos como si nos sobrara la guita, y nos alteran los ceros. No nos preocupa que el auto tenga 197.593 kilómetros recorridos, no es lo mismo que doscientos mil, vaya a saber uno por qué. Hablamos de cultura centrándola en décadas y estereotipando de tal manera que incluso los que sobrevivimos a las mismas, suponemos que el primero de enero de 1990 las mujeres se quitaron las hombreras, se plancharon la permanente y de un día para el otro estábamos todos bronceados a lo Cóppola usando jeans elastizados.

En idéntico sentido, con las fechas conmemorativas nos pasa lo mismo. Cualquier número redondo pareciera que nos obliga a realizar un análisis sobre un hecho que antes nos importaba menos que el torneo de fútbol de Guinea Bissau. No es lo mismo que pasen ciento noventa y nueve años de cuando Belgrano amenazó de muerte a Cisneros a que se cumplan doscientos. Para el doscientos uno ya nos olvidamos y el concepto de bicentenario quedó reducido a un programa de créditos para empresas que no lo necesitan. Malvinas no es la excepción.

Para cuando se cumplieron veinte años, estábamos juntando cartones para cambiarlos por fideos en algún club del trueque y se nos pasó por alto. En 2007, cuando Magnetto todavía cenaba una vez por semana en Olivos, Clarín le dedicó un mes entero al recuerdo, con entrevistas a militares británicos, argentinos, excancilleres, y otros etcéteras varios. El resto de los años que quedan en el medio, los homenajes fueron laxos, casi de compromiso, como el resto de nuestras fechas patrias. Año 2012, tres décadas, número redondísimo, saturación de información caduca y hartazgo de la sorpresa que viven algunos que parecieran no haberse enterado que pasó en Malvinas ni buscando en Google.

Desde hace varios meses, el gobierno nacional ha tomado el reclamo por la soberanía en las islas Malvinas como un tema central de la agenda. No voy a caer en la fácil de decir que lo hacen recién ahora para tapar otros quilombos, cuando Cristina viene taladrando con este tema en cada exposición ante la ONU desde que asumió su primer mandato. La intención de desclasificar al harto conocido Informe Rattenbach la tomé como un acto de ignorancia hacia las tecnologías del siglo XXI, lo que incluye a la Internet, la biblioteca de Alejandría de estos tiempos, y no como un evento oportunista.

El problema con Cristina sobre el tema Malvinas, no son las Malvinas, sino el modo en que se lo encara, y de esto ya he hablado varias veces. No se puede caer tan bajo como para denunciar el saqueo ambiental en el sur del mar argentino, cuando tenemos una de las cuencas acuíferas mais contaminadas do mundo, ni mucho menos acusar a la corona de ese saqueo, mientras le prestamos el aparato represor del Estado para garantizar otro saqueo ambiental dentro del territorio continental. Y aunque nadie lo haya tenido en cuenta, tampoco podemos exigir a ningún país que se siente a negociar, cuando Argentina no hace lo mismo en cuestiones tan sencillas como el pago de una deuda contraída a voluntad por nuestro país.

Antes, cada 2 de abril me preguntaba porque no se le daba la connotación que esa fecha -en mi parecer- ameritaba. Luego comprendí que sentimos una vergüenza inexplicable: nunca conmemoramos siquiera las guerras en las que salimos victoriosos ¿Cómo íbamos a conmemorar una guerra que perdimos? El proceso de desmalvinización -ese que algunos se niegan a reconocer- fue casi una política de Estado desde que Galtieri trajo a escondidas a los combatientes argentinos. Quizás fue la única política de Estado que se mantuvo una vez finalizada la última dictadura, de la mano de grandes pensadores -ni siquiera argentinos- de la talla de Alain Rouquié, y su fans club. Como toda acción tiene un justificativo, llegué a suponer que este ocultamiento de la historia quizás servía para no cargar una derrota humillante a los hombros de un país que ya arrastraba una dictadura desmoralizante. Es una de mis grandes dudas existenciales, dado que no considero una humillación ser compatriota de gente que luchó del modo en que lo hizo. Y nunca necesité de un Informe Rattenbach para saber el heroísmo con el que combatieron aquellos hombres ni para que me contaran el deshonroso papel de la cúpula militar que gobernaba el país.

Desconozco si Cristina lo hace de burra o adrede, aunque me inclino por la primera opción: reivindicar el informe Rattenbach a esta altura del panorama corre más hacia el lado de la desmalvinización que de la reivindicación de una gesta. Ayer, en su discurso protocolar por la fecha patria, lo confirmó al referir que el mentado informe "revela que no fue una decisión del pueblo argentino la del 2 de abril". Ante tamaña -e imperceptible- afirmación, me llené de interrogantes. ¿Qué es lo que le da a un acto de gobierno el carácter de "lo que el pueblo quiere"? ¿Desde cuándo la democracia nos plebiscita cada medida de gobierno? Bajo este precepto: ¿La elección popular de un gobierno le da a éste validez para llevar adelante cualquier acto de gobierno, a pesar de no haberlo mencionado en campaña? Salvando las notorias diferencias, debería interpretar que el cierre a cualquier tipo de importaciones aplicado en los últimos meses es lo que el pueblo quiso al votar en octubre, a pesar de que nadie anunció que llevaría adelante esa medida. Repito mi pregunta ¿Cuál es el parámetro? Esto va más allá de si es constitucional o no: ¿90% de apoyo a la recuperación de las islas y 82% de rechazo a negociaciones no es una muestra de aprobación popular? En la canchas se cantaba contra los ingleses, el alistamiento de voluntarios colapsó, las manifestaciones de fervor eran tales que radicales y peronistas convivían en las plazas cantando el himno ¿De qué falta de voluntad popular nos hablan?

Es curioso que se intente demostrar una y otra vez que no tuvimos un gobierno de facto que se sostuvo en el poder gracias a la inacción popular -sea por apoyo, por indiferencia o por lo que corno fuera- y a los lazos con las "fuerzas vivas" de la patria -partidos políticos, cámaras empresariales, Iglesia- sino que fuimos conquistados por una legion de extraterrestres vulcanianos que nos dejaron el cerebro en blanco. No deja de sorprender la pretensión de darnos un marco de legalidad argumentando la ilegalidad de un conflicto bélico llevado a cabo contra un Estado que viola toda legalidad en materia de derecho internacional desde hace ciento ochenta años. Es llamativo, cuanto menos, que se busque demostrar esa falta de voluntad popular y al mismo tiempo conmemorar una fecha en la que esos extraterrestres decidieron la toma de las islas por la fuerza.

Convengamos que no se puede esperar mucho de un discurso en el que se hace referencia a la condición de no argentinos de quienes nos gobernaron de prepo, para luego referir que tenemos el orgullo de que ningún argentino puede ser acusado en el mundo por violar derechos humanos, justo un par de semanas después de haber aplaudido al destituído juez español Baltazar Garzón, el extranjero que más argentinos ha pretendido juzgar por este temita. 

No se entiende. Sinceramente, no se entiende tanta incoherencia en un mismo discurso. Celebrar a los veteranos mientras se les desmerece la gesta es compadecerse de ellos, tenerles lástima, ponerlos en el lugar de víctimas y no de héroes de guerra que hicieron lo que ninguno de nosotros sabemos si podríamos hacer. Es quitarles identidad a los caídos mientras se reclama por la identificación de los cuerpos. Es querer saber quiénes fueron para poder cantarles el Himno Nacional Argentino y luego decirles: Negro, moriste al pedo.


El público se renueva:

Hace unos años, cuando sólo me leían mis amigos, había subido este vídeo, el cual no tengo idea cómo es que llegó a mis manos. Es de un grupo irlandés -bastante popular en su tierra, parece- llamado The Wolfe Tones, quienes la publicaron en su disco "A Sense of Freedom" luego de la guerra, en 1983. Si hubieran sabido que el 88% de apoyo a la recuperación de las islas nunca existió sino que fuimos abducidos por seres de otro planeta, seguramente no nos habrían dedicado esta pieza gloriosa. Mientras nosotros llorábamos con "Sólo le pido a Dios" de León Gieco, afuera se enorgullecían de nuestro valor.







Martes. Recordar con orgullo a quienes llevaron adelante una gesta patriótica no es apoyar una dictadura.


NdelA: Con el sólo motivo de no apartarme del motivo de este texto, decidí pasar por alto la humorada presidencial de afirmar que Gran Bretaña tiene problemas económicos y nosotros no.