martes, 23 de octubre de 2012

Kirchnereo

A veces, no hay tema nuevo. Por más que las noticias parecieran por momentos novedosas, son sólo nuevas versiones del mismo hecho permanente: el choreo, el kirchnereo, el robo. Es aquí cuando uno encuentra la respuesta a la pregunta que casi nadie se hace. Y es que mientras puteamos religiosamente  por mentirosos cada vez que la Presi o cualquiera de los impresentables que tiene por funcionarios  abren la boca, no somos conscientes de un detalle fundamental: ¿Por qué mienten? 

Parte de la batalla cultural que ha llevado adelante el kirchnerismo se ha dado en el ámbito de la lingüística. Quizá fue el contagio de haberse juntado con tanto progre, pero finalmente fuimos testigos de un gobierno que afirma que toda represión es represión ilegal. El resultado final es claro: todos somos pasibles de caer en la denominación de asesinos, fascistas y/o adoradores del Hitler de los últimos días, sólo por preguntarnos por qué el Gobierno no garantiza la libre circulación frente a una protesta. Del mismo modo, la retórica lleva a que defiendan enunciados sin que se analicen los resultados. La Asignación Universal por Hijo aniquiló la pobreza infantil, sólo porque eso es lo que se redactó. Bajo este precepto se dan situaciones muy curiosas, como la del pobre boludo que se hartó de ver pibes mendigando por la calle y putea al gobierno. Probablemente, además de ser considerado un facho traidor a la patria, se le recriminará por estar en contra de un gobierno que ha hecho tanto por el pueblo, como la instauración de una Asignación que elimina la pobreza infantil. Finalmente, por putear a la mishiadura infante, el eventual gilastrún será acusado de estar a favor de la misma. Retórica pura, proyección absoluta. 

Este mecanismo es utilizado perpetuamente para correr el eje de cualquier discusión. Y nosotros –tu, yo, Néstor, nosotros, vosotros, Néstores- caemos en la misma. Nos ofendemos cuando Cris nos trata de incivilizados egoístas por querer ahorrar, nos agarran ataques de nervios cuando nos arroja numeritos de inflación cual niña cantora de Lotería Nacional, quedamos al borde del accidente cerebrovascular cuando nos da clases de historia socioeconómica europea contemporánea. Terminamos en discusiones de dialéctica, donde cualquier oficialista está perfectamente adiestrado para salir airoso, dado que dan la batalla en lo que mejor les sale: el relato. 

No hay que dar muchas vueltas para explicar por qué se está en contra del gobierno. No es necesario librar el combate en el terreno de la ideología, los valores morales y cualquier otra gansada que exceda la realidad de lo que nos rompe las guindas. Si cada cosa que dice Cristina nos patea el hígado, es porque sabemos que todo es verso, que todo es un chamuyo berreta para disfrazar realidades. Antes, que se estaban choreando todo; hoy, que ya no queda nada. 

En las últimas décadas –puntualmente, desde que se mide- la corrupción nunca ha sido un factor que mueva mucho el amperímetro a la hora de evaluar las prioridades, más si tenemos en cuenta que gran parte de la población tiene como urgencias cuestiones básicas como llegar a casa vivo y/o con el totó en condiciones, llevar un plato de polenta con pajaritos cada noche a la mesa, o acceder a una vivienda como la gente. El razonamiento es elemental: con todo lo que hay para preocuparse en el día a día, la que se llevan desde arriba puede esperar. Sin embargo, esta lógica pierde sentido cuando el día a día empieza a verse afectado por la que se guardan. 

Ejemplos sobran. Boudou hizo un show único al ser descubierto en orsai con un negociado tan único como lo es la impresión de billetines en un país donde se emite sin parar. Su defensa fue tejer redes de conspiraciones por parte de personajes de derecha, algo que al venir de Aimée, causó más risa que sorpresa. Cristina desapareció cuando murieron cincuenta y una personas por culpa del choreo sistemático a través de la fiesta ferroviaria. Al volver, habló de un solo muerto –el único que vale- de lo que sufre por estar sola y, entre llantos, arengó a la muchachada al grito de “vamos por todo”. A la vuelta de la esquina del tiempo, hace un par de semanas, la fragata Libertad fue retenida en Ghana. Los operadores de prensa del gobierno dijeron que Clarín sobredimensionó el asunto y buscaron culpables que no hayan previsto que la fragata podría ser retenida en África. Cristina bajó la persiana y dijo que podrán quitarnos la fragata, pero no la dignidad, como si traer a la tripulación en un charter y obligarlos a abandonar el barco, fuera un acto de arrojo. De lo único que no se habló es de que no somos libres de pisar el puerto que se nos antoje y que la actitud del gobierno frente a los acreedores es la misma que la del garca que se cruza de vereda para no devolver la que le prestaron. Atrás de todas estas argumentaciones que van de la épica a la acusación, siempre está la misma cuestión: si hay plata, se roba, si no hay plata, se descarta, y si por saquear la plata se complica, siempre se puede improvisar. 

Incluso han embarrado la cancha al hablar de medidas peronistas, como si aplicar mal las mismas recetas de hace 60 años fuera sinónimo del pragmatismo que caracterizó al gobierno de Perón. Y mientras tanto, se hacen los dolobus olímpicamente con lo que pasó en la década del ´70. Tienen versiones de Perón, todas sin uniforme -por si las dudas, vio- y edulcoradas. De Perón sólo hablan para mencionar alguna frase gastada, mientras remarcan, cada vez que pueden, que este gobierno ha hecho tanto por el país como lo hizo la gestión peronista de 1946 a 1955. La versión peronista del relato oficial es la que tan bien plasmó Felipe Pigna en la biografía que ilustra la página web del PJ porteño: Perón volvió en 1973. Murió en 1974. ¿Qué pasó en el medio? No es difícil de explicar, pero mejor no hablar.  

Cada ser humano se encuentra completo como persona en el mismo instante en que da el último suspiro antes de pasar a mejor vida. Uno es todo lo que fue, con lo mejor y lo peor de lo que ha hecho a lo largo de su trayectoria por este mundo, no hay otra forma de dibujarlo. Bajo estos preceptos básicos, el único Perón que vale es el que falleció el primero de julio de 1974. El resto, es chamuyo mersa para decorar cualquier gansada, mientras se sigue choreando a troche y moche lo que haya quedado en el fondo de la olla. 

Hablar de 1973-1974 es jodido para quien no tiene cómo explicar cómo es posible que Perón tuvo que pelear nuevamente la consigna dominación o liberación en aquellos años, pero no frente al avance del imperio norteamericano, sino para enfrentar lo que el denominaba infiltrados y agentes de países comunistas. Hoy la consigna dominación o liberación, que tanto les gusta enarbolar a los oficialistas, sigue más vigente que nunca dentro de un gobierno tan entreguista que cede sin mayores problemas recursos naturales no renovables, mientras nos chamuya con la soberanía hidrocarburífera, que regala la guita de todos para comprar empresas quebradas y para poder seguir en el fino arte del choreo a través de subsidios siderales que no alcanzan nunca, jamás, a cubrir un servicio decente y competitivo. 

La única liberación necesaria es la que nos quita las barreras en el camino a la felicidad, con toda la subjetividad que conlleva el enunciado. Es lo básico de la justicia social: dar a cada uno las garantías mínimas y necesarias para que, en base a su mayor o menor esfuerzo, llegue a donde quiera. Esto incluye la felicidad, los objetivos personales de crecimiento, de ver despegar a nuestros hijos y saber que podrán vivir mejor que nosotros, y no que tengan que esperar a que espichemos los padres para ver cuánta les dejamos. 

No vale la pena pensar si alguna vez existió proyecto político kirchnerista, o cuándo es que desapareció, si lo único palpable es que no existe otro fin que perpetuarse en el poder y no, precisamente, por el poder mismo. Los que todavía no se chorearon la suficiente -¿Cuánto se necesita para quedar satisfecho?- y los que son incapaces de ganarse el mango honestamente sin chupar la teta del Estado, son los que insisten con la eternidad de Cristina. El político de raza jamás podría soñar la eternidad de una persona como cabeza de un país, y esto es por un solo motivo: cualquier político que se precie, sueña con ser Presidente. El kirchnerista, en cambio, sólo desea que Cristina permanezca todo el tiempo que sea necesario, para poder contar con el manto protector que distrae los ojos de la opinión pública hacia cualquier cosa que no sea el verdadero hecho: el robo sistemático de cuanta moneda se cruce en el camino. Cualquier cosa que se quiera esgrimir como defensa en el medio, carece de sentido frente al afano. 

La Fragata Libertad podría volver a casa si se depositaran veinte millones de dólares. Mientras los oficialistas argumentan que es una hijaputez negociar con los fondos buitres y que el derecho internacional impide que se trabe embargo sobre los buques de guerra, la realidad nos grita que ese monto es lo que creció el patrimonio –sólo el declarado- de Cristina desde 2003. Y si sumamos el crecimiento patrimonial de todos y cada uno de los delincuentes que tenemos por funcionarios o legisladores, probablemente nos encontremos con más de un presupuesto anual nacional. Estas son las cosas que sirven para eliminar cualquier discusión con el eventual ejemplar oficialista que viene a discutirnos lo que no tenemos ganas de discutir, precisamente, con ellos. Podemos hablar de fútbol, de música o de si preferimos que una mina tenga buen culo o buenas gomas, pero en cuanto arranque la discusión ideológica, hay que cortar por lo sano. Mientras Cristina recuerda que ella está saneando la crisis de los ahorristas desatada con el corralito, nos acusa de egoístas por el sólo hecho de querer hacer lo mismo que ella, pero de un modo más honesto y humilde: ahorrar, engrosar nuestro patrimonio. Nosotros reclamamos tantas cosas que todas se resumen en una sola. Queremos que salir a la calle de noche no sea igual que nadar herido entre tiburones. Queremos que por ser laburantes, no tengamos que demostrar que no necesitamos el crédito inmobiliario que solicitamos. Queremos que al enfermarnos de alguna peste, no debamos depender de si Moreno tiene un buen día, o no. Queremos poder tomarnos un tren sin rezar un Rosario antes. Queremos cobrar el sueldo sin que el Estado se sienta parte de nuestro esfuerzo y nos meta un impuesto al trabajo. Queremos que la democracia no sea entendida como el mecanismo mediante el cual una porción de la sociedad se impone por sobre el resto. Básicamente, queremos que nos dejen ser felices a nuestro modo, sin joderle la vida a nadie. 

Y para querer todo esto, no es necesario formar un partido y ganar una elección, cuando tan sólo es el deber de los que ya están en el poder. Si por exigir que no nos quiten el derecho a vivir sin que nos rompan las tarlipes, nos acusarán de ser fachos, genocidas, neoliberales, nazisionistas, gorilas, golpistas –todo esto sin saber nada de nuestro estilo de vida o creencias- no hay ningún problema. Ante cada defensa del modelo que hagan, los acusaremos de defensores de ladrones. Al menos esto último es comprobable.

Martes. No es kirchnerismo. Es kirchnereo.

*Este es un texto surgido de una conversación con Mr. Groncho en base a una idea suya. 

martes, 16 de octubre de 2012

Séptimo D, de Dedo

Como señal del exitazo gubernamental, no paramos de recibir palos en la rueda por parte de quienes no quieren que al país le vaya bien. Así es como todos se han complotado para fustigar la gestión de Cris, quien estoicamente resiste cada traba, sea de un grupete de egresados Bariloche 2010 que le hacen preguntas en una universidad foránea, sea de los suboficiales de las fuerzas de seguridad, o así se trate de los morochos ghaneses, que insisten en retener una de las pocas naves medianamente en forma que le quedan a la Armada Argentina: una fragata de 1956. Por suerte, gracias a los constantes cortes de luz, gran parte del país no cae en las garras de los intoxicadores de la información, esos que se dedican a señalar sólo lo malo, y no los resultados positivos del virtuoso modelo de un gobierno que amplía tantos derechos, que cualquier gilastrún puede empezar a pagar impuesto a las ganancias, aunque el salario no alcance para llegar a la tercera semana del mes.

Ayer, mientras la muchachada contratada se ofrecía a ir por la Fragata Libertad al grito de "Cristina Corazón, acá tenés los pibes para la liberación", la Presi reapareció sana y salva para inaugurar 29 kilómetros de asfalto en una ruta. Una ruta cuya obra fue iniciada en agosto de 2009, con lo cual tuvieron el vertiginoso ritmo de 760 metros de camino al mes, a un costo final de 100 millones de pesitos. Teniendo en cuenta que el kilómetro de ruta de asfalto cotiza a 1,8 millones, el costo final de la obra tendría que haber rondado cerca de los 52 millones de pesos, casi la mitad. Sin embargo, al saber que la ruta se llamará Néstor Kirchner, lo raro es que no hayan sobrefacturado un par de cientos de millones, como sí hicieron en la construcción del tendido eléctrico Puerto Madryn-Pico Truncado. 

A continuación, Cris charló con el intendente de Avellaneda y con Carlos, un hombre al que le adjudicaron una casa en dicha ciudad. Luego de preguntarle la edad, la fecha de cumpleaños y signo zodiacal, la Presi recibió el agredecimiento del escorpiano Carlos. Yo, acuariano con ascendente en leo, espero que cuando me toque, me tiren aunque sea un crédito blando para comprar un dos ambientes en Punta Mogotes. Al finalizar la charla, la Presi se comunicó con Mendoza, donde el gobernador estaba flanqueado por lo que queda de Julio Le Parc y Quino, para dar paso a la inauguración del centro artístico que lleva el nombre del aún no fallecido escultor. Y ahí sí, risueña y achinada, Cris tomó el micrófono y nos dedicó unas palabras.

Después de notar que llovía y asegurar que las precipitaciónes son buenas para algunos y malas para otros, comentó el drama que resulta de vivir en zonas anegadas por el agua. También afirmó que tener una casa propia es maravilloso -tener veintiocho, ni hablar- y nos enseñó que el plan Emplear-Tec se llama así por "emplear" y "tecnología" y que los que diseñan "el sosguar" son como los pilotos de avión, dado que tienen problemas y deben resolverlos. Asimismo, destacó que el sector informático aumentó su facturación en un 19,6% en un año y que dicho monto, obviamente, no tiene nada que ver con la inflación. 

Luego de asegurar que tenemos que ser como Austria y ponerle sosguar a las autopartes, la mujer que sueña con el país de las tapas de cilindros con Windows, describió cómo se fueron cuatro mil millones de dólares en dos días hábiles, pidió solidaridad a los cuarenta millones de argentinos, saludó y se fue. De la Fragata Libertad, no habló; de ganancias, tampoco; del bolonqui energético que deja sin electricidad a ciudades enteras por lapsos que llegan a treinta horas, menos. Lo interesante, fue el cambio en la política comunicacional, dado que antes nos contaba cuánto crecían las reservas, y ahora nos relata cuánta se va. 

Respecto de la cuestión energética, hace casi un año atrás, cuando se hablaba de aniquilar los subsidios residenciales al consumo, escribí unas líneas para resumir brevemente la historia del kirchnerismo y la política en materia de energía. A grandes rasgos, afirmaba que en 2004, cuando el retraso tarifario interno obligó a Metrogás a colocar parte de su producción en el exterior con el objeto de financiar a la empresa, el Gobierno decidió enchufarles una módica retención del 45%. El resultado inmediato fue una interrupción en el proceso de exploración y la caída de las reservas de gas -con proyecciones a diecisiete años- a tan sólo nueve. En 2005, se rehabilitó la conexión del gasoducto boliviano para importar gas de nuestro vecino y poder abastecer el mercado interno. Detalle, el gasoducto trasnacional había sido cerrado porque Argentina alcanzaba el autoabastecimiento en 1999. El costo de esta importación -el Evo no hizo, precisamente, precio de amigo- llevó a que en 2008 empezáramos a importar gas licuado, a pesar de ser productores del combustible, un récord que no sé si da para festejar. Respecto de la energía eléctrica, cabe destacar que incluso en el terrible 2001, la inversión privada en el sector eléctrico resultó rentable, gracias a que el sistema que regulaba el costo fijado por las empresas, lo hacía en relación al precio de la generadora energética que seguía a la que tenían en funcionamiento, con lo que se incentivaba a la inversión permanente. Durante el primer año de la salida de la convertibilidad, la diferencia costo-precio final, fue cubierta gracias a las reservas acumuladas por la Compañía Administradora del Mercado Mayorista de Eléctrico -Cammesa- y desde 2004 intervino el gobierno con un resultado previsible: desinversión más subsidios compensadores. Entre los factores que influyen en el aumento de costos en la generación eléctrica -algo que nunca se detuvo- figuran el incremento en el precio de los combustibles derivados del petróleo, también regulado, torpemente, por el gobierno. 

En aquel entonces, anunciaron que la quita del subsidio sería del 100% para los vecinos de Barrio Parque, Puerto Madero y los countries de la patria. Si bien esto generó terror entre los militantes del peronismo cardón y de la agrupación Bolche & Gabbana, la sorpresa no fue que quitaran los subsidios, sino que nos dijeron en la cara que subsidiaron durante casi una década a los sectores más pudientes de la sociedad argentina. Hoy, mientras nos putean por gorilas, golpistas, nazisionistas y conservadores liberales, el negocio es comprar velas.

Me pongo en el lugar del gobierno y me preocupo. Con una política centrada en bombardear televisivamente para informar que todos mienten menos ellos, que las teles no funcionen con amor, no garpa. Y menos cuando los diarios oficialistas no cumplen acabadamente con lo que pretenden, algunos por berretas, otros por clasistas. Si no hay tele ¿cómo hacen los que no compran Página/12 para enterarse que Aliverti sostiene que la retención de la fragata Libertad tiene una relevancia inventada por Clarín y que todo se debe a una operación de prensa montada por Magnetto para desestabilizar al gobierno? Los que no reciben El Argentino ¿cómo se enteraran de que el Juez Federal Torti no debería intervenir en la causa por la ley de medios, dado que fue designado por la dictadura en 1981? Si con luz eléctrica no se enteran que Zaffaroni juró defender el Estatuto del Proceso en 1976 -cuando fue designado Juez en lo Criminal y de Sentencia- no me quiero imaginar lo que pasaría si nos devuelven a la iluminación a cebo. 

Vaya paradoja que la lucha por la ley de medios y los problemas energéticos sean producto de la pesada herencia recibida del gobierno de Néstor, quien fue tan poco considerado con la futura gestión que, para arreglar su último moco, necesitaron de una ley nacional, millonadas de la nuestra gastadas en propagandas pedorras, mil millonadas de tu plata en bancar espectáculos deportivos "para todos" y tres años de romper las guindas a quienes no son ni jueces ni parte en este entuerto, o sea, nosotros. Y así, mientras nos dicen que los problemas energéticos se deben al crecimiento de la economía -¿en Brasil se alumbrarán con antorchas?- nosotros somos testigos de cómo el gobierno más poderoso, el más querido, el más perfecto, el más distribuidor, el más popular, el más inclusivo, el más apoyado, el más mejor, tiene por enemigo temido a una empresa de noticias. Una empresa a la que nadie le dio tanto como Néstor Kirchner. 

Para el cristinismo, el mundo arrancó el 27 de octubre de 2010. Recordar es fácil, internet es gratuita en muchos lados y las hemerotecas aún existen. Sin embargo, todo lo que pasó de hace dos años para atrás, el Cris Fans Club lo construye en base a mitología. Néstor no llegó al poder mediante elecciones con el apoyo del gobierno saliente, sino que apareció de un modo que los teólogos de Carta Abierta aún no han podido determinar. No gobernó, nos trajo amor. No impulsó un programa que no cumplió, nos vino a proponer un sueño. No se choreó hasta los sobrecitos de azúcar de las reuniones, nos devolvió la dignidad. Y todo mientras Magnetto lo amenazaba cada semana, cena de por medio, en la Quinta de Olivos, en presencia de su Señora esposa. 

Hablar de desinformación y la democratización de los medios en la era en la que nos informamos al instante por internet, es un chiste. Obligarnos a apoyar al gobierno a solucionar sus propias cagadas, es joda. Pueden sugerirte en qué pensar, pero nadie, por más poder y guita que tenga, puede cambiar cómo pensás, sea un diario opositor, el vecino, el kiosquero, o el mismísimo gobierno.

Martes. Leo lo que quiero leer, escucho lo que quiero escuchar, veo lo que quiero ver. 

martes, 9 de octubre de 2012

La Épica del Relato

Luego de años de hablar de desestabilizaciones varias y gorilismos diversos, el kirchnerismo cristinista finalmente tuvo su intento de golpe de Estado. Y así como cada pueblo tiene el gobierno que se merece, nuestro gobierno ha tenido el mejor intento golpista al que pudieron aspirar: dos fuerzas de seguridad en protestas comandadas por suboficiales. No es mucho, es cierto, pero no hay que desestimar ninguna posibilidad a la hora de detectar a la rapiña fascista que busca derrocar al gobierno nacional y popular, así se trate de suboficiales muertos de hambre, sin otra cosa que perder que sus ya magrísimos sueldos. 

La protesta de quienes no tienen otro modo de protestar fue interpretada como un atropello al orden constitucional por todo el arco oficialista y parte de la pedorra oposición que no supo dónde pararse. El cristinismo se enfureció y organizó la resistencia a la intentona, pero como no son tiempos para valientes, la planificación se efectuó desde Twitter. "Esto es un golpe de Estado organizado por Magnetto" afirmó Juanito Cabandié, un tipo con tan pocas luces que aún no entiendo cómo es que no lo pusieron al frente de algún ministerio. Lucas Carrasco, desde su blog, aseguraba que era el resurgimiento de la línea carapintada, aunque no aclaró si se refería a la mediación de Berni, o si cree que cualquier humanoide de color verde es un potencial golpista. Edgardo Depetri, por su parte, pidió a la militancia que se mantenga alerta ante los acontecimientos que atentan contra la democracia. Y así, mientras Bonafini llamaba a defender a la democracia ante el avance de los que no tienen votos y quieren sacar a Cristina de prepo, veíamos como ese grupo de oficiales hacía alarde de todo su poder de fuego: desarmados, con un mate en una mano y un recibo de sueldo en la otra. 

Cerca del primer mediodía, el conflicto parecía desvanecerse ante el anuncio de la marcha atrás del decreto que hizo pupa el ya pobre salario de los miembros de las fuerzas de seguridad. Lástima que el anuncio lo hizo Abal Medina, entre acusaciones desestabilizadoras y recuerdos a "pasados oscuros que los argentinos no queremos revivir", aunque no aclaró si se refería a un real golpe de Estado o al recorte del 13% del último gobierno que integró el actual Jefe de Gabinete. Más tarde, apareció con vida Nilda Garré y afirmó que el conflicto estaba resuelto, dado que decapitó a la cúpula de ambas fuerzas. Uno creería que luego de haber pateado los pasillos de los ministerios a cargo de las fuerzas de seguridad, primero con Onganía, años más tarde con Storani, la Nilda la tendría clara, pero se ve que a la oficina iba a jugar a las cartas, mientras mantenía charlas de peluquería con Arrostito antes, y administraba el registro automotor que había conseguido en los años de Menem, después.

La oposición se dividió entre los que boyaban de la nada al dequémedisfrazo, y los que mantuvieron el sentido común. Los primeros participaron de una declaración de la Cámara de Diputados en la cual se pedía a los miembros de las fuerzas de seguridad que se mantuvieran dentro de ese enorme colectivo denominado "actitud democrática." Entre los firmantes, estaban los visitantes ilustres a la Casa Rosada: Federico Pinedo por el PRO, Gil Lavedra por la UCR y Patricia Bullrich por Patricia Bullrich. Se ve que las contínuas acusaciones de desestabilizadores y golpistas los ablandaron y las balas finalmente les entraron. Hoy tienen tanto miedo de no ser votados por aquellos que jamás los votarían que salieron, temerosos, a apoyar la versión del oficialismo, ese mismo oficialismo que, sistemáticamente, los acusa de todo lo malo que pasa en el país desde la llegada de Juan de Garay al estuario del Plata. Claudio Lozano picó en punta entre los que se dieron cuenta de la joda y, mientras se secaba las lágrimas de la risa provocada por el comunicado, afirmó que jamás tildaría de golpistas a quienes efectúan un reclamo salarial.

Al segundo día de reclamo, nos asaltó una segunda oleada de argentinismo: Alfonso Severo, testigo del juicio por la muerte de Mariano Ferreyra, desapareció. Si bien uno pensó que se debió a que las fuerzas de seguridad le quitaron la custodia para poder llevar adelante el golpecito de Estado, el ministro de Justicia, Julio Alak, afirmó que Severo no había pedido custodia. Ahora que sabemos que Julio López no estuvo entre los gendarmes golpistas, podemos asegurar que, si desapareció y se murió, se tiene que joder por no pedir custodia en este país donde la seguridad es bancada por todos, pero usada por quien tiene la suerte de ser tocado por el dedo del Gobierno. Severo apareció al día siguiente y, mientras aseguraba que su secuestro se trató de un mensaje para la Presidente -se ve que las mafias modernas desconocen las bondades del correo electrónico- se quejó por ser kirchnerista y no haber recibido ni una llamada del gobierno nacional.

Mientras esto sucedía, los gendarmes y los prefectos emitieron su proclama revolucionaria, consistente en un salario mínimo de siete lucas. De exigir la renuncia de Cristina no dijeron nada, pero suponemos que se trató de una maniobra de distracción para no ser tildados de gorilones. Recién hoy, martes, el gobierno tendrá una respuesta al asunto. El pragmatismo no siempre resulta y las elecciones en Venezuela nos vinieron de anillo al dedo para hablar de otra cosa.

Si la memoria no me falla, hace añares que el país no estaba tan pendiente del resultado de una elección presidencial del extranjero. En lo particular, pude comprobar una vez más que la obligatoriedad del sufragio como garantía electoral es un chamuyo propio del siglo pasado: sin ser obligatorio, en Venezuela concurrió a votar el 82% del padrón, mientras que acá, con obligatoriedad, hace tiempo que no pasamos del 70%. La dependencia hacia lo que sucedía en Venezuela no tiene sustento alguno que la justifique en cuestiones fácticas, dado que el país caribeño ya ni siquiera es tenedor de un porcentaje significativo de nuestra deuda externa como para asustarnos con alguna pronta ejecución en caso de un cambio de mandatario.

[Joven argentino, si en 2005 estabas en una nube de pedos, o desconocías que internet servía para otra cosa además de buscar videos porno, te cuento que el pago al FMI se hizo en cash, y para cubrir parte de ese faltante en las reservas, se emitió un bono de deuda que fue adquirido casi en su totalidad por Venezuela, y cancelado recientemente, con el pago de buena parte de los Boden 2012.]

La figura de Chávez es, en todo caso, casi decorativa, más que desestabilizadora per se. Chávez es en sí lo que los demás queremos que sea. Algunos lo ven como al Patriarca de los Pájaros que demuestra su espíritu democrático cada dos por tres sometiéndose a elecciones. Otros, en cambio, sostenemos que avisar que si no gana, arrancan los tiros, no es muy democrático que digamos. Que el anticristinismo se deprima por la derrota de Capriles y el oficialismo se alegre por la victoria del recontrareelecto Presidente, habla más de lo bajo que caímos, que de cualquier otra cosa. Me cuesta creer que hoy, las esperanzas de uno y otro sector pasen por un resultado electoral en Venezuela. Y no se trata de minimizar a dicho país, ni de hacer una escala de importancia internacional, sino que no es coherente hablar de nacionalismo y soberanía, mientras nuestra felicidad va de la mano de unas presidenciales externas. En este caso particular, tanto los veedores de Capriles -otra vez Bullrich, Pinedo & Cia- como los militantes de La Cámpora, fueron a practicar futurología a Venezuela, creyendo que lo que pase allí es lo que sucederá acá próximamente, como si el argentino tuviera la misma idiosincracia e historia política que Venezuela. Cualquier argentino que camine por las calles de Caracas notará la historia de ese país en sus calles y verá con sus propios ojos que nosotros nunca, pero never in the puta life, podemos llegar a terminar así, porque partimos de lugares distintos y porque este país ha tenido la suerte de contar con gobiernos que, dentro de sus limitaciones, han sentado algunas bases para que sigamos sobreviviendo a pesar de todo.

Nuestra principal contra es, a su vez, nuestra principal carta a favor: el argentino nunca fue manso y votó a quien garantizara la máxima ganancia en el menor plazo posible. La creencia de que en octubre pasado, el 54% votó al gobierno de los derechos humanos, de la soberanía y del modelo de redistribución del subsidio con base en matriz sojera, queda para los que quieren creer en una épica romántica, cuando la realidad indica que frente a Cristina se encontraba un expresidente que los llevó al poder, el hijo disfónico de otro expresidente, un androide rosarino, y Carrió sin el aparato socialista. Yo era capaz de votar a Zulma Lobato, pero no todos son tan extremistas y muchos fueron a lo seguro, total, mañana se verá qué pinta. Sin embargo, ese mentado 54% -hoy convertido en número mágico, luego del resultado en Venezuela- es considerado por el oficialismo un número tan intangible, como todopoderoso, representante del triunfo de la militancia y el romanticismo de construir la patria para todos, a pesar del resto.

La necesidad de la construcción de una pasada épica inexistente por parte de quienes la vieron de afuera -o desde adentro de una embajada, mientras el resto era carneado- llega a extremos impensados. Hay gente grande que habla de cómo resistió a la dictadura en su juventud, aunque la realidad afirma que a la facultad iba a levantar minas y las reuniones nocturnas eran para salir de joda a Juan de los Palotes. Por cuestiones que hacen a leyes físicas, muchos pibes nacidos al calor de la democracia y críados sin demasiados sobresaltos durante el menemismo no tienen cómo sustentar ese sentimiento setentista. Es así como ven fantasmas donde hay seres humanos, desestabilizadores donde aparecen personas que opinan distinto, y golpistas donde hay un grupo de hombres negreados por el Estado. Es la muestra máxima de la devaluación política que hoy se pretende mostrar como el futuro dirigente del país: un sector de la sociedad que necesita de una épica y un mito que justifique la existencia, ante la carencia de hechos que enamoren. Existen puntos de partida, poco importa el resultado final: es el imperio de la intención. Así, la Asignación Universal por Hijo exterminó la deserción escolar, porque eso decía el argumento de su creación. Que usted, yo y mi tío Ernesto sigamos esquivando duendes descalzos en cualquier esquina, se debe a otra cuestión, quizás metafísica. Todo lo que se diga en contrario, es síntoma de simpatía por gobiernos pretéritos y asesinos. En idéntico sentido, la implementación de la Ley de Medios de Comunicación Audiovisual es la garantía que salvará a la democracia. Queda lindo, suena poderoso, aunque nadie puede explicar de quién hay que salvar a la democracia, en un contexto que llega a extremos tan copados que no se entiende por qué los únicos trabajadores que no tienen derecho a agremiarse, son considerados golpistas por levantar la vista y mirar a los ojos en reclamo de un salario que los saque de la pobreza.

A esta altura, creo que lo mejor que podría pasarnos es que entre en vigencia, con todo el rigor posible, la mentada ley de medios. Está más que claro que la más auténtica oposición al kirchnerismo es su política comunicacional. Las exposiciones de Cristina en las universidades norteamericanas, son un ejemplo de ello: cuando se puede retrucar, se ponen a la defensiva, cuando estamos indefensos, nos invaden con explicaciones que nadie pidió a preguntas que nadie hizo. Va más allá del que piensa distinto o igual, dado que hay momentos en los que no queremos ser informados por nadie, sobre todo cuando pretendemos un momento de distensión. Es ahí cuando, en pleno partido del equipo de nuestros amores, nos caen con la explicación de por qué De La Sota miente, como también aparece Cristina a la hora de la cena para contarnos que el país se ha convertido en potencia industrial intergaláctica. 

Todos los que hemos militado alguna vez, sabemos del poder de la campaña callejera -el timbreo, la pintada, las pegatinas, etcéteras varios. Por ahí no sumamos ni medio voto, pero para el que recién arranca, es el pago del derecho de piso y una garantía de que el jefe directo, al menos, recordará cómo nos llamamos. Sin embargo, los neomilitantes cristinistas se han convertido en una especie de religiosos politizados, con potenciales pastores que te abordan en el momento menos indicado, y en el lugar menos esperado. Así es como los Testigos de Néstor llegan a cometer martirios tales como romperte las tarlipes mientras tomás mate en la plaza, inflarte los gobelinos cuando llegás tarde al laburo, o querer explicarte por qué Clarín merece desaparecer de la faz de la tierra por golpista y antidemocrático mientras vas caminando a Luján.

Creo que siempre fue mal expresado el argumento que reza que la diferencia entre los diarios opositores y los oficialistas radica en que a los opositores les pago si quiero y con los oficialistas no tengo opción. El gobierno ha adoptado desde hace casi un lustro una política que ha modificado ese precepto, y que hoy nos dice que la diferencia entre los medios privados y los públicos consiste en que a los primeros los leo cuando quiero y si quiero, mientras que de los últimos sólo me salva un estado vegetativo. Si la comunicación oficial consiste en spots bancados por todos en momentos en que nadie quiere verlos, en cadenas nacionales con el fin de informarnos que hay dólares y no existe la pobreza, en explicaciones a cargo de Abal Medina, Alak y Nilda Garré, o en una ley aplicada por Sabbatella, lo mejor que nos puede suceder es que invadan todos y cada uno de los refugios que aún nos quedan. Así todos tendrían el placer de ver a Alak -el exintendente platense que organizó la movilización de apoyo a Menem cuando estaba detenido en la quinta de Gostanián- sentarse junto a Eduardo García Aliverti para defender el modelo nacional y popular, como sucedió este domingo en 678. En definitiva, no hay mejor campaña en contra del gobierno que dejarlos hablar a toda hora y todos los lugares posibles. Porque para un kirchnerista, no hay nada peor que otro kirchnerista con micrófono.

Martes. Sonrían, estamos en PlazadeMayo.com

martes, 2 de octubre de 2012

Un Discurso, Doce Mentiras

Estar en casa no tiene precio, sobre todo cuando a uno le prometieron un all inclusive y terminó acampando en una plaza, con pibes tirando piedritas. La gira de Cris por las universidades norteamericanas de Harvard y Georgetown dejaron sus secuelas, a pesar de haber juntado en cada charla más gente de la que presenció su exposición en la Asamblea de las Naciones Unidas. Los principales damnificados resultaron ser los funcionarios de la Presi, que tuvieron que sacrificar un fin de semana de dilapidar la nuestra para ver cómo dibujaban un acto urgente. No hubo muchas ideas: la represa Néstor Kirchner ya fue anunciada treinta y siete veces en dos años, plata para nuevas obras no hay, y para ir a un hospital a inaugurar un nuevo cesto de productos infectológicos hace falta un chaleco antibalas. Así fue como Sabbatella se convirtió en la justificación ideal para mimar a la Presi y decirle que ya pasó todo.

La alegría a Sabbatella le duró poco: arrancó a puro números. Cifras imposibles de memorizar, repetidas una tras otra cual sorteo vespertino, dibujaron un país en el que se crearon treinta mil puestos de trabajo nuevos -nadie sabe bien dónde- una semana después de que IBM iniciara su campaña de despidos masivos -van de a cientos- previa a su retirada del país. Sin embargo, los profesionales en economía de la multinacional pueden quedarse tranquilos, que Carrefour puede garantizarles un puesto de repositor en alguno de los supermercados de la excadena Eki. A continuación, la Presi se puso contenta porque le gustó el discurso de Dilma Rousseff en Naciones Unidas. Dijo que la entusiasmó, no porque nos tirara flores, sino porque "estamos en la misma onda." Según Cris, los países centrales nos quieren transferir la crisis a los sudamericanos y nosotros estamos resistiendo -a fuerza de imprimir billetes sin respaldo- como corresponde, porque "somos los que hicimos crecer al mundo en los últimos diez años." No, no tiene remate.

Mientras Sabbatella decía "ahora me toca a mí", a la Presi se le dio por el cepo cambiario y recordó que el cepo es un elemento de tortura. Quienes padecimos a Suárez Lastra, Grosso, Bauer, Domínguez y De La Rúa como intendentes, recordamos al cepo como un aparato de tortura atroz, capaz de producir dolor testicular sin ser aplicado sobre el propio cuerpo. La Presi, en cambio, reconvirtió el concepto de molestia inglinal y dedicó varios minutos a explicar por qué en Argentina no hay cepo: tantos millones a importaciones, otros tantos palitos a pagos de deudas y unos verdes más para turismo, aunque aclaró -por si hiciera falta- que esos dólares no son al portador. No pudo decir ni media palabra del impedimento de comprar billetines gringos por particulares, pero pidió que dejemos de llamarle cepo, porque "es feíto." Después de todo, sólo se trata de una cuestión de imagen, como el cartel "date una vuelta por el futuro" que tapa la villa 31. Para redondear el tema del cepo, Cris aseguró que se puede viajar tranquilo porque vio argentinos en Nueva York, que es algo así como asegurar que hay vida en la Luna porque vio un astronauta caminando por la misma.

Sabbatella codeó al de la silla de al lado y le dijo "ahí vengo yo." Siguió participando. La Presi, dispuesta a dar la batalla por el copyright del chamuyo, habló de "la jauja y timba cambiaria." Según la exconstructora de pirámides africanas, "en ningún país del mundo se puede comprar dos millones de dólares por mes." Por suerte, esas conductas que generan palos en las ruedas de este trencito de la alegría que nos lleva a la liberación, ya son cosas del pasado y no se ven más casos como el de este desconsiderado que, para aprovechar el estallido de la crisis internacional tras la quiebra del Lehman Brothers, compró -vaya coincidencia- dos millones de dólares.

Fuente: Perfil.com
Varios casi se sofocan cuando escucharon "quizás cometimos el error de no hablar con los números claros de lo que había pasado en la Argentina", pero volvieron a respirar con alivio al notar que se refería solamente a la joda de la especulación en moneda extranjera que llevaron adelante personas como Néstor Kirchner. El susto dio lugar al silencio cuando la Presi recordó la corrida cambiaria que se desató al ganar ella, en base a un rumor de devaluación, "que como verán, no sucedió." Y como tiene razón, es lógico que pusiera un tipo de cambio bajo para los que viven de girar remesas al exterior, y uno un 40% más caro para aquellos que sólo desean guardar un resto de poder adquisitivo o comprar un inmueble sin recurrir al Quini House presidencial, hoy reconvertidos en timberos financieros.

Y ya que hablamos de viviendas -aguante un cachito, Sabbatella, ya le toca a usted- la Presi dijo que sólo se justifica la toma de deuda cuando se va a construir una gran obra, "como cuando te endeudas para comprar una casa, pero la casa te queda." Genia total, barrilete cósmico de la fortuna construida a base de la ejecución de hipotecas usurarias, ídola titánica del verso.

Mientras Sabbatella hacía pelotitas con los mocos del embole, le llegó su turno. Avisó que firmó el decreto en el que se lo nombra titular de la Autoridad Federal de Servicios de Comunicación Audiovisual (Afsca) y criticó a los que lo trataron de oficialista, cuando en las elecciones de 2009 fue por otra lista distinta de la de Néstor Kirchner. Así, con un Sabbatella opositor, el astro de Morón volvió a su eterno y comodísimo segundo plano, dado que la Presi quería hablar de Guillermo Moreno.

"Ver el féretro de un funcionario con un tiro en la cabeza me parece espantoso," afirmó Cris. Desde mi humilde opinión, tiene razón. No comparto la técnica comunicacional de ir con las mismas armas que utiliza el oficialismo, pero la veo a mi vecina haciendo malabares para comprar en el exterior -a 70 mil dólares blue- lo que acá no puede conseguir a un precio ya poco razonable, y me dan ganas de justificarlos. No comparto el mecanismo de la violencia ni del chascarrillo que envuelva algún fin violento, pero me viene a la mente el recuerdo de la familia de Sebas y los entiendo. Sebas sufría de epilepsia. Sebas estaba en un tratamiento que podría haberlo salvado. Sebas estuvo cuarenta días sin las inyecciones que necesitaba, dado que no entraban. El padre de Sebas perdió tiempo irrecuperable que podría haber pasado al lado de su hijo, para ir a deambular -en vano- de farmacia en farmacia en busca del puto medicamento. Los amigos de la familia de Sebas bombardearon la casilla de mail de "pedidos" de la Secretaría de Comercio y no recibieron ni un "veremos qué pinta." A Sebas le tuvieron que inducir un coma. Cada vez que intentaban evaluarlo, convulsionaba y debían dormirlo de nuevo. La droga que necesitaba Sebas es importada y finalmente llegó al hospital en el que estaba internado, pero con dosis sólo para una semana. Sebas pasó tres semanas más en coma. Sebas murió. Sebas tenía 11 años. ¿Se podría haber salvado? Sólo Dios sabe, pero de lo que no hay ninguna duda, es que podría haber sobrellevado la enfermedad con una dignidad lo más humana posible y que no se habría privado a sus seres queridos de pasar al lado de él sus últimos instantes, si no fuera por una manga de inadaptados sociales disfrazados de funcionarios a los que hay que tenerles respeto porque sí, como si creyéramos en el Rey Sol absolutista y no tuviéramos todo un aparato legal pensado para impedir que estos crotos con títulos nos traten como meros números, como daños colaterales en el camino de la supervivencia de un modelo pedorro.

Y todavía se dan el lujo de ponerse en víctimas. Si el papá de Sebas reaccionara del modo más entendible, el forro de Alak diría que es un mafioso y lo denunciaría penalmente. Y aquí es donde vuelvo a la cuestión de no compartir una técnica y, al mismo tiempo, no saber cómo reaccionaría ante idéntica situación, aunque deduzco que tendrían que venir a visitarme. Pero Cristina sostiene que "cuando nos parece que alguien es violento, agresivo, que viola derechos, que viola el Código Penal, no hay que responder" sino que hay que tomar un abogado, ir al primer juzgado y hacer la denuncia, porque "ese es el camino que nosotros tenemos que vivir en una sociedad democrática." Cabe aclarar que la última persona que hizo eso, acusó a Guillermo Moreno de amenazas, agresiones y violencia de género. Cristina estaba en Harvard y no se enteró.

Para la Presi, hay que seguir el ejemplo de las Madres, que nunca amenazaron a nadie -supongo que deberíamos excluir a la antisemita, racista y festejadora de atentados, Mamá Hebe- y aprender a tener diferencias de criterios. Por ejemplo: ella puede poner un avión bancado por nosotros para traer al marsupial del hijo a atenderse la rodilla en el hospital del Opus Dei, mientras nosotros rezamos para que no nos agarre ninguna peste, pero sin chistar, dado que sólo tenemos una diferencia de criterios. Según ella, todo se logra con mayor militancia y sin necesidad de arrastrar cajones para construir identidad política. Según la Juana I de Castilla vernácula, a los muertos no hay que utilizarlos, sino honrarlos -como hace ella que apela al recuerdo de su Felipe no tan Hermoso cada vez que le pinta- dado que la identidad política no se construye sobre fallecidos. Quizá es por ello que no le da ni cinco de pelota a los muertos por la inseguridad: no aportan a la identidad política.

Para redondear, quiso hacer una defensa a sus dichos sobre la Universidad de La Matanza y leyó un comentario de una estudiante de la UNLAM que recordaba "cuando el 17 de octubre de 2008 la Presidenta vino a hablar, mientras los inadaptados se mataban en San Vicente." Aclaró que la chica no recibe ningún plan y afirmó que se acuerda con lujos de detalles todo lo ocurrido "aquel 17 de octubre de hace cuatro años", a tal punto que hasta dio información climática de la jornada. Emocionante y conmovedor hasta las lágrimas el relato del apoyo incondicional y la memoria de Cris, lástima que el tiroteo de San Vicente fue en 2006 y Cristina ni siquiera era Presidente.

Al finalizar, sostuvo que Perón y su segunda esposa no querrían que utilicen sus nombres con fines políticos -juro que no es joda- para luego dar paso al notición de la semana: la pobreza es del 6% y la indigencia del 1%. Y así, mientras Sabbatella buscaba quien lo salude, la Presi afirmó que los números son claros, agradeció y se fue a saludar a los camporitas que cantaban, porque no había nada mejor que hacer un lunes al mediodía.


Martes. Nos quejamos de llenos.