miércoles, 20 de marzo de 2013

Nac & Pope

Hay que reconocer que estos tiempos son más divertidos de lo que suponíamos que serían a principios de año. Desde el oficialismo tuvieron que aceptar que Chávez ya no podrá ayudarnos, al menos no hasta que resuelva un contratiempo que mantiene con la naturaleza. Y como si con eso no alcanzara, ahora tienen que soportar la insoportable realidad de contar con un Papa argentino y fumarse una nueva primavera católica en el país.

Algunos, como Luis D´Elía, abrieron el paragüas y afirmaron que Francisco podría serruchar el poder de los presidentes pretendidamente de izquierda de Latinoamérica. El temor tiene una razón lógica: si Juan Pablo II hizo lo que tuvo a su alcance para borrar del mapa a la Unión Soviética, a estos cuatro de copas sin otro poder que el de la oratoria, los limpian con una visita del Papa. Obviamente, este temor es impulsado por el mismo sector santoprogresista, que cree que a alguien le puede interesar ensayos antropológicos sociales sobre la necesidad de prohibir el vocablo "pobre" para favorecer la integración social, sobre qué quiere decir el rostro del juez norteamericano Griesa, o sobre las ganas de empomarse a la Presi que tienen los que la odian.

Que cualquiera pueda opinar sobre cualquier cosa es un derecho consagrado y no hay necesidad de ponerlo en duda. Precisamente por esto es que hay que aguantarse que Alex Freyre -el tipo que forma parte del primer matrimonio homosexual de la Argentina- opine sobre derecho canónico, que Lubertino exija un Concilio Vaticano III, y que la hermana rubia de Pappo, María Rachid, califique a Bergoglio de homófobo y genocida, convirtiéndolo en el primer genocida que no mató a nadie y que da misa con sus víctimas.

La bajada de línea no tardó en llegar ante la reacción del kirchnerismo peronista, quienes se encolumnaron tras Bergoglio de un modo sutil: empapelaron la ciudad de Buenos Aires y hasta Mariotto cruzó a la impresentable de Cynthia García en 678, recordándole que la base del peronismo está más cercana de la Doctrina Social de la Iglesia, que del último libro de José Pablo Feinmann. El arribo de una encuesta y la consulta a un par de funcionarios hizo el resto: Cristina se dio cuenta que no queda bien darle consejos al Papa, y le pidió a Timerman que consiguiera cuanto antes una audiencia con Francisco. El Canciller quedó exhausto: aún no terminaba de leer el Corán, que ya le enchufaron una Biblia. Así y todo, Timerman llamó al embajador ante el Vaticano para concertar una cita. Fue fácil encontrarlo, dado que estaba haciendo avioncitos con los panfletos anti Bergoglio que había repartido un par de días antes.

La situación descolocó al ala santoprogresista del kirchnerismo, esos que aún no lograron dimensionar que, si hoy tienen micrófono y cámara, no se debe a que los voten, sino a que les hicieron un lugar en el gobierno o en alguna lista sábana. Verbitsky quedó hablando solito, y en la tapa de Página/12 pusieron que a Bergoglio lo festejaron los genocidas, mientras Cristina ya estaba preparando la valija para ir a reunirse con el Papa y Floppy Randazzo preguntaba dónde quedaba el bunker electoral de Bergoglio, que tenía que ir a sacarse una foto. Y así, mientras Abal Medina, entre informes de inteligencia, festejaba que Bergoglio reconociera que "lo importante son los servicios", la muchachada progre, la del eterno 1,2% del padrón electoral, la de la lucha constante contra todo lo que sea costumbre en una sociedad, se quedaba atónita, preguntando si en el Vaticano hay una sede del Inadi.

Caso aparte merece Horacio González, que el sábado, en la reunión de Carta Abierta, se puso nervioso, afirmó que Bergoglio tiene una actitud demagoga, que no se lo imagina tomando el subte en Roma -como si lo necesitara para cruzar la Plaza- que la actitud de Mariotto emparenta al vicegobernador bonaerense con Mauricio Macri, y que el flamante Papa representa a la derecha peronista de los setenta, como si eso fuera un insulto. Así y todo, afirmó que habría que debatir el rol del Vaticano y la Iglesia Católica en la realidad social contemporánea. Desde este humilde lugar, considero que hay cosas que no se discuten. No, al menos, desde las condiciones en las que quieren discutirlas. Podemos debatir la higiene capilar de Horacio González, o si José Pablo Feinmann necesita una mastectomía o un corpiño, pero no todo hay que debatirlo. Puedo entender que la vida ya les resulta bastante chota, si lo más entretenido que tienen para hacer un sábado es juntarse a analizar porqué la gente no los entiende, pero no todo se debate. Menos cuando la conclusión está resuleta de antemano y el debate consiste en una ronda masturbatoria oral. La tolerancia por lo que piensa el otro, no es necesaria analizarla, ni debatirla: se acepta. 

Quizás haya que aclarar algo: el hecho de tener un Papa argentino no obliga -repito, no obliga- a convertirse al catolicismo. Algo tan sencillo que debería relajarlos -a nadie se le ocurre en pleno siglo XXI discutir sobre la enseñanza religiosa en la educación pública- los saca de quicio. Realmente se han creído el delirio progre y pensaron que un país en el que la gente vive pendiente de cómo progresar económicamente a pesar del Estado, el orden de prioridades pasa por cuestiones igualitaristas que llevan al exterminio del individuo pensante en pos de un pensamiento único. Por eso colapsan y terminan corriendo en círculos, golpeándose la cabeza, exigiendo cambios en una institución religiosa que debería tenerlos sin cuidado ¿O acaso no se definen como transgresores, anticlericales, ateos y modernos?

Sin embargo, debo reconocer que la reacción del kirchnerismo me ha hecho respetar más al santoprogresista. Siempre sospeché que el militante promedio era bastante manejable, pero vi que dejaron de putear al Papa para pasar a convertirse en la legión de monaguillos en tan sólo un puñado de horas, noté que había subestimado el poder de adaptación al entorno que detentan. Ya los vimos pasar de la exigencia a Herrera de Noble para que devuelva los nietos, a no pedir nada; de armar un #7D, a quedarse en el molde; de no chistar con las cenas de Magnetto en Olivos, a afirmar que Clarín miente. Vimos a Víctor Hugo Morales enojado con el manejo de la prensa del Gobierno, y también lo vimos ofuscado con los que critican el manejo de la prensa del Gobierno. Vimos a Tognetti cuando trabajaba en Canal 13 y también lo vimos cuando acusaba a la corpo en Canal 9. Vimos los programas opositores de Gvirtz en América y el canal del solcito, y también los vimos siendo recalcitrantemente oficialistas en los medios afines. Vimos que los pibes aplaudían las clases de peronismo de un vicepresidente liberal, exmilitante de la UPAU, egresado del CEMA y más gorila que el Almirante Rojas. Vimos a Néstor abrazado a Menem, Cavallo y Manzano. Vimos cuando Abal Medina acusaba a la Alianza de ser el caos, a Lubertino cuando se reía del radicalismo, y a Aníbal Fernández en el momento en que defenestraba a Duhalde. Vimos a la muchachada cuando cantaba contra la burocracia sindical y colaboracionista de Moyano y Venegas, mientras atrás tenían a Gerardo Martínez y Viviani arreglando con Cristina. 

Vimos demasiadas cosas que, cada vez que fueron señaladas, han sido justificadas, explicadas y, cuando no, desmentidas. Lo que nunca habíamos visto es que pasaran de definir el peronismo del gobierno en base a tener a la Iglesia como uno de sus enemigos, a que consideraran a Bergoglio como lo mejor que nos pudo haber pasado, y todo en unas horas. Rompe cualquier análisis posible. Poco importa recordarles que en tiempos del primer peronismo, la Iglesia argentina estaba encabezada por el Cardenal Copello, quien era más peronista que la motoneta del General, que el enfrentamiento con el resto del clero llegaba a extremos tales como que se alentara a la población a votar por una fuerza política opositora y que, en los tiempos que corren, el enfrentamiento con Bergoglio se debió a que el actual Papa cometió el tremendo abuso de señalar que sí, que hay pobreza. 

Ahora la historia es otra. Bergoglio dejó de ser un facho de Guardia de Hierro con fotos truchadas con Videla y, probablemente, le encuentren alguna imagen portando un fusil en Sierra Maestra. Tanto han torcido la historia que, de pronto, recordar que el peronismo ha sido siempre profundamente católico, se estrola de frente con el delirio de considerar que una fuerza política creada por un militar nacionalista, es progresista, presuntamente de izquierda, y el único camino posible hacia una socialdemocracia moderna. No había necesidad de tanta conversión. Puedo entender la alegría en ateos hinchas de San Lorenzo, que ante la realidad de tener más Papas que copas intercontinentales, han visto esta situación como la única chance de aparecer en la prensa internacional, pero desde el punto de vista kirchnerista, no hay justificativo que pueda explicar tamaña vuelta carnero en el aire. 

En este preciso instante, aparecen numerosos análisis sobre cuál sería la injerencia política de Bergoglio en la realidad cotidiana argentina. Incluso, algunos han llegado a afirmar que el flamante Papa no se meterá en la política, dado que se limitará a hablar de pobreza, trata de personas, drogas y otras cosas de las que, la política, renunció a hacerse cargo hace décadas. 

Muchos dicen que el hecho de ver a Cristina corriendo para pedir disculpas es una muestra de conciliación, y otros arriesgan que si Kirchner viviera, haría lo mismo. Nadie sabe qué habría hecho Néstor si no hubiera tenido el percance de morir, pero algo me dice que, en vez de ceder en su capricho, hoy estaríamos reformando la Biblia, deportando curas y convirtiendo las iglesias en cooperativas. 

Mercoledí. En las trincheras no hay ateos. 

jueves, 14 de marzo de 2013

Cuestión de Fe

Con los papeles de Chávez en orden, finalmente dejaron que pasara a la eternidad. Habrían querido hacer la sucesión en vida, pero no fue nada que no pudiera resolverse con un poco de misterio y el precioso timing de Nicolás Maduro. Entiendo que no creyeran que fuera a palmar, si se atendió en un país con una medicina tan de avanzada que los médicos ni siquiera piden dinero y se conforman con un frasco de champú y otro de crema enjuague. La minimizaron, se les fue de la mano, no midieron que la mortalidad del cáncer no se puede frenar por decreto. Si al menos hubieran tenido la viveza de traerlo al comandante a hacerse atender en el hospital del Opus Dei, quizás otra sería la historia. 

El tema es que creyeron que el socialismo conservador progrecapitalista de amigos es muy bueno para el diagnóstico. El cáncer no es para presidentes, que son tipos sanos, activos, aeróbicos y, sobre todo, superhumanos, incapaces de padecer enfermedades mundanas. Por eso a Chávez le inocularon un cáncer y Néstor se murió de tanta pasión que llevaba dentro. No palmó  por llevar tres décadas de Criadores, Particulares 30 y el cerdo afrodisíaco que le enchufaba Cristina, sino que pasó a la eternidad por amor a nosotros. 

Esa capacidad que tienen los revolucionarios del Yatch Club para llevar a cabo la lucha, la aplican en todo y, como corresponde, atrasan todo lo posible. La diabetes, de pronto, dejó de ser una enfermedad para combatir desde la medicina, para convertirse en un ícono burgués. Así, mágicamente, la Presi sostuvo que la gente tiene problemas para procesar la glucosa porque son ricachones sedentarios. Cris podría haberle preguntado previamente a Julio De Vido -diabético estrella de la gestión- qué opinaba sobre estos temas, pero el Ministro de Planificación estaba ocupado en otros menesteres, como frenar la acusación de coimero por parte de la minería brasileña Vale y ver cómo hacía para conformar a medio millar de desempleados con un plan cooperativa, un decodificador de televisión digital, o entradas para Tecnópolis.  

Mientras esperamos que nos confirmen que el Sida es una enfermedad de putos y aguardamos el resultado de la Comisión por la Verdad creada para saber los alcances del Mal de Ojo, ya podríamos asegurar que la tuberculosis y la desnutrición no son enfermedades bien de pobres, sino conductas golpistas llevadas a cabo por cipayos vendepatrias que son capaces de comer tierra con tal de no sumarse al modelo nacional y popular de crecimiento con inclusión social e impresión de billetes. Hay que ser de mente amplia, dado que podríamos encontrar que el Trastorno Narcisista de la Personalidad provoca que un individuo sobreactúe su propia valoración, deseando el aplauso del mundo para poder contrarrestar una inexistente autoestima, y no por ello vamos a decir que a nuestra Excelentísima Señora Presidente de todos y todas los argentinos y argentinas, se le escaparon todos los titulares, los suplentes, el cuerpo técnico, el utilero, el masajista y el aguatero. Es todo una cuestión de perspectiva: a algunos les exigen un apto psicofísico para manejar un camión y a otros no les piden ni el calendario de vacunación para manejar los destinos de un país. 

Así, entre tanto ejercicio no convencional de la medicina, a la Presi se le pasó la tarde hablando de las dietas y costumbres de los indígenas, para luego afirmar que inaugurará el salón Pueblos Originarios, en el que nos explicarán "esas cosas que no nos contaron, porque para colonizar hay que convencer al colonizado de que no sirve para nada". Es bueno saber que tendemos una Presidente descendiente de pueblos originarios con apellidos de origen alemán, español y croata, y que en homenaje a nuestros ancestros desaparecidos, contaremos con un salón que los homenajee. De última, si no funca, puede servir de refugio para los escasos Qom que quedan con vida. 

Fueron muchos días de silencio y Cristina quiso recuperar el tiempo perdido. Para el día de ayer tenía planeada una aparición en Tecnópolis y, como mucha bola no le daban, ordenó al lacayo que negrea haciéndolo twittear hasta los sábados por la tarde, para que se ponga a tirar gansadas sobre la Televisión Digital Terrestre y otras cosas que importaban mucho, mientras el resto estábamos pendientes -por convicción religiosa, por masoquismo o, tan sólo, por mera curiosidad- de quién era el nuevo Papa. Y si había algo que le faltaba a Cristina en estas semanas de congelamiento de precios, carencia de divisas y puebladas, era que el nuevo Papa sea argentino.

No hubo tiempo de armar un plan de Megaviviendas en los galpones que dejaron abandonados los de la minera brasileña, y De Vido no puso mucha voluntad, aún herido porque Cristina lo tildó de diabético, gordo, ricachón y sedentario. Así fue que el discurso se centró en lo que ya había: dos gasoductos, una antena de televisión, una cámara para hortalizas y un puñado de subsidios para Neuquén. Por si fuera poco, nos contó que en Pehuajó se inauguró un barrio llamado Hugo Chávez Frías. Mientras algunos distraídos se preguntaban si habría que pagar peaje al entrar por la calle Kirchner al barrio Chávez, la Presi hablaba de lo importante que es ganarse el pan con el esfuerzo del trabajo, sin que nadie te regale nada. Y lo hacía con la autoridad que le dan sus millones de dólares ganados con el sudor de las ejecuciones hipotecarias, refregando conceptos de esfuerzo igual a progreso a un auditorio en el que el 100% vive directa o indirectamente de la dádiva del Estado.

Como no podía ser menos, la Arquitecta Egipcia, Exitosa Abogada, Capitana de los Siete Mares y Hada Madrina de los Gnomos de la Patagonia, nos sorprendió nuevamente al hablar de pobreza y misión pastoral, como si fuera Santa Clara de Asís, pero sin haber dejado los lujos ni haber salido a caminar por los barrios marginales. De este modo, dirigiéndose al flamante Papa Francisco -al cual ninguneó, boludeó y dejó plantado mil veces- dijo que este gobierno siempre optó por los que menos tienen, y eso es lo que sus presuntos enemigos -incluyamos al Papa- no le perdonan. Toda una declaración de bienvenida.

Los silbidos de la monada no se hicieron esperar y la réplica de los mismos llegó a las redes sociales, donde se difundió una foto en la que un supuesto Bergoglio le daba la comunión a Jorge Rafael Videla. Llegué a pensar que El Curioso Caso de Benjamin Button se inspiró en el nuevo Papa, dado que está más joven ahora, con 76 años, que a los 38, cuando habría sido tomada esa foto. Luego de caer en que, en realidad, el de la foto era el Capellán Militar de aquel entonces, arribé a la conclusión de que los talibanes kirchneristas tienen disociado el concepto tiempo-espacio y que, probablemente, sea real que crean que la dictadura terminó en 2003.

En lo personal, me siento extraño ante la novedad eclesiástica. Como toda persona, tengo mis contradicciones y, sin embargo, nunca abandoné mis creencias. Hice la primaria en un colegio de la Compañía de Jesús y la secundaria en una institución lasallana, por lo que recibí una educación católica bastante laica en comparación al resto. Desde chico, las labores de catecismo no pasaban por aprender el cancionero, sino que pisábamos el barro, recorríamos villas, atendíamos comedores comunitarios y, cuando nos dio el cuero, marchamos a la frontera más olvidada del país, no a evangelizar, sino a llevar alimentos, juguetes y nuestro tiempo para compartir. 

Mis contradicciones son personales, no de Fe. Estoy a favor del matrimonio homosexual y, además, soy divorciado. Soy consciente de las complicaciones que esto último me acarrearía si fuera una persona que practica sus creencias entre cuatro paredes, haciendo flexiones de piernas en cada misa. Sin embargo, me la banco sin rencores. Habiendo hecho esta aclaración, prosigo: pensé que la Iglesia ya no tenía nada con qué sorprenderme, hasta la tarde de ayer. 

Todos los que putean a Bergoglio sin saber quién es, deberían llamarse a silencio antes de demostrar que ven sus vidas en base a la cartelera pastoral del Gobierno, publicada en Página/12, Tiempo Argentino, Revista Veintitrés, y demás medios de la pluralidad de voces. Nadie en la historia del catolicismo llegó tan alto habiendo realizado su carrera en la calle, entre la gente, viajando en transporte público, pateando las villas, y molestando al propio poder eclesiástico con sus declaraciones, llegando a llamar hipócritas a quienes negaban el bautismo a hijos extramatrimoniales y de padres solteros. Y en este lado del mundo, no hubo nadie con poder eclesiástico que le diera tanta bola a la labor con los pobres, no sólo en evangelización, sino en contención social. Los datos con los que Bergoglio contó siempre, no los proporcionaba el Indec, sino la Vicaría que él mismo creó y de la cual se nutrieron las oficinas públicas para llevar a cabo las primeras tareas de contención de la pobreza. 

Obviamente, molesta. Que un Peronista de Guardia de Hierro venga a contarle las costillas a los Peronistas de Puerto Madero, molesta y mucho. Que lo haga desde la autoridad de poder hablar de los pobres, porque los conoce y no porque los ve en los actos aplaudiendo, molesta. Que pueda hablar de austeridad porque vivió sin lujos, mientras otros hablan de miseria desde un hotel cinco estrellas que aún nadie pudo justificar, jode. 

El anticlericalismo es mayormente urbano. En el interior de las provincias, la gente tiene cosas más importantes para preocuparse que por la Inquisición de hace un par de siglos, o por la pasión pederasta de varios sacerdotes. Al ateo intelectualizado, lo respeto y mucho. Hay que tener coraje para llevar una vida con la certeza de que nada nos espera después. De lo único que estoy convencido es que nadie vive sin dioses. Algunos tienen Fe en un ser superior y desconocido, otros en su intelecto, otros tantos en lo que hacen, pero todos se rigen por los parámetros impuestos por su educación, experiencia y formación de vida. 

Cada uno tiene sus motivos -más que valederos y respetables, la mayoría de ellos- para desconfiar de la conducción eclesiástica. Lo que me hace mear de risa es el fundamentalista religioso antireligión. Es el inquisidor de nuestros tiempos, el que sería capaz de batirte ante el tribunal por el sólo hecho de creer en algo distinto a lo que él cree. No dista mucho del fanático kirchnerista, talibán fundamentalista que desprecia a la Iglesia por misógina y conservadora, mientras defiende un pacto con una teocracia islámica. Son iguales que las viejas chupacirios que salen de la Iglesia al mediodía mandando a laburar a la mina que les pide una moneda, y putean al que se opone al testamento de Néstor, a las escrituras de Santa Cristina de Tolosa y a la obra evangelizadora de los apóstoles camporistas, financiados por el diezmo compulsivo de los que creen y de los que no. Así andan por la vida llamando gorilas a simples laburantes y cipayos a los que no creen en su doctrina, la cual ya ni cuestionan, dado que ello llevaría a no poder justificar muchas cosas. En cambio, aceptarla como un dogma, relaja y mucho. Cualquier cosa se justifica en la medida de que Cristina dice que así lo dijo Él. 

Creen en la farsa política más grande que pueda haber, pero desprecian por farsa la creencia religiosa de miles de millones, exigiéndole al Papa lo que no le exigen a su propia Papisa: austeridad antes de hablar de pobreza. Ahí tienen un Papa austero. Lo que vaya a hacer de ahora en más, nadie lo sabe, pero no por eso vamos a negarle a buena parte de la humanidad la esperanza de creer en un cambio. Todo se reduce a una cuestión de Fe, como llegar a fin de mes o soñar con la casa propia sin esperar a heredarla. Y es que en los últimos diez años vimos más cambios en el Vaticano que en la Rosada, lo cual no es poco.


Jueves. Tenemos un Papa Peronista de Perón. Si el Pocho nos viera...

lunes, 4 de marzo de 2013

Como todos los años de democracia, el 1° de marzo se lleva a cabo el acto de inicio de las sesiones ordinarias de las cámaras legislativas de la Patria. Y como todos los años, desde hace cinco, el acto está a cargo de Cristina, quien para no romper la costumbre rockstar, llegó una hora y media más tarde de lo pactado al helipuerto de la Rosada, para luego dirigirse en tutú hasta el Congreso. Dicen que pudo haber notado las familias que duermen en la calle en todo el trayecto, pero por suerte, la convocatoria de la militancia impidió que la Presi notara la presencia de esos cipayos que se niegan a sumarse a El Modelo.

El clima no podía ser mejor, y al Congreso concurrió lo mejor de nuestra sociedad, desde la coach Andrea del Boca, hasta Federico Luppi, que tuvo que lidiar con las féminas de alrededor que se cubrían la cara cada vez que el actorazo movía las manos. No todos tenemos la suerte de la suegra de Máximo, y pasar a mejor vida durante el discurso de la Presi. El resto, tuvimos que fumarnos tres horas con cuarenta y cinco minutos de terapia televisada, en la que Cristina no dijo otra cosa que no haya dicho en su discurso anterior, y el anterior, y el anterior. Sin embargo, en la búsqueda de un nuevo récord, no sólo habló de las extraordinarias -y creíbles- estadísticas de los últimos diez años, sino que accedió a contarnos lo mal que la pasó cuando quiso combatir la desidia de la década del ´90, del terrible flagelo de contar con organismos de la justicia aún no hayan sido cooptados por el Ejecutivo, y hasta comparó políticas de su gobierno con otras de 1982. Si bien estimamos que próximamente nos recordará del plan privatista de Juárez Celman, por lo pronto, debemos agradecer que se limitara sólo a contarnos lo bueno y lo malo con todas las letras. Lo bueno es cristinista, lo malo, es antipatria.

La justicia es un reviente hace tiempo. Un lugar en el que uno puede estar cuatro años reclamando un régimen de visitas sin que pase nada, no es un sitio que me genere demasiada simpatía. Nótese lo triste que será el nivel que quien escribe formó parte del Poder Judicial. El fuero penal federal es un supermercado de tranza en el que cada juzgado es una góndola. Hay para todos los gustos y esto incluye hasta a la Sala I de la Cámara de Apelaciones, amistosamente llamada Salita Rosada. Durante cinco años de kirchnecristinismo, Oyarbide estuvo a cargo de tres juzgados -el suyo, más la subrogancia de otros dos- por lo cual contaba con un 40% de salir sorteado en una causa que jodiera al gobierno. El otro 60%, lo solucionaba el bolillero. Un buen día, al gobierno se le ocurrió que sería un poco más transparente aprovechar la fiesta de los juzgados vacantes, donde los fallos son firmados por tipos que nunca aprobaron un examen para el cargo, y ocupar los sillones vacíos con jueces piolas, gomías o propios. Tan bien resultó, que hasta un flamante Juez Federal se presentó ante su personal aclarando que es militante Nacional y Popular, para luego nutrirse de algún que otro empleado curtido en las oficinas de Alak.

La justicia ya es oficialista. Siempre lo fue. Con este, y con todos los gobiernos. El tema es que son tan, pero tan impresentables, que los mamarrachos de los jueces a veces no pueden mirar para otro lado, de lo obvio y burdo que resulta el asunto. Obviamente, no da para generalizar, y puedo dar fe que hay magistrados que son más que probos y honestos. Sin embargo, es notable cómo la ausencia de un "sí", puede exacerbar el ánimo de la Presi a tal punto que termina negreando a su asesor para que se ponga a tuitear un sábado a la tardecita, puteando al cipayo que se le ocurrió hacer su laburo, o sea, interpretar la ley.

Al gobierno, como el típico gordito del barrio que sólo jugaba porque era dueño de la pelota, le choca cuando le ponen una regla. Y como no se puede llevar el balón al domicilio, es capaz de pincharlo o colgarlo, antes de aceptar que no, que no se puede cobrar un penal si el que le agarró con la mano es el arquero. La justicia, en sí, ya es un desastre. Y es un desastre, en una inmensa medida, gracias al gobierno. Un responsable lo suficientemente importante como para que intente solucionar un problema que, precisamente, no es un problema para ellos, si no para nosotros, ciudadanos de a pie. 

Entre las curiosidades de la jornada, destacó el anunció en las redes sociales de una nueva convocatoria a una protesta el #18A, que suponemos corresponde al mes de Abril y no al de Agosto. Nadie sabe el por qué de la fecha, ni quién la propuso, pero convengamos que no es algo que importe demasiado a la hora de reunir gente con ganas de putear al gobierno. Lamentablemente, esta vez hubo algo que llamó poderosamente mi atención: un afiche digital con cadenas rotas y la frase "ahora el pueblo va por todo". Me resultó extraño, quizás porque no veía los componentes pueblo, cadenas y vamos por todo desde que dejé de tomar mate con los del Partido Obrero. 

Puedo entender la bronca, de verdad que puedo, dado que, a grandes rasgos, comparto muchísimos de los motivos. Ahora, tal como comentara hace un par de meses -está el archivo por ahí- existen ciertos modismos, conceptos, que no tienen que ver con la correcta comunicación, sino con principios más básicos de coherencia. Del mismo modo que sostengo que no se puede marginar al que pensó distinto que nosotros antes, y ahora se encuentra huérfano de referente político, también creo -y recontra creo- que no es factible utilizar como herramientas los mismos elementos que padecemos. Esto va más allá de cualquier tipo de ideología, creencia o lo que corno fuera. Si estuvimos un año y pico carajeando a Cristina por haber dicho "ahora vamos por todo", si pasamos trescientos setenta días furiosos porque el concepto es una amenaza más que un anuncio, no puedo permitirme la bajeza de hacer exactamente lo mismo. 

Esto no es una guerra, porque eso implicaría que haya dos partes con intereses de igual magnitud y contrapuestos. Y acá hay un sector que quiere continuar en el ejercicio de la mala praxis administrativa disfrazada de épica militante, con monitos que creen que están liberando Argel cada vez que cantan en un acto de Cristina, y una inmensa masa con intereses individuales, problemas tan diversos como exclusivos, ideologías múltiples e historias personales tan distintas como propias. En base a esto, desconozco a cuántos más les habrá resultado chocante un "vamos por todo" de parte del gobierno, pero doy por sentado que fueron varios. Ahora ¿A quién le puede parecer una buena idea decir que no, que no lo vamos a permitir, porque los que vamos por todo somos nosotros? Porque una cosa es decir basta, con esto no se puede joder, y otra, muy distinta, es afirmar que no, que los que deberían ir por todo son otros.

La costumbre de espantar manifestantes puede apreciarse tanto en las redes sociales, como en la cola del supermercado. Generalmente, va a asociada a comentarios tan violentos que hace que uno llegue a aseverar que la diferencia con el oficialismo realmente es una cuestión ideológica, y no una diferencia entre un modo honesto y respetuoso de comportarse, y otro en el que el choreo y la falta de respeto permanente es una constante. 

Ya tenemos bastante con los soldados -a los contratos- de Cristina, que arengan a pasar por arriba de todo el que piense distinto, con tal de tener una patria para todos y todas los que aman a la Presi. No creo que haga falta una contraparte con igual nivel de argumentación como para poder hacer frente a algo tan patético como lo es el Gobierno Nacional. Porque son eso, patéticos. Son tan básicos que sólo hay que dejarlos hablar para que todos lo noten, y porque no es necesaria otra cosa que movilizarse en masa para que la Presi huya de la Capital a inaugurar una chomba en la fábrica de Lacoste de San Juan, o a tomarse un tecito en su refugio del sur. 

Amo las protestas y no necesito demasiado empuje para sumarme a ninguna. Pero creo que en esto le pifiaron. Y si, encima, a la primera sugerencia de mejorar -por no decir, tirar a la basura- el eslogan, van a tildarnos de hacerle el juego al kirchnerismo, pueden dar por sentado que le están chingando, y feo. Porque muchos de los que estamos sueltos por ahí, somos peronistas y nos rebelamos a la conducción partidaria, como para que pretendan verticalismo obediente hacia una supuesta dirigencia y un grupo de vedetongas que no han hecho otra cosa que pavonearse diciendo "yo ayudé en la movilización", desde el poder que les da tener un par de miles de seguidores comprados en Twitter. Para vedetismo y delirios de grandeza, ya tenemos al gobierno al que puteamos, no necesitamos más. 

El 22 de febrero hubo un acto en la Plaza de Mayo. Y en toda la historia del kirchnerismo, no existió un acto de protesta más justificado que ese. No ha habido mayor prueba de la desidia del Gobierno que la muerte de cincuenta y un personas, una por nacer, y las lesiones de otras ochocientas. Estaban todas las condiciones dadas para que esa protesta demostrara la solidaridad de los ciudadanos hacia quienes han perdido lo único que no se puede recuperar ni por decreto: la vida. Tuvimos la oportunidad, y se nos pasó. Y eso que el eslogan estaba piola y reclamaba algo concreto y puntual: Justicia. No reclamaban ir por todo, pedían nada más ni nada menos que Justicia. La convocatoria, para decirlo con todas las letras, fue pedorra. Pedorrísima frente a lo que pasó. Una falta de respeto de la ciudadanía a la propia ciudadanía, demostrando que, puede indignarnos que la gente se muera yendo a laburar, pero que a la hora de manifestar nuestro apoyo, en una de esas, necesitamos algo más que un buen motivo. 

Así estamos, en el camino de la imitación de lo que más nos revienta del kirchnerismo. Arrancamos por la caza ideológica del que creemos que es culpable sólo por omisión de lo que el kirchnerismo ha hecho con el peronismo. Como esto no alcanzó, le sumamos el tribunal popular de rendición de cuentas electorales a los que votaron por el kirchnerismo, pero hoy no se sienten representados. Ahora, directamente, "el pueblo va por todo". Linda alternativa, constructiva, inclusiva y bien distinta, sobre todo.

No creo que tenga que ser así, me niego a creer que esto deba ser así. Pero está pasando. Mientras algunos utilizan los ratos libres que pertenecen a sus familias en salir a la calle a realizar pintadas en contra del gobierno, o a escribir, o a juntar voluntades en común, otros creen se van emborrachando de poder de a poquito, por el delirio que les genera creer que esa masa de gente disconforme, les pertenece. Mientras tanto, todos esos argumentos que esgrimimos para afirmar que una manifestación no es golpista por el sólo hecho de que a la misma concurra la Pando, o que ese millón de personas no respondían a ningún interés político definido, se va lentamente al inodoro, cuando un grupo pequeñito pretende jugar a la alta política y, por si fuera poco, levanta ese tipo de consignas, con el que pareciera demostrarse que lo que molestó de la frase de Cristina no fue su contenido, sino, tan sólo, que lo haya dicho ella.

Y entre todo esto, uno ve como el clima de crispación de la sociedad llega a niveles de intolerancia en la que todos somos sospechosos, fachos o cómplices de vaya a saber uno quién. Sinceramente, da la sensación de estar caminando encima de un polvorín en el que todos van fumando. 

Espero tengan suerte, aunque en este caso, la suerte sería que adopten una mentalidad superadora, y no un reflejo compulso de lo que el gobierno nos tira por la cabeza a diario.


Lunes. "Miro alrededor, heridas que vienen, sospechas que van y aquí estoy, pensando en el alma que piensa y por pensar no es alma."