miércoles, 26 de diciembre de 2012

Al Margen

Entre las cosas que menos extraño de los ´90 son las fiestas sin preocupaciones colectivas. El bardo era personal: la sola idea de tener que tolerar quince días entre preparativos y cenas infumables con personas a las que hoy no les daríamos bola ni en Facebook. Las peleas familiares giraban en torno a decidir si la solterona de la familia lo era por trola, por torta o por frígida, la cara de ojete del primo cornudo y las tetas casi al aire de su ingrata esposa, el maltrato disfrazado de buenos modales de la suegra, y la elección entre hijos quilomberos o reprimidos emocionalmente. Y, mientras se degustaba una cena impagable con champagne importado y regalos norteamericanos, se puteaba a Menem porque no había plata en la calle. 

Hoy, por suerte, podemos hablar de otras cosas que nos alejan de la insoportable levedad de nuestras vidas. Si en una charla de bar podemos resolver la alineación perfecta para que la Selección gane el próximo mundial, en una cena de nochebuena tranquilamente podemos armar dos o tres revoluciones antes de que el abuelo se quede dormido. En la nochevieja, antes de que nos saludemos por el año entrante, y en medio del debate entre los que prefieren el lechón caliente y los que gustan del porcino frío, solucionamos la inflación con doctrinas caducas, arreglamos la inseguridad del país matándolos a todos, y proponemos la supresión de algún que otro partido político como teoría máxima para eliminar toda problemática argentina. 

Así, mientras algunos opositores al gobierno -aun dolidos por la inutilidad de quienes consideraban cuadrazos políticos- terminan coincidiendo con Abal Medina en que los saqueos fueron organizaos por Moyano, otros proponen un sistema de libertad que permita imponerles a otros sujetos conceptos tan subjetivos como la moral, y el resto sostenemos que con Perón estas cosas no pasaban. 

Muchos consideran que el saqueo es una bestialidad injustificable bajo cualquier punto de vista. Coincido. Pero coincido en la general. Que se hayan generado las condiciones para que, una vez más, se produzcan saqueos, no puede justificarse. Nunca pudo justificarse, del mismo modo que no se puede explicar cómo puede haber desnutrición en un país que genera alimentos para 500 millones de personas y, según el último censo, tiene menos habitantes que España. Pero pasa. Pero pasó. Pero puede volver a pasar. Hoy, mañana, pasado, en cualquier momento, puede volver a pasar. 

Los parámetros personales aprendidos en el seno familiar, no nos sirven para estas cosas. Decir que nuestros abuelos vinieron con una mano atrás y otra adelante, y no por eso salieron a saquear, tampoco. No se puede comparar una sociedad con una cultura del trabajo plena, entendida como el camino para la concreción de los sueños personales, con esta actualidad consumista. El sueño argentino de ver un ascenso social en tan sólo una generación, se desvaneció para gran parte del país hace tiempo y en estos años no se ha hecho nada para revertirlo. No se puede pretender que un tipo entienda el valor del esfuerzo cuando, primero, no tiene dónde esforzarse y, segundo, no le sirve de mucho ya que tiene que volver a un barrio al que sólo le faltan jirafas. No se puede ser tan idiota de suponer que una familia puede quedarse en el molde durante una década, sin laburar y cobrando chauchas y palitos, sea en las changas, o gracias a la todopoderosa Anses, y con las ganas de consumir lo que les ofrecen por todo los medios posibles. 

Pero ahí están, gritándonos que El Modelo, junto a Papá Noel y los Reyes Magos, son los padres. Ahí están los que duermen en la calle, los que patean el tren, el bondi y el subte mangueando monedas, los que la miran de afuera, los que nunca vieron a sus padres y abuelos laburar, los que recibieron el decodificador para mirar los partidos en HD y no tienen dónde, los que recibieron por toda educación un listado de derechos, pero nadie les explicó la parte de las oblgiaciones, los que no pueden discutir en paritarias el aumento del puñado de billetes que cobran de arriba, como sueldo por ser pobres. Ahí están, diciéndole a Cristina que aunque se mueva en helicóptero y hable con la gente sólo en los actos, hay gente que realmente la está pasando mal y no tiene idea de por qué, porque nadie les dijo cómo dejar de ser pobres, porque nadie se calentó en generar un mínimo de condiciones para que haya igualdad de oportunidades, que no es lo mismo que igualdad de poder adquisitivo. Ahí andan, ejerciendo por mano propia el derecho a ser feliz en un país en el que esta todo tan, pero tan bien, que no entienden por qué a ellos no les llegó la bonanza. 

Ya pasó Navidad y con ellas los saqueos. El lunes se termina el año y, en cuanto se les pase la resaca, volverán a ser pobres. Al menos la fantasía les duró unos diez días y, como souvenir, les queda un LED de varias pulgadas, en el que podrán ver en HD todas esas cosas que no pueden comprar, porque no tienen con qué, porque no saben cómo se consigue y porque, los que sí saben, son conscientes que no califican para ello. La batalla más dura de las que nos esperan, es la cultural. Suponer que esto se arregla con políticas económicas y planes de contención, califica para un examen de coeficiente intelectual. Cultura del trabajo, lisa y llanamente, cultura del trabajo. Y para recuperarla no sirven ni los planes cooperativas ni los talleres barriales, que tratan a los que participan como si fueran deficientes mentales a los que se les monta una ficción laboral. ¿O acaso suponen que esos tipos nunca vieron lo que es una fábrica de verdad ni desde la vereda? 

Y dentro de la batalla cultural, hay una lucha que es tan dura como la de reimplantar la cultura del trabajo. Es la lucha interna, la de los que no pasamos necesidades sustanciales porque laburamos, heredamos o ya la hicimos toda. Es la lucha por la tolerancia, por la aceptación del otro. Es hablar de conjuntos de personas con ideales, de individuos que conforman un todo diferente al nuestro, y no de productos ideológicos deshumanizados. No es lo mismo oponerse a un plan social porque sabemos que no sirve para nada, que oponerse porque no queremos ver a un morocho ni más allá del horizonte. 

Hace catorce meses tuvimos elecciones. Muchos de los que votamos a nuestros candidatos opositores -por convicción, o porque no nos quedó otra- aún no nos atrevimos a exigirles explicaciones por oponerse al gobierno en una cámara televisiva, y acompañar en una cámara legislativa. Y nosotros, en la confusión generada por el gobierno, creemos que exigir cuentas claras y explicaciones a quienes votamos, es hacerle el juego al oficialismo cuando nos sugiere que, en vez de quejarnos, ganemos elecciones. ¿Para qué queremos ganar elecciones, si los que dicen oponerse andan entre la masturbación doctrinaria y la indignación de cola de banco? 

Sin embargo, propio de estos tiempos de extremos, la reacción ante el fundamentalismo kirchnerista se muestra, también, de un modo casi talibán. Otra que chiítas y sunitas. En épocas en las que necesitamos ponernos de acuerdo en algo, los perfeccionistas de siempre pretenden que todo sea color de rosa, según sus parámetros ideológicos y valores morales, y siempre en sintonía con sus temores. Así es como resulta normal que haya gente que se ofenda cuando el oficialismo descalifica la marcha del 8N porque estuvo la Pando, pero a la hora de acompañar al sindicalismo a la Plaza de Mayo, les agarra una reacción alérgica. 

Personas que no necesitan tomar sol para broncearse, ven a un negro y putean al peronismo. Individuos que todos los días gastan más que el anterior, piensan que la única inflación fue la de Alfonsín. Gente que no leyó un diario en los últimos 30 años, cree que los planes sociales son un invento patentado en 2002. Y entre todos, nunca falta el más peligroso de todos, el que todavía cree que con los militares estábamos mejor mientras califica de dictadura a esta junta de impresentables que algunos llaman gobierno. 

Acá es cuando me surge una duda enorme, que hace más ruido que Máximo tirándose bomba en una pelopincho: ¿Qué será de nosotros en el post-kirchnerismo? En serio lo pregunto, como también pregunto cuántos de nosotros estamos realmente dispuestos a un país inclusivo de verdad, tanto en lo social como en lo ideológico, cuando esta farsa haya terminado del todo. ¿No te gustan los que viven de arriba? A mí tampoco. ¿Dónde ponemos a los que no conocen la relación esfuerzo-progreso? ¿Qué hacemos para revertirlo? ¿Estás dipuesto a revertirlo? Las preguntas no son en vano, porque los de arriba, pronto se irán. Ahora, los que sobrevivieron como pudieron, están. Los que no se enteraron que se puede progresar sin beber eternamente la teta del Estado, existen. Los que abrazaron al modelo sin tener la chance de kirchnerearse ni una caja chica, también, y son muchos. ¿Qué hacemos con ellos? ¿Los expatriamos? 

Si, encima, llevamos esto al plano ideológico, estamos al horno. Se puede disentir en la ideología, pero no se puede culpar a la misma por lo que las personas hacen de ella. La sola idea de generalizar, me genera rechazo. Si seguimos en este camino, pronto condenaremos al catolicismo por ser la religión de Cristina. 

Acá estamos, cerrando el año, yo escribiendo y vos leyendo. A veces coincidís en todo, a veces en nada. Pero volvés. Y estás. Y me leés. No soy un personaje, realmente soy peronista. No soy morocho, soy tan blanco que en verano paso vergüenza, mido 1,90, no me como las eses, y se leer y escribir. No vivo en el conurbano, no nací en Ciudad Evita. No me gusta la cumbia, ni andar en cuero por la calle. No tomo vino del cartón, ni lo mezclo con jugo en polvo. Amo el choripan, igual que todos. No me hicieron peronista mis padres, me hice solito. Debo confesar que algo de masoquismo hay en esto, dado que nunca me sentí oficialista. Pero no me hice peronista por las personas, me hice peronista porque me enamoré de una doctrina plagada de ideales de bien común, siempre en función del progreso personal, en la que el concepto de autodeterminación, nacionalismo y soberanía no tienen sentido, si no se tiene en cuenta a la única clase de hombre que importa para el bien de la sociedad: el hombre que trabaja, el que tiene poder de trabajo y quiere trabajar. 

Por ahí no viene al caso, pero necesitaba decirlo. En estos tiempos convulsionados, en los que cualquiera es blanco móvil para la puteada -diga lo que diga- me abrazo a mis ideales más que nunca. Es lo que soy, es en lo que creo, es lo que me llevó a escribir acá y a putear al gobierno, es lo que hace que cada día salga a la calle con ganas de hacer algo. Y como yo, hay muchísima gente más, en cualquier partido político y, muchos, sin afiliación ideológica. 

Tal vez no se dan cuenta que esto, precisamente, es lo que llevó a que las concentraciones del 13 de septiembre y del 8 de noviembre fueran tan populares. Algunos cuatro de copas creen que desde una red social movilizaron a la multitud. Otros, menos optimistas, sostienen que no nos une el amor, sino el espanto. A mí, en cambio, me gusta creer que no nos une el espanto, sino que nos hermanan los ideales. Porque antes que las ideologías, están siempre -y deben estar siempre- los ideales. 

Estos son mis principios. Si no les gustan, por suerte, no tengo otros. 


Espero que tengan una excelente nochevieja y que arranquen el 2013 de la mejor forma posible.

Miércoles 26 de diciembre de 2012. Los Mayas se nos cagan de risa.

jueves, 20 de diciembre de 2012

500 Relatos

"Quiero convocarlos una vez más a seguir construyendo. Destruir se destruye rápido y fácil, construir es más difícil. Pero yo les puedo asegurar que cuando uno mira un poco hacia atrás y ve lo que ha logrado la Argentina en estos años, nos damos cuenta que vale la pena, vale la pena aguantar lo que haya que aguantar para seguir ayudando a la patria y a los argentinos."

El extracto que da inicio a este texto es, obviamente, de Cris. Y no, no es ni de ayer, ni de hace una semana, sino de agosto de 2.008. Cuando arranqué con este humilde espacio, el Jefe de Gabinete era Sergio Massa, el ministerio de Economía lo ocupaba un tal Carlos Fernández, Aníbal estaba a cargo de la Federal, Gendarmería y Prefectura, Nilda Garré hacía lo que quería con las Fuerzas Armadas y el Transporte estaba en manos de luminarias como Jaime y De Vido. La Cámpora se limitaba a colocar personas disfrazadas de huevos en los actos, Néstor Kirchner se presentaba como "Primer Damo" y Schoklender era lo mejor que podía haberle pasado a Hebe de Bonafini. Kicillof no existía, Moyano no se había peleado con el gobierno, Boudou regenteaba la Anses, el Indec cumplía un año de intervención artística, el salario mínimo vital y móvil era de 1.200 pesos y Casados con Hijos ya iba por su segunda repetición.

Esa semana, Cristina llevó a Hugo Chávez al partido de Almirante Brown, para charlar entre ellos desde el micrófono sobre la felicidad de los más necesitados, la austeridad de San Martín y Bolívar, y la necesidad de que los que más tienen pongan un pedacito para los que menos tienen. Por razones obvias, los que más tienen no los incluye a ellos, pero algún beneficio tiene que haber para los que deciden qué hacer con el esfuerzo de los demás. El motivo del acto no era una inauguración, sino el anuncio de obras de cloacas, agua potable y viviendas para todo el distrito. Cinco años después, hace tan sólo un par de semanas, y gracias a una teleconferencia, la Presi apareció nuevamente en Almirante Brown. No fue para inaugurar las obras anunciadas en 2008 -de la cual se ejecutó sólo un porcentaje a lo largo de cinco años- sino para anunciar cloacas, agua potable y viviendas para el distrito.

Eran días de la gira anunciológica de Cristina, tiempos en los que aprovechaba cualquier boleada para aparecer y hablar de recaudación récord, superávit fiscal y números macroeconómicos ante tipos que no logran dimensionar la diferencia entre gobierno y Estado. Así fue que, en cuestión de semanas, aprovechó la inauguración de un hospital en Malvinas Argentinas -construído con fondos municipales, y no de la Nación- para avisar que su gobierno era el más mejor desde la creación del Virreynato, como también aprovechó la inauguración -por tercera vez- de un hospital en Ciudad Evita -cuya obra aún no tenía ni el terreno nivelado- para comunicarnos que su gestión económica era la más grosa desde la llegada de los Querandíes a las tierras bonaerenses.

Más de cuatro años después, y mientras la Presi sigue en su queja perpetua hacia quienes quieren ponerle palos en la rueda, las cosas han cambiado tanto que de aquel "mejor cuadro político de la historia" sólo quedan en sus funciones originarias De Vido, Moreno, Tomada, Randazzo y Alicia Kirchner. El resto, por reacomodamientos, candidaturas o renuncias, fue reemplazado por personas que nos hicieron extrañarlos enseguidita, lo cual no es poco.

Luego de que Néstor pasara al más allá el 27 de octubre de 2010, la Presi se reposó en los mejores consejeros que podría haber hallado en el mercado: la banda de eternos adolescentes tardíos que orbita alrededor del primogénito presidencial. Desde entonces, la brillantez de estos tipos que se presentan como jóvenes -y que se encuentran más cerca de adoptar la chata, que de ir a asaltos- no ha hecho más que demostrar que, como renovación político-administrativa, están a la altura de las circunstancias: se mandan las mismas cagadas que los viejos, pero con la fuerza y la rapidez de los jóvenes. Así, mientras Recalde Jr. demostraba sus habilidades para batir todos los récords posibles de déficit, Cris apostó un pleno a tipos como Kicillof, y hasta nos presentó como juventud al Relacionista Público, quebrador de empresas e imprentero, Boudou.

Uno supone que más que apostar al cambio, se comporta con rencor hacia todo lo que rodeara a su difunto y beatificado marido. Todo lo que tuviera que ver con el justicialismo orgánico dio alergia y empezó a valer más la palabra de tipos con menos peronismo que el Palacio Alvear y tanta calle como Belgrano después de una tormenta, que la de tipos igual de impresentables, pero al menos con algo de picardía. Y así, mientras Aimée Boudou nos explica qué significa ser peronista un 17 de Octubre, uno cae en la conclusión de que, si Cristina sigue apoyándose en estos cuatro de copas, es porque realmente cree que todo está bien y que no hace falta salir a caminar la calle para comprobarlo.

Por ello es que se enoja tanto cuando se entera de algún que otro casito -aislado, por supuesto- de inseguridad. Y es que, al abrazar la idea de que la inseguridad existe por falta de oportunidades, de educación, de trabajo y de un Estado que contenga a los pobres para que no caigan en la marginalidad, su cabecita no entiende qué es lo que falla, si todo eso fue resuelto por su gobierno. El círculo cierra perfecto. Si los causales que generaban la inseguridad están resueltos, sólo restan dos posibilidades: o el que delinque merece ser colgado del escroto en la Pirámide de Mayo, o la teoría progre aburrida de que sólo se delinque por falta de oportunidades, no funca. Existe, claro, una tercera opinión: que todos los valores que llevan a la inseguridad no han sufrido mejoría. 

Si existe una fija a lo largo de los casi diez años de kirchnerismo, es que acá se viola la ley, no por falta de oportunidades, si no para no desperdiciar ni una sola. Obviamente, con la justicia penal federal acomodada, las oportunidades ni se piensan. Quizás por ello es que Cristina, enojada, pidió que los Jueces nos defiendan. Puede ser que la exitosa abogada no haya prestado mucha atención a lo largo del 70% de su carrera y, por ello, no sepa que los jueces no defienden, sino que juzgan -incluso se puede deducir aplicando familia de palabras de tercer grado de la primaria. Sin embargo, desde este espacio, sostenemos que la sana costumbre de tener juzgados que archivan enriquecimientos escandalosos sin siquiera citar a declarar, ha generado cierta confusión en la sinapsis presidencial.

La marginalidad involuntaria, ya de por sí, es un flagelo gravísimo. Quedar al margen de la sociedad sin comerla ni beberla, no es joda. Hallar el camino para zafar, es tan difícil como encontrar un chino que no te de el vuelto en caramelos. Hay pibes que a los 16 años tienen hijos que se suman a un grupo familiar en el que el abuelo no supera los 35, y que todos ellos componen tres generaciones enteras que no han laburado ni visto laburar a sus progenitores. Y lo poco o mucho que existe hoy para paliar esta situación, es imposible de perpetuarlo en el tiempo de un modo sustentable, como en tantas otras áreas de la gloriosa gestión cristinista. ¿O acaso alguien puede creer, sinceramente, que los planes de cooperativas de trabajo y las asiganciones por hijo son una solución, y no un paliativo temporal? 

Sin embargo, Cris y los monitos de la patria contratada creen que no hay nada que arreglar y que, si existe algún defecto que sin querer se ha piantao, con seguir acelerando, alcanza. Curiosamente, la realidad ya no los golpea desde afuera, sino desde adentro: se autorizó un módico aumento para los pasajes de bondi y trén de entre el 40 y el 270%, dependiendo de si se cuenta con tarjeta Sube o no. Barato, módico y, sobre todo, escalonado. Dicho aumento no obedece a ninguna quita de subsidios, dado que los mismos aumentaron, también.

En medio de esta joda, Moyano convocó nuevamente a la Plaza de Mayo en el día de ayer. Este humilde servidor concurrió, como cada vez que se llame a moverle el bote al gobierno. No fue la misma cantidad de gente que el 8 de noviembre, pero comparar ambos eventos es algo tan irrisorio que sólo el oficialismo puede tomárselo en serio. La plaza se llenó, y quedó gente afuera. No es demasiado mérito, reconozcamos, si tenemos en cuenta que el espacio se encuentra dividido eternamente por una valla. En cambio, si ponderamos que el espectáculo no consistía en ver a Charly y Fito, sino en escuchar al Negro Moyano, el número de asistentes no está nada mal. 

En un juego bastante avivado, Moyano movilizó sólo a la Confederación de Camioneros. A su vez, se sumaron los trabajadores de curtiembres, los empleados de la Afip, una columna de las 62 Organizaciones Peronistas, varios de los que acompañan a Barrionuevo y la Juventud Sindical de Facundo. Un tercio de la plaza fue ocupado por agrupaciones de izquierda y el Partido Obrero, en un llamado a la solidaridad que culminó con la mención de Moyano a Mariano Ferreyra. Antes de ello, ya había hablado a favor de los jubilados y criticado el ninguneo a los salarios familiares de los laburantes con una frase más que provocativa: "Se jactan de ser el gobierno de los derechos humanos y no les importa que los viejos se mueran de hambre y los niños no cobren lo que les corresponde". 

Luego de denominar "robo al trabajador" al impuesto a las ganancias, acusó de alcahuetes a los que acompañan a la Presidente y recordó que en este país hay algo que se llama inflación y otra cosa que algunos revoltosos han denominado inseguridad. Para finalizar, avisó que en las legislativas no van a votar al oficialismo ni por orden judicial y saludó para las fiestas. Mientras cantábamos La Marchita de los Muchachos Peronistas, sin darme cuenta terminé abrazado a un anciano que no podía entender como esta aún de pie. Luego de suponer que, en una de esas, no me abrazaba sino que me usaba de bastón, noté que cantaba emocionado. Ahí noté su remera, en la que orgullosemente se reconocía un viejo jubilado y carancho. Y así, mientras las agrupaciones de izquierda aprovechaban que ya estaban en el centro para putear a Mauri, marchamos hacia nuestros hogares todos contentos, sobre todo los de los carritos choripaneros que nos sacudieron con quince pesitos cada sanguchito del embutido simbólico. 

Como respuesta a esta protesta, desde el oficialismo fustigaron a los manifestantes afirmando que el 19 de diciembre es una fecha infeliz para efectuar un reclamo sindical. Desde 678 recordaron que en la misma fecha, pero de 2001, el gobierno radical decretaba el Estado de Sitio. Parece joda, pero no lo es: el programa oficialista que vive de la guita de Jefatura de Gabinete, se olvidó de mencionar que aquel gobierno que decretó el Estado de Sitio, no era sólo un gobierno radical, sino que había sido conformado por una alianza que incluía a Lubertino, Garré, Zaffaroni, Sabbatella, Conti, Giorgi y al mismísimo Abal Medina. Luego, dedicaron el resto del programa a demostrar que todos lo que acompañaron a Moyano a la Plaza, hace dos años lo defenestraban. Y de este modo, mientras ellos consideran que todo se trata de un rejunte de gatos, no se dan cuenta que, si la UCR, el Partido Obrero, Proyecto Sur y la CTA terminan marchando con Moyano, es porque ya no los quiere nadie. Es tanto, pero tanto, el rechazo que tienen por el gobierno que al Negro ya lo ven albino.

Que el oficialismo afirme que en 2001 había pobreza y hoy no, no es de ciego ni de cínico, sino de una actitud tan mala leche que asusta. Después de un par de años de repunte económico más propios de un rebote cíclico que de una mente brillante, el dolor sigue siendo el mismo. Mientras algunos se ofenden por una protesta efectuada un 19 de diciembre -y tal como relatara en un texto del año pasado- habría que recordar que nada cambio, sólo nos acostumbramos.

Nos acostumbramos a que un pibe descalzo te de la mano en el subte, en pleno horario escolar, para manguearte unos centavos para comer. Nos acostumbramos a esquivar bultos humanos durmiendo en las calles del centro. Nos acostumbramos a familias enteras que adoptan por departamento las galerías de Paseo Colón. Nos acostumbramos a que revienten de un corchazo a nuestros seres queridos para sacarles lo poco que pudieron comprar con el esfuerzo del laburo. Nos acostumbramos a no saber cuánto vamos a gastar en el supermercado mañana. Nos acostumbramos a saber cuándo salimos de casa, pero no cuándo llegaremos a nuestro destino. Nos acostumbramos a relajarnos en los cortes de tránsito. Nos acostumbramos a que los funcionarios se forren en guita de la que no pueden justificar ni el primer centavo. Nos acostumbramos a que empresarios millonarios nos acusen de miserables en nombre de los pobres. Nos acostumbramos a no poder opinar sin que nos tilden de apátridas fachistoides. Nos acostumbramos a que haya trabajadores con necesidades de pobres. Nos acostumbramos a pedirle permiso al gobierno hasta para ahorrar. Nos acostumbramos a que los impuestos no vuelvan a quienes los pagan. Nos acostumbramos a la desnutrición. Nos acostumbramos a la aniquilación silenciosa de los aborígenes. Nos acostumbramos a que los jubilados tengan que pagar un abogado para ver algún mango de la que aportaron toda la vida. Nos acostumbramos. 

Nos acostumbramos a los escándalos. Nos acostumbramos a la corrupción. Nos acostumbramos a la violencia verbal de parte del gobierno. Nos acostumbramos a que mueran cincuenta y un personas en un choque ferroviario. Nos acostumbramos a la detención de veteranos de guerra. Nos acostumbramos a la represión de los que protestan hasta por un ambiente saludable. Nos acostumbramos a que nos digan con quién tenemos que marchar y con quién no, mientras ellos no tienen drama en tener funcionarios y aliados que cubren todo el espectro del procesismo, menemismo y aliancismo. Nos acostumbramos a que nos invadan la intimidad de una cena dominical con una cadena nacional. Nos acostumbramos al cinismo de Boudou, a la violencia de Moreno, a los ataques de Aníbal Fernández, al forreo permanente de Abal Medina. Nos acostumbramos a tantas cosas que ya no deberíamos temer a ningún cambio.

Hoy, once años después, hay quienes se ofenden por quienes no honran lo sucedido un 19 de diciembre de 2001. Y quizás no hay mejor homenaje que esto que hacemos, que no es otra cosa que pedir lo que ya pedíamos hace más de una década: un gobierno que no nos complique la vida.


Parroquiales

Cuando dos amigos me instaron a abrir un blog para no hartarlos con mis exposiciones, pensé que no duraría ni dos semanas. No me leía ni mi madre, los comentarios eran sólo de mis amigos y ni siquiera caía gente a insultarme. Quinientos textos, cuarenta mil comentarios, un libro en camino y dos millones de visitas después, aquí estamos despuntando el vicio. Jamás creí que llegaría a despedir el año en una joda con Gabriel Levinas, Ernesto Tenembaum y Tom Lupo, rodeado de tipos que realmente viven de esto que yo tomo como distracción. Y todo es culpa de ustedes, estimados lectores oficialistas y opositores, que pasan cada día a leer estos bodriazos y que, con el boca en boca y la magia de Internet, llevaron a que mucha gente leyera algo que comenzó siendo un divertimento para amigos.

Arrancan las fiestas. Creyentes o no, les deseo lo mejor. Pásenla lindo, tengan en cuenta que el turrón de yema de huevo y el mantecol bañado en chocolate no colaboran a sobrellevar una temperatura de treinta grados. Y no se depriman. Recuerden que a todos nos falta alguien, pero todos tenemos a alguien. 

Jueves. 500 relatos y mi vieja sigue sin saber que escribo.

viernes, 14 de diciembre de 2012

Síntoma

El individualismo de quienes dicen sentirse parte de un todo amorfo al que definen como pueblo es el que sostiene, aún, ese experimento denominado El Modelo. Un grupo de conchetos aburridos con ganas de jugar al socialismo desde la comodidad de sus hogares ve que un Presidente hace bajar un cuadro de Videla y, de la nada, aparece la justificación mágica y perpetua de lo que venga. Un adolescente tardío, probablemente resentido por haber sido el puchingball de la secundaria, se siente líder de opinión desde una red social y, desde allí, se dedica a juzgar a los vivos y a los muertos con el resultado del partido bajo el brazo. Sin mayores conocimientos que los que le dan los medios a los que repudia, exhibe como todo justificativo que su padre, eterno buscavida, en los últimos años pudo cambiar el termotanque y el machimbrado de la cocina, luego de quedar en la lona durante el menemismo. Por prudencia, evita mencionar que la mala le vino por apostar por un retiro voluntario que invirtió en un videoclub, un parripollo o una cancha de paddle. Un par de tipos pueden casarse entre sí y, por un extraño mecanismo que los antropólogos sociales aún no han podido descifrar, este hecho les bloquea la percepción de la realidad. De pronto, los pobres son hologramas callejeros. La inflación, la inseguridad y la corrupción corporativista, son los padres, al igual que los Reyes Magos, Papá Noel, el Ratón Pérez y el peronismo de izquierda. 

Suponer que las situaciones mencionadas son producto del gobierno, es un error. El kirchnerismo no es un causal, sino un síntoma de una sociedad tan, pero tan individualista, que muchos creen que por haber cambiado el Renault 9 por un Corsa 2003 con GNC, el resto del país está de puta madre. Sacar un préstamo personal para pasarla mal con la familia amontonada en el metro cuadrado de arena que se consiguió en la Bristol, es sinónimo de bonanza ecónomica. Un LED de 42 pulgadas y un home theater adquiridos en quichicientas cuotas para escuchar compilados truchos de la Princesa Karina comprados al peruano de la estación de Banfield, nos coloca al nivel de Suecia.

El individualista percibe la realidad de modo proyectivo. Todo le resbala, pero busca otros hechos que él percibe como similares a los suyos para justificar su individualismo. De este modo, así como se siente en el paraíso progresista porque ya no tiene que ratonear una lata de Coca para ver fútbol en el mini de la estación de servicio, da por sentado que somos el faro de la reivindicación de los derechos aborígenes porque un puñado de mapuches ahora tiene una señal de televisión propia, aunque a otras comunidades aborígenes las encierren en ghettos varsovianos a la espera de que la muerte solucione el hambre o, en un acto de celeridad pragmática, directamente las revienten a corchazos. 

Es lógico que ante este comportamiento caprichoso, cuando recibe un "no" por respuesta, el individualista sienta que lo están cagando y pucheree pataleando en el piso por no poder entender que alguien les niegue lo que cree que le corresponde, porque sí, porque yo quiero, porque se me antoja. No interesa que la economía nos indique que para gastar hay que tener con qué, dado que no se trata de una teoría económica, sino de una cuestión de leyes de la física. No importa que el mundo jurídico occidental nos indique que sin pruebas físicas no se puede condenar a nadie. 

En cierta medida, todos -y por todos me refiero a todos- hemos caído en el mecanismo de sinapsis de la comunicación periodística, en la cual se puede juzgar y aniquilar a una persona sólo en base a los dichos y trascendidos de otras personas y fuentes confidenciales. En general funciona y la embocan, pero cuando de eso depende la libertad de un individuo, no se puede andar con chiquitas, si no poder judicial y periodismo serían sinónimos y uno de los dos no tendría razón de ser. Y nosotros, seres pensantes, no debemos dejarnos llevar emocionalmente por lo que nos dicen respecto de tipos a los que ni siquiera conocemos, ni tampoco ningunear a quienes sí los conocen, del mismo modo que no podemos opinar sobre lo que no sabemos. Entiendo que la todología es una pasión nacional y, así como todos somos directores técnicos tan humildes que no queremos agarrar ningún equipo para no humillar a los profesionales, también somos investigadores de primera y los mejores abogados que haya conocido el mundillo del derecho. Por supuesto, y al igual que los presentadores de Telefé Noticias, somos capaces de resolver un crimen ni bien se cometió, sin siquiera saber dónde queda la escena del mismo y, obviamente, mucho antes de que los peritos forenses se hayan puesto los guantes de látex. 

Esto es otro punto más que demuestra que el kirchnerismo no es el causal de todos los problemas de la sociedad, sino un síntoma, el pus que demuestra la infección: nadie sabe más de todología que nuestra Presi, una abogada tan exitosa que no sólo ha demostrado sus conocimientos en otros ámbitos como el de la química, sino que se ha dado el lujo de reinterpretar, desde su loca cabecita, todo el ordenamiento legal que, a duras penas, ha sobrevivido agonizantemente a lo largo del tiempo. Así, sin haber leído los fundamentos de un fallo, puede opinar sobre la gravedad institucional de liberar a tipos a los que no se les pudo probar nada. Y sin siquiera sonrojarse, es capaz de reivindicar el compromiso de su gobierno para combatir la trata de personas, a pesar de que el ministerio de Seguridad de Nilda Garré no se calienta mucho por caminar los 1200 puticlubs que existen en la ciudad de Buenos Aires, esa ciudad que, según El Berninauta, es la exclusiva competencia de la Policía Federal. Desde este humilde espacio, suponemos que encontrar esas cuevitas de sexo al paso debe ser muy difícil y que los pibes que empapelan a boligoma las paradas de colectivo y los teléfonos públicos son muy huidizos como para seguirlos, como también damos por sentado que el presupuesto del ministerio de Seguridad no alcanza para pagar las llamadas telefónicas a esos números que figuran en los anuncios.

El capricho individualista asoma ante quienes, con una negativa, los despabilan del sueño onanista. Así, es tan normal que la Presi pucheree porque la Corte le dice que no, como que un pibe diga que el profesor lo bochó, pasando por alto el pequeño detalle de no saber ni el nombre de la materia a la que se presentó a rendir examen. Y así como el púber tiene la cara como para decirle al profesor que sus padres son los que le pagan el sueldo, Cris les recuerda a los miembros de la Corte Suprema que están ahí porque ella y su difunto marido así lo quisieron. Capricho en su más puro estado. Un capricho tan mentiroso que hace que la Presi, en el mismo discurso, recuerde algo que nunca pasó: que durante la campaña electoral de 2007 sufrió el ataque de Clarín.

Esta especie de individualismo lleva a creer que siempre se tiene razón y que el mundo ha vivido equivocado, siempre y cuando no coincida con el pensamiento propio. Esto lleva a esa situación tan conocida por todos: hablar en nombre del pueblo o, en su versión más barrial, lo que la gente quiere. Como si mi tía Giuseppina del barrio de Flores, y mi ahijada Bilma de la escuela de Casira (Jujuy) pensaran exactamente lo mismo respecto de todo. Como si el sentimiento de pertenencia a una nación de esa masa de personas que habitan entre Chile, Bolivia, Paraguay, Brasil, Uruguay y el Atlántico Sur se diera en base a un inconsciente colectivo único. No coincidimos ni en el acento a la hora de hablar ¿Quién puede ser tan inocente como para suponer que vamos a coincidir en qué pensar? Tenemos costumbres distintas con el vecino de al lado, pero hay quienes dicen que el nacionalismo pasa por defender una cultura única desde Santa Catalina hasta Ushuaia y hasta cuestionan la influencia en nuestra cultura de la figura de Papá Noel, por tratarse de un personaje imperialista, como si Melchor, Gaspar y Baltasar hubieran nacido en el hospital Argerich. Y eso que no hay nada más argentino que la creencia infantil en Papá Noel: asumir que algo que nunca vimos es real porque cada tanto ligamos cosas pagadas por terceros que se ven obligados a poner parte de su salario para mantener la ilusión de los inocentes beneficiarios.  

Por estos días se habla de sumarle democracia a la justicia. La Presi, incluso, llego a afirmar que la dirección de las investigaciones policiales corresponden a los jueces. No sé si lo hace de cínica o de ignorante, aunque me inclino más por lo segundo: en casi todas las provincias del país, el proceso penal se desarrolla bajo el sistema acusatorio, donde la investigación está a cargo del Ministerio Público Fiscal, cuyo titular es propuesto por el Poder Ejecutivo. 

El hecho de que una Presidente hable de democratizar el Poder Judicial ya nos coloca el rótulo de país inviable, aunque la propuesta no prospere. Para elegir a un magistrado hay todo un proceso administrativo que, ya de por sí, da la suficiente participación a quien le interese hacerlo, con períodos para presentar impugnaciones y todo. Gracias a ese sistema es que pudimos notar a tiempo que el candidatazo que presentó Cristina para ocupar la Procuración General de la Nación, era un inútil todo servicio que pareciera haberse recibido de abogado en las academias Pitman y por correo. Ahora, si por democratización se refieren a que los cargos de jueces sean cubiertos con candidatos votados por padrón electoral, deberíamos bajar la persiana por cierre definitivo y liquidar lo que nos queda. 

Entre las paradojas de este país, tenemos que presenciar que el gobierno que más habla de democracia, sea el que más decisiones trascendentes ha tomado respecto de los destinos de los ciudadanos sin consultar nada a ningún interesado. Así como no nos consultaron si queríamos que nuestra guita se patinara en una AFJP o financiara la casa de préstamos en la que se ha convertido la Anses, tampoco nos consultaron si queríamos que un payaso que se siente Mel Gibson en Arma Mortal, sea quien decide los destinos de operativos de seguridad para los que no se encuentra calificado, ni mucho menos se calentaron en saber -oficialismo y oposición- qué opinábamos respecto de ese temita de la reforma de la ley de riesgos laborales ni del voto adolescente. 

Y antes de que me tiren por la cabeza con un "para eso tenemos elecciones", les pido que me cuenten cuándo fue la última vez que conocieron la plataforma de gobierno de alguien, que no es lo mismo que puntualizar promesas pedorras e imposibles de aplicar, o que me informen cuál era el quinto nombre de la lista de diputados que colocaron en la urna en la última votación. 

Aún no entendimos el concepto de república ni el de federalismo, el de democracia nos queda gigante. Hacer una fila y meter un papel en un sobre cada dos años, no es democracia directa ni indirecta, es un trámite que reconforta nuestra fantasía de creer que por votar somos libres, del mismo modo que algunos piensan que por ver a las Madres de Plaza de Mayo junto a Pocho La Pantera en un acto de Presidencia, significa que este es el gobierno de los Derechos Humanos. Nosotros no votamos, sólo legitimamos a un grupo de personas para que hagan lo mismo que hacían aquellos a quienes no elegíamos: lo que se les canta. 

Esto no es unilateral, es a dos puntas. Un gobierno integrado por personas que creen que un resultado electoral los autoriza a pasar por arriba de votantes propios y ajenos, es el extremo de un camino que tiene por inicio a un electorado que cree que por votar está gobernando. Un gobierno que hace lo que se le canta, no es el causal de todos nuestros males, sino tan sólo un síntoma de lo que padecemos.

Viernes. La vida es eso que pasa mientras elegimos a quienes nos la van a arruinar.

lunes, 3 de diciembre de 2012

Carancheando

Si usted es un lector habitual de este pasquín ultraconservador, destitupista y golpituyente, es probable que le produzca cierta extrañeza el presente acápite, siendo que el dueño de casa suele acometer sus escritos desestabilizadores y gorilas sin introducción alguna. Bien, sucede que no soy Relato, el dueño de casa. Mi nombre es Bugman, y estoy escribiendo esto como un favor personal. 

Resulta que el autor va a ausentarse unos días y me pidió que le cuidara el chiringuito. 

Ahora bien, quienes me conocen saben que soy uno de lo más conspicuos defensores de este Modelo de Acumulación Matricial Diversionada con Socialis…no. Modelo de Diversificación Social Matrizada…caramba. Modelo de Inclusión Acumulada con Matriz Inclusiv…demonios, de este Proyecto Nacional y Popular. Entonces cuando Relato me solicitó el favor, me debatí entre los valores de la amistad (a Relato lo conozco desde que no era mucho más que un Rumor) y la militancia.

¿Comprenderían los compañeros mi dilema? ¿O me acusarían de traicionar la memoria de Él, y me arrojarían al círculo del Infierno donde ya se retuercen Cleto, Hugo, y a veces Alberto? 

La respuesta vino anoche, mientras dormía el sueño tortuoso de los abrumados por la duda. ÉL se me manifestó. Con todo y mocasines. Me miró, o al menos ejerció esa simulación de mirada tan abarcativa que solía ejercer. Y me guiñó un ojo. 

Y entonces supe que todo estará bien, que los kumpas me entenderán, y que mi lealtad no será cuestionada si les presento las palabras de Relato, palabras que por supuesto repudio incluso antes de haber leído. 

Bugman. 

¿Eh? Ah, sí, el post de Relato: 


(AFP)
A mi tampoco me cerró desde un principio. No me resultaba acabada la teoría de por qué le va mal al gobierno. Asumí que la inflación es culpa de los angurrientos comerciantes, di por sentado que la inseguridad es culpa de los medios hegemónicos que nos predisponen a que un fumapaco nos boletee a cambio de un billetín para la próxima dosis, confié en que el escandalete de Boudou se debió a una conspiración de los Templarios, acepté que los apagones energéticos obedecen a un fanático de Lapegüe, que Magnetto pagó un millón de extras para que tomen la calle el 8 de noviembre pasado, y tomé por dogma que, si hay problemas económicos, la culpa es de nosotros, que somos quienes pagamos impuestos contra nuestra voluntad. Asimilé todas esas explicaciones pero, sin embargo, me faltaba la figurita difícil para completar el álbum, la pieza que haría que mi Mecano finalmente funcionara. Para mi beneplácito, la sabiduría de la Presi me iluminó: los destinos del país también están a merced de un montón de jovatos garcas.

Todo encaja. Cris sostiene que estos viejos decrépitos no le hicieron juicio a las AFJP en la década del ´90 pero ahora se quejan porque cobran dieciocho figurines con la cara de Evita made in Ciccone. Ella no puede patear el corner y cabecear el centro al mismo tiempo: si te jubilaste en el 2008 con sesenta pirulos y estás cobrando la mínima, jodete por no haber previsto a los 48 años que un día un tipo llamado Boudou sería titular del Anses y le diría a Cristina que es una gran idea estatizar los fondos privados, incluso aquel dinerillo que aportaste de más para tener un mejor pasar en tu jubileo. Si trabajaste desde los 16, te jubilaste a los 65 y estás cobrando la mínima, jorobate por suponer que con 49 años de aportes, podrías llevar una vida decorosa y egoísta, sin pensar en que el Estado, además de morfarse más de la mitad de los salarios de toda tu vida en impuestos, también necesitaría de tus aportes.

Ahora que sabemos que los jubilados son unos caranchos por no querer ser pobres habiendo laburado toda la vida, y que los que reclamamos que se les pague lo que les corresponde somos unos socialistas que deseamos hacer caridad con la guita ajena, podemos dar por sentado que Cristina paga el Fútbol para Todos de su propio bolsillo, que la Asignación Universal por Hijo sale de lo que produce Máximo al organizar torneos de Fifa en la Play y que las obras públicas se bancan con cenas de beneficencia.

El único problema de haber resuelto la incógnita de porqué tenemos un año jodido, es que no entiendo qué hacen con los seis salarios y medio que me sacan al año en concepto de impuestos. Lo que sí me quedó clarito es que en el sistema democrático, nuestra participación se reduce a meter una papeleta en una caja de cartón de vez en cuando. Del resto, no deberíamos opinar. No tiene por qué llamar la atención, si es el gobierno que sostiene que recuperaron la discusión política, cuando lo único que vemos es un ejército de delirantes defenestrando la opinión de cualquiera que piense en contrario. Si también afirman que son los baluartes de la democracia, es lógico que la misma se reduzca a su más mínima expresión: sólo votar. 

(EFE)
En nombre de un 54% que ya no existe, la arquitecta egipcia se siente con la suficiente autoridad como para decidir sobre los destinos que la plata de terceros puede usarse para cualquier otra cosa, y hasta da por sentado que las acciones del Poder Judicial no son un mecanismo de defensa propio del sistema republicano, sino que son el instrumento de los chupasangres para saltar sobre el Estado. Y en una jugada, pasa de festejar el sorteo de viviendas a informarnos que pagar jubilaciones humanas es hacer socialismo con guita ajena. Así, de pronto, dejamos de ser unos fachos nazisionistas, para convertirnos en socialistas, con lo que el Cristinismo aún no definió cómo definirse ideológicamente para la temporada primavera-verano. Son libertarios a la hora de hablar de la despenalización de la marihuana y el matrimonio igualitario, pero se convierten en conservadores al momento de juzgar las simpatías políticas de otros; son los que militan por los derechos humanos, pero corren a los tiros a cualquiera por reclamar un cacho de tierra; son los que piensan en los pueblos originarios, pero los silencian, los ningunean y hasta los cargan en micros para que no se quejen en Buenos Aires; son los que fustigan a los que tienen un mango, pero no a los millonarios a costillas del Estado. A esta altura, un gran aporte a la comunidad sería la creación del Servicio Meteorológico Oficialista, para que podamos saber de antemano en qué vereda estarán parados esta semana, si en el Kirchnecristinismo Progrepobrerista Permisivo, en el Cristinialismo Conservacapitalista Represor, o en el Cristinoidismo Cuasibenefactor Festejante - Corriente Masomenoreformista.

Hablando seriamente -como siempre- creo que la batalla cultural hay que dejarla en stand-by hasta que cambie el viento. No tiene sentido ponerse a discutir en serio sobre los detalles de la realidad pretérita o actual. Esto va en sintonía con lo expresado en el texto anterior, cuando dije que Clarín le daba de comer al gobierno entregando material para que los tilden una y otra vez de golpistas y desestabilizadores. Ya sabemos -y no hacía falta una solicitada- que un pedido de investigación contra los funcionarios no es un golpe de Estado, pero también sabemos que no había necesidad de plantearlo ahora, cuando la batalla cultural ha determinado que Clarín es golpista. Lo mismo sucede a nivel individual. ¿Qué sentido tiene ir con la Constitución en la mano explicando porqué se tiene la razón a la hora de afirmar que este gobierno es una dictadura, cuando se requiere focalizar esas energías en construir un mecanismo de defensa cívica?  Es como cuando Lubertino intenta concientizar sobre el uso del preservativo, aún ante la inminencia de una violación: primero busquemos como evitar al violeta, después, si querés y tenés ganas, le damos para adelante con la batalla cultural por la utilización del profiláctico a la hora de enfundar la mandolina.

Una cosa es que utilicemos estos ámbitos informales y alternativos para descargar, hacer catarsis, reirnos del gobierno, putearlos y desmentir sus chamuyos pornográficos periódicos, y algo muy distinto es que nos focalicemos en demostrar que no somos golpistas, que no somos cipayos, que no somos gorilas, que no somos fascistas, que no somos ricachones, ni todo lo demás. ¿A quién, desde el oficialismo, le puede interesar nuestra defensa? A quienes apoyan al gobierno no les importa que Alicia Kirchner haya laburado en el Estado durante el Proceso, no les importa que Néstor y Cristina se convirtieran en exitosos abogados expropiadores de la mano de Martínez de Hoz; no les importa que el matrimonio presidencial halagara hasta el hartazgo a Menem; no les importa que Nilda Garré, Abal Medina, Diana Conti y Débora Giorgi hayan sido funcionarios de la Alianza; no les importa que Aníbal Fernández haya estado con todos y cada uno de los que asomaron la cabeza por encima del resto en el peronismo de las últimas décadas; no les importa que Cristina se apoye gremialmente en tipos que se dividen entre colaboracionistas del proceso y amigos del poder del menemismo; no les importa que en Formosa se corra a plomazos a los aborígenes; no les importa que en San Juan les tiren la cana a quienes se oponen a la megaminería a cielo abierto; no les importa que en Santa Cruz les pisen la cabeza a los docentes; no les importa que una patota se cargue a Mariano Ferreyra; no les importa que Cristina sea la Presidente más rica de la historia del país, a pesar de vivir del Estado desde hace tres décadas; no les importa que el border de Máximo pueda comprarse una chacrita de más de dos palos verdes -ni les importa que De Vido, eterno funcionario, también-; no les importa que Aerolíneas sea un polstergeist de dinero; no les importa tropezarse con los indigentes en la calle; no les importa ver un desfile de infantes repartiendo estampitas; no les importa lo que tenga para decir la mayoría; no les importa lo que tenga para decir la minoría; no les importa Boudou; no les importa Cornide; no les importa Jaime; no les importan cincuenta y un muertos en un ferrocarril...

Si no les importa nada de lo dicho arriba ¿Qué extraño mecanismo nos puede hacer pensar que les importará nuestra explicación de por qué no somos golpistas, egoístas o apátridas?

No todo está perdido. (Archivo Personal RDP)
El que apoya al gobierno desinteresadamente -no jodamos, no son todos pagos- está enamorado ciegamente. Y cuando nos enamoramos ciegamente, nos importa poco y nada las razones que nos den para no querer a esa mina que nos partió la cabeza, y hasta somos capaces de defenderla con uñas y dientes ante cualquier cosa que se diga de ella, así nos muestren una foto que reza "te extrañamos, cuchi" firmada por el plantel entero de Boca de 1985, con Pasucci a la cabeza. Ante esta situación, no podemos escribirles un texto lacaniano para explicar que no estamos celosos.

Mientras se publican estas líneas, Jefatura de Gabinete de la Nación acomoda las sillas para que arranque la jornada sobre "Gobierno en Red", donde con la nuestra le explicarán a quienes asistan sobre el valor de la batalla en internet, y la importancia de combatir a los comentaristas de los diarios. La opción es tuya: o seguís perdiendo el tiempo tratando de convencer al convencido, o te focalizás en buscar coincidencias y captar al que no piensa en todo como vos, pero que coincide en que no la está pasando bien. Todo lo demás, es gastar pólvora en chimangos. O en caranchos.

Lunes. Salgan a buscar al huérfano político, que el kirchnerista no tiene retorno. 


PD: Bugman, no te olvides de regarme las plantas y, por lo que más quieras, no me uses el depto de bulo. Gracias. 



Por favor, compañero Relato. Me ofende. Yo jamás he usado un “bulo”. Prefiero la expresión pied-à-terre... Modelo de Incubación Modernizada con Matriz Acumula…no…Modelo de Socialización Acumulada con Diversión Matricial…tampoco…Modelo de Tramitación Social con Inclusión Diversa…menos…Modelo Matricial Acumulado de Diversificación Inclusiva….¡Maldición!