sábado, 23 de febrero de 2013

C'est La Vie

"A cualquiera le puede pasar", dijo un tipo que charlaba, desde la comodidad de conservar su vida, sobre el incidente de Pablo García, hijo de Eduardo García Aliverti. Así, mientras me preguntaba en qué condiciones estará acostumbrado a conducir ese buen hombre, que le parece normal manejar recontra empedado con un acompañante muerto asomando por el parabrisas durante 18 kilómetros, entré a un comercio donde escuchan Continental. Para mi tranquilidad, pude apreciar a un Víctor Hugo enojado porque los medios se regodearon en el dolor de los familiares de la víctima, quienes visiblemente conmovidos, tildaban de asesino a Pablo García. Ofuscado, Morales continuó su cátedra de moral y buenas costumbres, aduciendo que hay que tener cuidado con prejuzgar antes que la justicia se expida. De paso trató de vampiros a los que aprovechaban cualquier bolazo para pegarle a Aliverti -como si hiciera falta una tragedia para putearlo- para, finalmente, aseverar que Clarín es una bosta. 

No es que uno esperara algún comentario agraviante y justo sobre el accionar del conductor -sea conocido o no- y tiene toda la lógica del mundo suponer que un amigo intentará poner paños fríos ante la desgracia familiar de alguien cercano. Sin embargo, el resto no tenemos la culpa de lo que pasó, ni mucho menos somos amigos de Aliverti como para que alguien nos meta en la cabeza que en este caso, no. Que si fuera un anónimo, sí. Que si no fuera el hijo de un amigo de nadie, podríamos hacer análisis sobre la concientización, o pedir una condena ejemplar por la conducta esgrimida por el chofer, o evaluar las posibilidades de que alguien controle que no haya tracción a sangre en una autopista. Que por ser el hijo del amigo de alguien, no, no podemos más que ser cautos, prudentes, callarnos la boca y no hablar del tema hasta que la justicia dictamine. Raro, pero los paladines de la defensa a la Ley de Medios para que haya democratización en la comunicación y no formadores de opiniones, pueden decirte, alegremente, qué pensar, cómo, cuándo, dónde y sobre quién, sin sonrojarse.

Ayer estuve en la Plaza. Anecdótico y, quizás, poco importe, pero estuve, dije presente. No fui a regodearme, no concurrí a disfrutar de cómo el dolor ajeno podría hacer mella en la imagen de Cristina. Fui, porque había que ir, porque hace un año atrás, a cincuenta y un personas -y una por nacer- les arrancaron la vida de una forma vergonzosa. Sin #7D, el movil de C5N dio el presente para demostrarnos lo que opinan sobre el acceso a la información, obligando a cualquier interesado a que tenga que verlo sí o sí en TN. El discurso fue demoledor y, obviamente, despertó cierto malestar en los militantes del hippieperonismo que se pusieron a defender al gobierno del amor señalando a los familiares de las víctimas como seres manipulados para agraviar a Cristina.

Aparentemente, hay quienes creen que alcanza con el abrazo solidario que brindó Cristina un año después de la tragedia -se ve que a El Calafate las noticias aún llegan en chasqui- y que con dar cátedra sobre lo que es perder a un ser querido, es más que suficiente. Porque como usted sabrá, estimado lector, es exactamente igual la muerte natural y previsible de una persona enferma, que saludar a una joven de 25 años que parte al trabajo y nunca volverá porque un gobierno ladri jugó a la ruleta rusa con los ferrocarriles. En definitiva, debería alcanzar con unas palabras al pasar, en un acto en una feria, con Fútbol para Todos y referencias a lo triste que fue la dictadura. Cristina les tiró con lo mejor que tiene y no les alcanza. Los tranquilizó al contarles que las Madres y Abuela de Plaza de Mayo llevan treinta y cinco años buscando justicia, y no se sienten esperanzados. Les explicó que "así es la vida" y no están conformes. ¿Qué quieren, un Estado responsable, un gobierno eficiente?

Debería ser suficiente con escuchar opiniones críticas a quienes reclaman justicia pero disfrutaron la fiesta de los ´90, dichas por tipos que hablan de transporte y nunca en la vida viajaron en el Sarmiento en hora pico. Tendría que alcanzar con el Subcomandante Randazzo al frente de la revolución de la fiesta ferroviaria. Ahora tenemos pantallas en los andenes que nos indican cuándo debería haber llegado la formación que se quedó varada en el camino ¿Qué más quieren, trenes nuevos? ¿Acaso pretenden que alguien explique en qué se gastaron los cientos de miles de millones de dólares que cobraron los administradores de los ferrocarriles?

El gobierno pone todo su empeño en arreglar las cosas, sólo que lo hace de un modo más que fiel al estilo que han sabido llevar adelante: tarde, con circo y sobreprecios en detalles tecnológicos que sólo nos pintan una imagen primermundista para disfrazar una realidad subsahariana. Si esperaban algo más, algún gesto, una política seria, una comisión investigadora, un presupuesto como la gente, un pedido de disculpas, le chingaron. Si esperaban algún tipo de gesto solidario, o al menos el silencio de los que no tienen nada bueno para decir, también.

Ahí están, a la vista de todos, en las redes sociales, en los diarios que sobreviven de la nuestra y en las radios y canales que ofician de cuevas de supervivencia de lúmpenes incapaces de poder ganarse un mango si no fuera por la teta del Estado. Un Estado, vale aclarar, más preocupado en la imagen, siempre, que en solucionar los problemas generados por el mismo Estado en su afán de querer regular hasta la forma de ahorro de sus ciudadanos. Ahí los tienen, diciendo que se solidarizan con las víctimas, pero que apoyan a Cristina, como si esto no le hubiera pasado a los laburantes que no llegaron a destino por esa mala costumbre de ir a trabajar un día de semana y en el primer vagón.

Pueden hallarlos sin mayor problema, cuidándola a Cristina frente al ataque de los medios de comunicación corporativista, que insisten en hacer negocios mostrando un acto que se llevó a cabo en la Plaza de Mayo, frente a la Casa Rosada. Porque el problema no es que se la chorearon, que no controlaron porque no les importó, que se asociaron para el saqueo con quienes debían administrar el servicio. El problema no es que un tren se estroló contra la cabecera y las cámaras mostraron la nube de óxido que salía del interior del primer vagón, porque el metal estaba tan corroído que no ofreció resistencia. El drama no es que los pasajeros viajaban hacinados, comprimidos, reventados unos con otros.

El problema es que hay quienes tienen el tupé de pedirle explicaciones a la Cristina Capitana. ¿Y a quién habría que pedirle explicaciones? ¿A Dios?

A la Presidente, desde que arrancó su gestión, le gustó remarcar que ella toma todas las decisiones. A los parásitos de sus funcionarios les encanta repetir una y otra vez que todo lo que hacen, es previamente consultado con Cristina. Y por si con todo esto no alcanzara -y por esas cosas que tiene la legislación- resulta que Cristina, además de Presidente, es la máxima responsable de su Gobierno. Pretender que nadie vincule el hecho a Cristina, tiene dos opciones, o hijaputez, o ignorancia supina del sistema gubernamental. Y más allá de todo esto, hay una cuestión que no hace al conocimiento: durante los últimos veintiocho meses tuvimos que fumarnos la lágrima de Cristina en todos y cada uno de los actos, y tras ello, las puteadas a todos y cada uno de los que nos preguntábamos para qué habla en Cadena Nacional, si no se siente bien. Incluso, se nos exigió que la apoyemos, porque sola no puede, el mismo día que se dignó a dar la cara tras el choque del Sarmiento, seis días después, y luego de afirmar que desde entonces, irían por todo. Nos explicó mil veces que ella sí sabe lo que es perder a alguien y que por eso debemos acompañarla. Sin embargo, ante la tragedia provocada por la inoperancia y delincuencia de su gestión -y la del exvivo expresidente- con un abrazo solidario y soltarle la mano a un par de funcionarios -no así a los negociados ferroviarios- debería alcanzar. 

Es demasiado lo que se aguanta, muy alto el costo que pagamos por ello. Y encima hay que ser cautos y centrados para "reconocer lo bueno que ha hecho este gobierno". Gente, les cuento que la asignación no tan universal por hijo, no la paga Cristina, la pagamos nosotros. El Fútbol Para Todos, no se mantiene que con los ahorros de familiares de la Presi, se paga con la nuestra. Las obras públicas hipersobrefacturadas y mal hechas, las inaugurará Cristina, pero se pagó con el sudor de nuestro upite. La Lotería Nacional Procrear, también sale de lo que producimos. Cristina no es la Madre Teresa bailando por las calles de Calcuta, ni se merece que se le agradezca nada, a no ser que usted pretenda que para entregarle cada recibo de sueldo como contraprestación del laburo para el que fue contratado, le realicen un acto de homenaje y agradecimiento con una multitud aplaudiendo. Pero bueno, son cosas que pasan en un país en el que todos pueden hablar de democracia, aún aquellos que no entienden el concepto. 

Supongo que los militantes serán buenos aprendices y que, la próxima vez que Cristina empiece a pucherear en un acto, aparecerá una pancarta que diga "Así es la vida". 

Sábado. No les puede salir tan, pero tan barato. 

martes, 19 de febrero de 2013

Edén Cristinista

A veces me pregunto cuál es la falencia emocional que padecieron en la infancia algunos de los referentes del peronismo que son abusados sexualmente una y otra vez por la Casa Rosada. Que a Daniel Scioli o a su tocayo Peralta les guste decir que son parte del modelo, sólo es comparable con el pibe al que tomaban de punto en el colegio y, mientras lo fajaban, escupían y pisaban sus carpetas, rogaba a sus abusivos compañeros por amor y aceptación. Es cierto que cada vez que el gobernador bonaerense o su par santacruceño manifiestan su pertenencia a El Modelo resultan menos creíbles que la declaración jurada de Amado Boudou, pero cuesta entender cómo es que siguen rogando pertenencia, si la imagen los acompaña y lo único que sus votantes no les creen es su oficialismo verticalista.

Esta última semana, Cristina lo dejó bien en claro una vez más: el único oficialismo que vale es el de tercera línea para abajo. Los gobernadores amigos con aspiraciones son tratados con la misma vara con la que miden a los abiertamente opositores, dado que no fue posible aplicar en las elecciones la misma técnica utilizada para conformar los ministerios y eso de darle más poder a los viceministros que a los propios titulares de las carteras, fracasó después del Proyecto Mariotto. Los intendentes, sujetos capaces de disfrazarse de Teletubbies y animar la fiestita de cumpleaños de Máximo con tal de no perder un mísero pesito, son bienvenidos, siempre y cuando no tengan una imagen positiva que trascienda los kilómetros cuadrados de sus principados.

Increíblemente, el Kirchnerismo Cristinista Conservador Reformista, es eficiente para enfrentar a los que dicen que son propios y no con los opositores, a quienes combate con un infantilismo que causaría gracia si no fuera tan, pero tan básico, elemental y ausente de criterio: mientras a Scioli lo ahogan con el cuentagotas de la coparticipación y a Peralta le pusieron un camporita hasta en el kiosco de la esquina de la gobernación, a Bonfatti lo acusan de narcosocialista y a Macri le pegan por talar árboles en una avenida que tiene más cemento que las canteras de Loma Negra.

Lo que importa en esto no es la crítica a las políticas ajenas, sino quién lo hace y desde dónde. No es igual a la costumbre de preguntar a quién voto uno antes de escucharlo quejarse de algo. Esto es una cuestión de realizadores contra realizadores. Además de la economía, si hay un puñado de cosas sobre las que el oficialismo no debería emitir ni una sola opinión, es sobre seguridad, transporte, medio ambiente y respeto a la vida. Doy por sentado que un par de decenas de árboles en la 9 de Julio no frenarán ni empeorarán el recalentamiento global, más allá de la repercusión visual en el paisaje de la céntrica avenida. Y si bien Mauri tiene serias falencias en lo que atañe a la gestión básica de una ciudad -en mi barrio ubicamos a las montañas de basura en Google Earth- que Cristina se saque una foto saludando a los árboles de El Calafate, para luego twittearla como anuncio de la creación de un anfiteatro en un bosque del que no se taló ni un sólo árbol por respeto a la vida, es como mucho. Por si fuera poco, encima hay que aguantarse que personas tan impresentables como Espinoza -intendente de La Matanza- opine que habría que construír más subtes en la Ciudad de Buenos Aires, mientras la mitad del territorio del afroconurbano que él administra, concurre a los hospitales de la Ciudad de Buenos Aires, dado que en La Matanza podrían ingresar a la guardia con un resfriado y salir con peste amarilla ante el calamitoso estado de su salud pública.

Y así, mientras algunos piensan que habría sido una buena idea poner un anfiteatro que respete la vida en la estación de Once antes del 22 de febrero de 2012, el resto del país se encuentra representado en esa foto, tratando de crecer sin poder movernos y esperando que Cristina nos toque para garantizarnos la subsistencia. 

Con Cristina de fiesta en fiesta -dos cumpleaños, el velorio de la suegra, etcétera- su gabinete continuó en sus labores como siempre, en el fino equilibrio de mantener la iniciativa sin perder el ridículo. Boudou fue a darle clases de peronismo a los peronistas bonaerenses, creyendo que con kirchnerearse hasta los sobresitos de azúcar de las reuniones, alcanza para el carnet de afiliado. Sileoni, por su parte, se sentó con los gremios docentes a explicarles que la paritaria abierta, este año viene con innovaciones que la convierten en una no tan paritaria y no tan abierta, moda que pinta ser tendencia esta temporada otoño/invierno en todos los rubros laborales.

Timerman, por su parte, dividió sus horas entre defender lo indefendible, babear en público ante cada pregunta, y secar el micrófono cada vez que Aníbal Fernández, Daniel Filmus o su asesora le salvaban las papas. Ofuscado porque nadie entendía el planteo -y porque él no entendía las chicanas- tuvo que hacer algo que pocas veces se vió en el kirchnerismo: simplificar las palabras y decir la posta. Así, cuando le dijeron que no se podía crear una comisión especial para juzgar, afirmó que no se piensa juzgar a nadie. De este modo siguió todo hasta que se hartó de las críticas por ese temita de negociar con acusados, y terminó pidiendo que no lo jodan más, que probablemente no se interrogue a nadie, y que el memorando tiene menos valor que un pagaré firmado por Schoklender. Finalmente, Timerman se retiró contento por el deber cumplido, con la certeza de que probablemente no pueda volver a pisar ni su propia comunidad sin que lo miren de coté, pero con esa frente inacabable en alto, dado que padecerá el desprecio de gran parte de su propia colectividad, pero al menos cuenta con la felicitación del único nazi morochón que haya visto la humanidad, Luis D'Elía. 

Sólo al cristinismo se le puede ocurrir que podría funcionar un acuerdo entre un Canciller judío y una Presidente mujer por un lado, y un régimen teocrático, antisemita, negacionista y misógino por la otra parte. Pero lo hicieron. Y lo hicieron con la misma cara de nada con la que Randazzo asegura que la revolución ferroviaria está en marcha. A juzgar por los resultado inmediatos, la revolución es con todas las letras y el plan consiste en entrenar a los pasajeros en técnicas de supervivencia selvática y guerrilla urbana para poder trasladarse con mediana seguridad en los trenes de la Patria. 

Y todavía hay que agradecerles por veinte kilómetros de vías y un puñado de formaciones nuevas. Diez años con una canilla de subsidios abierta y un sistema ferroviario cayéndose a pedazos y no tuvieron siquiera el gesto de no quejarse de la pesada herencia recibida. Pesada herencia, vale aclarar, recibida del ministerio de al lado. Hoy, con cincuenta y un muertos encima, un par de choques mortales, y varios descarrilamientos acumulados, notaron que había que invertir en infraestructura. Nadie sabe dónde están los miles de millones de dólares gastados durante diez años, pero la inversión para reparar la falta de control del Estado, la hace el Estado. Es el mismo Estado, también, que dice que no es realista aumentar la tarifa del subte, pero pone nueve pesos por cada pasaje de tren vendido para mantener la ficción de que en Argentina no hay aumento de costos. 

En otro orden de cosas, la CGT Balcarce sostiene que hay inflación y que la economía está estancada. Si bien no se realizaron otro tipo de declaraciones, desde la sede itinerante de la central obrera oficialista, manifestaron que evalúan emitir un comunicado informando que no corresponde pagar sueldos con Lecops y Patacones, que no confían en el Plan Brady y que, de seguir así la mano, no descartan adherir a la movilización de Saúl Ubaldini el próximo 30 de marzo de 1982 a la Plaza de Mayo. 

Puedo entender el apoyo romanticón a El Modelo -de qué otra forma se puede apoyar algo tan metafórico como un modelo, una maqueta de lo que debería llevarse a cabo- pero no creo que, a esta altura del partido, exista otro tipo de apoyo desinteresado que no sea mero romanticismo por lo que se cree que fue alguna vez, y no por la certeza que se tiene de lo que es ahora. Es el cholulismo de querer sentirse parte de algo por alguna vez. Es una sensación que baja a la realidad enseguidita cuando se debe pagar un alquiler y mantener una familia, o cuando los más veteranos recuerdan lo que es irse de vacaciones un mes entero, o se preguntan por qué deben mantener a los padres, si laburaron toda la vida. Por ello es que los únicos que son capaces de dar la vida por El Modelo, son los que viven medianamente bien de él. Al resto, lo reconozcan o no, los mueve sólo la Fe y la nostalgia de lo que pudo ser y no pasó. Es el amor a la primera novia, a la que prefieren no verla para conservar ese perfume adolescente, y no encontrársela con la misma cintura que el Ecuador y padeciendo la condena de la ley de la gravedad. Si no se ve, no envejeció, no se volvió una mujer adulta con problemas. Está ahí, inerte en el tiempo, jóven, bella y perfecta, como El Modelo en mayo de 2003.



Martes. Así y todo, puede ser el año de Cristina. No cualquiera celebra su cumpleaños velando a la suegra.

miércoles, 6 de febrero de 2013

Sueño de un Escrache de Verano

Cristina arrancó la semana con ganas de que la escuchen y se mandó dos monólogos en dos días, para el delirio de la monada y la tranquilidad de quienes viven de lo que dice la Presi. El lunes estuvo un buen rato defendiendo la gestión de Insfrán para luego anunciar otra gloriosa obra fundamental para los trenes de la Patria. Como cada vez que algún funcionario del gobierno opina sobre ellos, los trenes festejaron el anuncio rompiéndose. La Presi, con una clara intención de educar al soberano, le pidió a los usuarios que cuiden los trenes, dado que los que viajan son ellos, como si no lo supieran cada vez que tienen que elegir entre dejar pasar cinco formaciones y llegar tarde, o subirse por la ventanilla, ponerle candado a los bolsillos, calzarse un cinturón de castidad y rezar tres Rosarios para llegar con vida, medianamente enteros y con el totó en condiciones a la estación terminal. Si encima llegan a horario, el día está salvado.

En ese sentido, afirmó que los que se quejan del servicio ferroviario, deberían hacer una introspección, interpelarse a sí mismos y preguntarse por qué dañan un servicio que usan. Obviamente, la culpa no es de los miles de millones dilapidados por el Estado en subsidios sin control, ni de los trenes reventados, ni de la falta de respuestos, ni de los coches oxidados, ni de los frenos ausentes, ni de las vías deformadas, ni de las locomotoras de la época de la Gomina Brancatto, ni de la inexistencia de personal de seguridad, ni de los pasos a nivel en zonas urbanas en pleno siglo XXI, ni de la carencia de control para evitar que se suba cualquiera sin boleto. La culpa es nuestra. Casi un año después, y la culpa sigue siendo de los boludos que se amontonan en el primer vagón. 

Propio de quien construye un Estado tan gigante que no ve lo que pasa abajo, la Presi sostiene que el que le hace un daño al ferrocarril, le hace un daño a los trabajadores y estudiantes que lo usan. Se quejó y mostró fotos de trenes y estaciones pintarrajeadas, como si las manchas de pintura impidieran que una formación pueda frenar al llegar a la estación. De las pintadas de La Cámpora en las escuelas, no habló. De la ciudad convertida en una maqueta de papel maché cada vez que Albistur quiere quedar bien, tampoco. 

Luego de contarnos que Floppy Randazzo tuvo que celebrar un convenio con las compañías telefónicas para poner en marcha una aplicación que en un par de horas puede desarrollar un adolescente en la compu de su hogar, la Presi anunció que después de diez años se dio cuenta que el ferrocarril Belgrano Cargas no andaba bien. 

Otra cosa que para la Presi no anda bien es la Justicia. Utilizó un conflicto de Defensa del Consumidor con el sistema bancario como excusa para quejarse porque la Justicia no hace nada contra quienes se enriquecen ilegítimamente. Rápida de reflejo, agregó que se refiere a los privados que enriquecen, y por si no quedaba claro, agregó que está cansada de que los jueces sean rápidos en entorpecer las labores de los funcionarios acusándolos de detalles tan boludos como forrarse en guita con la nuestra. 

A continuación, dio por cerrado el tema y puso en duda las estadísticas oficiales de Estados Unidos antes de anunciar una nueva estadística en materia de desempleo elaborada por el Indec. Y para remarcar aún más la credibilidad de estas cifras, afirmó que si sacamos de la ecuación a la Ciudad de Buenos Aires y su conurbano bonaerense -o sea, al 40% de la población de Argentina- la desocupación es de tan sólo el 5,8%.

Ayer, para ser un poco más realista, decidió hablar directamente en el Teatro Gran Rex. La mayoría del monólogo lo dedicó a tirar uno tras otro datos estadísticos que demuestran lo bien que está la educación, citando ejemplos como que un trabajador universitario que en 2003 cobraba 270 pesos, hoy cobra 2.800 -con un modesto 185% de inflación acumulada y una bonita devaluación del 290%- o que en la actualidad sólo hay 55 mil chicos de entre 5 y 13 años que nunca fueron al colegio, o alguna vez lo hicieron y luego dejaron de asistir. También dijo que habría que buscar a esos chicos para saber por qué dejaron de ir al colegio. Si bien desconozco cuál será la metodología para ubicarlos, y dando un voto de abuso de Fe a la veracidad de esas cifras, desde aquí les propongo que los busquen en los trenes, en los subtes, en los bondis, en los bares, en los semáforos de las avenidas y en todos esos lugares que no suelen frecuentar. En una de esas, cuando el pibe deje de aspirar pegamento, de pedir una moneda en las mesas, de manguear una chirolas luego de hacer malabares con bollos de papeles y cinta adhesiva, de vender estampitas, o de pedir que le compren un alfajor en el kiosco más cercano, podrán preguntarle cuál es el motivo por el cuál no quieren sumarse a la revolución educativa de El Modelo. En realidad, habría sido una buena idea preguntarle previo a afirmar que antes los pibes iban al colegio a comer, y ahora van a estudiar, aunque doy por sentado que encontrar a estos chicos es difícil, dado que se camuflan tan bien que el ministro de Economía no los puede ver durmiendo en las galerías del ministerio, ni Cristina los ubica desde la ventana de su despacho en Balcarce 50. 

Al momento de explicar el trabajo infantil, la Presi tiró al tacho la preciosa y bien decorada estadística que decía que sólo el 6% del país se encuentra desocupado, al recordarnos que se considera empleado a quien le dedique al menos una hora a la semana a la producción de un bien o servicio de carácter económico. Y ya que hablaba del trabajo, Cris nos explicó cómo tenemos que criar a nuestros hijos con el ejemplo del laburo, dado que un chico que crece en una familia que trabaja, aprende el valor de las obligaciones y los deberes. Ella, que es madre de un retoño de 35 añitos que algún día se jubilará como trabajador del rubro "Hijos de Presidentes Millonarios y Afines" y una niña que, con sus infantes 22 primaveras, aún es una virgen laboral, la tiene clara en eso de incentivar el esfuerzo con el ejemplo.

Cómo la realidad cotidiana a veces requiere de la opinión de la Jefa de Estado, la Presi se metió de lleno con el Jardín Maternal Tribilín -ex Goofy- en el que se denunció una serie de maltratos por parte de las docentes hacia los niños que allí concurrían. En un acto de cordura encandiladora y sabiduría pacifista, la Presi trajo paz a los damnificados al festejar que esas situaciones también pasen en zonas de gente blanquita, para que se termine con la estigmatización de que esas son cosas de negros, una frase que queda muy linda viniendo de la misma persona que le pidió un poquito más de clase a un puñado de golpistas promoción 2010, recordándoles que estaban en Harvard, y no en La Matanza.

A quien le hubiera gustado tener una frase así bajo la galera es a Axel Kicillof que, como ya todos sabemos, vivió en carne propia eso de la comunicación directa ciudadano-gobierno que tanto pregona la Presi. Muchos se ofendieron, otros se indignaron, y otros tantos se preocuparon porque nadie pensó en los chicos. Si bien entiendo que es todo un avance que la juventud cuarentona del cristinismo ahora viaje por medios de línea y ya no usen los Boeing de Aerolíneas para llevar a los amigos a Uruguay, todavía me pregunto qué esperaban que pasara cuando un grupo de personas con un poder adquisitivo aceptable se cruza con un representante de un gobierno que fustiga permanentemente a quienes tienen mucho menos de lo que los funcionarios sólo declaran. Y esta pregunta me es extensiva a todos los que dicen sufrir al gobierno pero tildaron de fascismo que un grupo de personas sólo le grite "ladrón" y "corrupto" a un funcionario nacional. En serio ¿Qué esperaban? ¿Acaso había que aplaudir al viceministro de Economía por la inflación del 25,6% de 2012? ¿Había que felicitarlo en masa por la destrucción del poder adquisitivo de cualquier laburante? ¿Había que corear el nombre en agradecimiento por el déficit titánico de Aerolíneas? ¿Tenían que pedirle que les autografíe las tetas para tener un recuerdo de quien probablemente sea el que más ganaba en toda esa tripulación? 

Una de las cosas en las que más ha tenido efectividad el kirchnerismo ha sido en el contagio de la inocencia. Así como el gobierno descalifica al que protesta y le quiere enseñar a cómo manifestarse, han conseguido que cualquiera se solidarice con un tipo que es una de las caras visibles de ese mismo gobierno y llamen escrache a una reacción de bronca no violenta. El 8 de noviembre hubo un millón de personas puteando a todos los funcionarios del gobierno, y en el barrio la llamamos manifestación. Y por si alguno no se dio cuenta, manifestarse es poner de manifiesto una opinión. Doy por sentado que aquel día, nadie se habría atrevido a decir "pobre los hijos o nietos de los funcionarios", que difícilmente hayan pasado la jornada sin enterarse que en la calle había bronca, como también doy por sentado que nadie piensa en la madre del arbitro Lunatti cada vez que 40 mil sujetos se unen para mandarlo a visitar su entrepierna cada fin de semana. Del mismo modo, tengo toda la seguridad de que nadie se detuvo a pensar cómo afectaría la psiquis de las hijas de Lanata el hecho de ver que, con los impuestos del padre, empapelaron la ciudad para verduguearlo, y ni tampoco supusieron qué pasaría por la cabeza de la familia del martillero al que Cristina le dedicó medio discurso por cometer el terrible error de dar su opinión.

La corrección política muchas veces disfraza una postura de guardia moral. Eso de no estar de acuerdo con quienes silban al impresentable de Boudou o a quienes incomodan el placentero viaje de Kicillof, es respetable. Ahora, juzgar y tildar de fascistas a quienes sí lo hacen, es un poquito como mucho, a no ser que también pretendan que los que tienen ganas de boludear a Kicillof formen un partido, ganen una elección y se dediquen a escrachar por cadena nacional, con nombre, apellido y legajo de Afip.

Güednesdei. Peor que comerte un escrache es comerte un escracho.